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El campamento había llegado a su fin, afortunadamente cuando se dirigió al médico no tenía nada por lo cual preocuparse, solo debía guardar reposo por tres semanas, ya que su cuerpo había reaccionado escandalosamente.

Nada raro en él.

Aunque debía dejar de jugar por casi un mes, se sentía feliz, quizás se debía a que, a pesar de que literalmente se habían estado devorando en el gimnasio, Kenma no le estaba evadiendo. Claramente la vergüenza invadía el cuerpo de ambos cuando se miraban, pero era imposible que eso no pasara, es decir, eran el KuroKen.

Kuroo suspiró cuando Kenma le pidió su teléfono al sentarse a su lado en el bus, pero antes de pasarle el aparato, saco de una bolsa un pie de manzana que había comprado en la tienda que a el rubio le gustara; si era posible enamorarse mas del pelinegro, Kenma lo habría hecho.

Kuro siempre tenía el vicio de complacerle inconscientemente.

Era un viaje un poco largo hasta Tokyo— aproximadamente 6h— y se sentía somnoliento por los medicamentos antiinflamatorios y analgésicos que había tomado hacía menos de una hora, por lo que sin darle explicación alguna a Kenma y aprovechando que se encontraban en la parte trasera del bus— compuesta por cuatro asientos—, se recostó sobre la piernas del rubio cerrando los ojos para descansar.

Kenma lo dejó ser y siguió con lo suyo, pegando un brinco cuando la fría mano del Capitán se coló entre su camiseta apoyándose contra su pálida y calentita piel. Kuro parecía estar un poco... ¿Drogado? No sabía cómo lo describiría en ese entonces: se reía entre sueños, haciendo comentarios con su nombre y hasta metió la cara de lleno debajo de la prenda del menor. Empero este no le apartaba, mayormente por miedo a lastimarle y porque cuando lo iba a hacer, Juro se hallaba dormido profundamente.

Se concentró en el juego que proyectaba la pantalla del celular del mayor, sin embargo había un pequeño problemita que no le dejaba en paz completamente y eso era la respiración de Kuroo contra su piel, le ponía ansioso, tenía ganas de vomitar incluso, estaba nervioso ¿Tendría un ataque de pánico?

"Entrenador, a Kenma le dio un ataque de pánico porque Kuroo estaba con medio cuerpo entre sus prendas". Podía imaginar a Lev diciendo eso y a Yaku detrás riéndose como el demonio que era— por supuesto, Kenna nunca le diría eso a su Senpai, mientras estuvieran en secundaria.

Quizá escucharía la voz de Torá llamándole cerdo...

Y es que en realidad si era un puerco del inframundo, no lo negaría, en ese momento lo único que pensaba era en hacer las 50 sombras con Kuroo ¡Y Tetsurō estaba dormido! ¿Porque su marraneria le jugaba malas? ¿Qué había hecho para hacerla enojar?

Siempre la consintió pensando en cómo Kuroo le devoraba de cabeza a pies, pero ahora parecía no ser suficiente, incluso a veces no le dejaba dormir y le ponía ansioso como ahora.

Sacó la cabeza de su amigo de la infancia de la camiseta y le arropó el cuerpo con la chaqueta; era momento de cuidar a Kuroo, era por ello que había decidido matarse haciendo ejercicio, porque quería que recapacitara o tuviese un buen recuerdo de él y del voléibol.

¿Por qué hablaba cómo si ese era el fin de su relación?

¿Lo era?

¡Debía de dejar de pensar así!

Su madre había criado a un fatalista sin querer, porque la mujer era la persona más vivaz y positiva— después de Hinata— que conocía.

Maldijo durante las cinco horas que duró el viaje, donde no pudo jugar porque la batería del celular del pelinegro se había agotado y él no tenía data para descargar un juego en el suyo, aquello le llevó a hacer una sola cosa: pensar.

ʀᴀᴍÉ |ᴋᴜʀᴏᴋᴇɴ|~ •ʜᴀɪᴋʏᴜᴜ!•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora