Cap 33

132 24 18
                                        

-Lucy...Heartfilia....

-tu sangre... ¡nos regresara a nuestras compañeras!

Inuyasha se lanzó de inmediato al ataque pero pose mi palma abierta lanzando su cuerpo contra la pared no tan fuerte como para lastimarlo pero lo suficiente para poder tenerme segura.

-para empezar: ni mi sangre ni la de ninguna sacerdotisa es capaz de algo como eso. Los cuerpos que vieron son producto de un hechizo de bruja. No son las originales.

-imposible.

El albino se levanto con facilidad, sin querer había hecho que una roca afilada le raspara la mejilla y un pequeño hile sangre descendió por sus labios los cuales se entreabrieron para dejar que su lengua tomara la gota sanguínea.

-¿Por qué una Miko...?

-porque Lisanna no eta trabajando sola.

Sin temor alguno me acerque a Zeref quien estaba transformado en un lobo gigante de pelaje negro y ojos color rojo fuego, apenas vio que me acercaba a su herida me gruño enseñando los colmillos mas eso no me detuvo.

-si no atiendo tu herida, se pudrirá.

-una Miko solo me toca para lastimarme.

Alce una ceja y hable sin callarme lo que pensaba.

-¿Mavis te lastimo?

Aquello hizo que él se quedara callado. Del interior de mis ropas saque el cuchillo de cortar las ramas y empecé a cortar alrededor del pelaje, la piel que se estaba pudriendo. Inuyasha veía pensativo lo que hacía para luego mirar por donde supuestamente se había alejado Kagome.

-mmm...ahora que lo pienso...el olor de Kagome...me resultaba raro, extraño.

-eso es porque no eran ellas. Los huesos son de monstruos y youkais que murieron deseando revivir para tomar venganza hacia ustedes.

Los ojos azules inyectados en sangre del hanyou se depositaron en mí con curiosidad; mientras tanto yo dejaba la piel con gusanos en el suelo y me dedique a realizar un ungüento con las hojas que había traído expresamente para ello.

-huesos y barros...seguramente una maldita bruja tiene que ver en esto.

-te equivocas. No es una bruja la que le otorgo esos conocimientos.

Como un cachorro curioso se acercó a oler el ungüento que había hecho, los colmillos que sobresalían de sus labios estaban algo ensangrentados pero supuse que era por la herida que le había hecho.

-huele horrible. ¿Qué mierda es eso?

Una sonrisa traidora abarco mis labios al escucharlo gruñir.

-me sorprende que olvidaras este olor...Kagome siempre lo hacía cuando volvías del trabajo con alguna herida.

-Kagome...

Su mirada divago hacia el rincón por donde había aparecido ese cuerpo de barro, termine de untar en la herida abierta y coloque hojas de menta grande para poder cubrir la herida y refrescarla. A pesar de que trate de hacerlo lo más suave posible, Zeref soltó un grito de dolor por lo que me disculpé.

-por favor, aguanta. Aún no he terminado.

Pose mis palmas sin importar lo frio que se sentía en las hojas y comencé a sacar mi poder curativo, me concentre lo suficiente, cerré mis ojos comenzando a observar la herida. Poco a poco iba desinfectándola y uniendo los pedazos más difíciles. Luego de un rato pude juntarlos y dejar que su naturaleza hiciera lo propio.

-ahora sí. Pueden dormir tranquilamente ya que nadie se acercara a la cueva.

-debemos matarte...

Mi querida caperucitaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora