Capítulo 2

76 10 0
                                        

Varios años antes...

—Dios mío... ¡estás loca! —Oigo a Ethan tras la verja mientras me preparo para saltar desde la ventana del salón.

No hay ningún peligro. Da al jardín y no tengo ni que saltar. Con estirar las piernas ya toco la hierba. El verdadero peligro es que mis padres me pillen.

Conocí a Ethan hace ya un año. Hoy es nuestro aniversario y tenemos que celebrarlo. Aunque nuestra relación la mantenemos en secreto. Únicamente lo saben nuestros amigos.

Ethan y yo nos conocimos durante las fiestas del pueblo. Había salido con mis amigas y fuimos a la única discoteca que hay. Él me tiró los cubatas que llevaba sobre mi vestido gris. No dejaba de disculparse y comenzó a secarme con unas servilletas. Al ver que estaba tocando más de lo que debía, siguió disculpándose y yo, en vez de enfadarme, rompí a reír. A la semana siguiente nos encontramos en el mercadillo que ponen los viernes y ahí, me pidió la primera cita. Y tras esa, llegaron muchas más.

Se lo presenté a mis padres y, aunque al principio parecían aceptarlo, después me soltaron un discurso en el que me decían que no podía salir con él. Que debía centrarme en mi carrera de Medicina y sobre todo, no salir con un chico que jamás sería nada, puesto que la carrera de Filología Hispánica no tenía demasiadas salidas. Ellos querían para mí alguien mejor. Hablé de esto con Ethan. Por supuesto, a él no le hizo ninguna gracia, pero ambos estuvimos de acuerdo en fingir una ruptura y seguir juntos en secreto. Y así llevamos seis meses. Pero somos felices y cada día nos amamos más. Además, el que yo estudie fuera y solo regrese por fiestas y algunos fines de semana, hace que nuestra relación secreta sea más segura.

En estos seis meses, mis padres han insistido en que empezara una relación con un compañero de carrera que también es del pueblo: Carlos. Es un buen muchacho, pero mi corazón ya tiene dueño. Muchas veces cena en nuestra casa junto con sus padres. Odio esas cenas y esa noche, hemos tenido una más. Es lo que tienen las fiestas; la gran mayoría de la gente dispone de tiempo libre y puede hacer planes, pero nadie estropearía los míos. Pasar aquella noche celebrando mi aniversario con el amor de mi vida y también, mi primer amor.

Abro la puerta de la verja con cuidado de no hacer demasiado ruido para que mis padres no me oigan y cuando salgo, Ethan entrelaza sus dedos con los míos. Me guía hasta un lugar apartado donde nos besamos con pasión. Me alza y abrazo su cintura con mis piernas, feliz de estar con él. Nos vemos muy pocas veces, debido en gran parte a mi carrera, pero siempre que lo hacemos, aprovechamos el tiempo al máximo.

—Me encantaría hacer algo especial hoy, pero no podemos exponernos. En este pueblo no existen los secretos. —Me baja, pero no me suelta y yo le sonrió—. Aunque me alegro de que podamos pasar parte de este día juntos.

—Y a mí. —Rodeo con mis brazos su cuello—. Es mejor que vayamos yendo a tu casa. No estamos seguros en ningún lado.

Ethan y yo nos llevamos cuatro años. Se graduó el año pasado y ha conseguido un puesto como profesor de lengua en el instituto del pueblo. Y no solo eso, sino que ha alquilado un pequeño piso cerca mi casa. Sin ir más lejos, en el portal que hay al doblar la esquina.

Corremos hacia él y una vez a salvo dentro de su hogar, nos besamos con pasión. Siento como Ethan pasa uno de sus fuertes brazos por debajo de mis rodillas y me alza. Sonrío sobre su boca y me abrazo a su cuello mientras camina conmigo hasta llegar a su habitación. Abro la boca al verla solo alumbrada por velas en forma de corazón. El blanco edredón está cubierto por pétalos de rosa de varios colores y me sorprendo al ver las almohadas que hay. También son blancas, pero cada una tiene nuestros nombres bordados.

—Algún día, esas almohadas estarán en el dormitorio de nuestro hogar.

— ¡Son preciosas! —Le miro feliz—. Estoy segura de ello y siempre que las miremos, recordaremos este día. —Le beso enamorada—. Te quiero.

—Y yo a ti. —Me declara antes de tumbarme sobre el cómodo colchón dónde comenzamos a besarnos con anhelo.

Siento como Ethan mete sus grandes manos bajo mi vestido y lo sube hasta quitármelo por la cabeza quedando desnuda a excepción de unas pequeñas braguitas de encaje que llevo. Con aquel vestido no puedo llevar sujetador. Además, sabía que Ethan y yo no podíamos celebrar nuestro aniversario como otras parejas, por lo que debemos darnos prisa. Mis padres podrían despertarse y ver que no estoy.

Me contempla como si fuera una diosa antes de volver a entrelazar sus labios con los míos. Me encanta como me besa y sentir el amor que nos profesamos en cada uno de nuestros besos. Le quito la camiseta que lleva y acaricio su fuerte pecho antes de ascender mis manos hasta enredar mis dedos en su oscura cabellera. Miro sus ojos verdes llenos de pasión y me alzo para darle un ligero mordisco en su barbilla antes de besarle el cuello al tiempo que mis manos van a sus vaqueros para soltar el botón y deshacerme de ellos junto con su ropa interior.

Siento su sexo acariciar el mío por encima de la ropa. No tenemos demasiado tiempo y ambos lo sabemos. A los dos nos gustaría disfrutar más de nuestros cuerpos, pero es peligroso arriesgarse a alargar este deseado acto.

Jadeo cuando sus manos atrapan la tira de mi ropa interior y las desliza por mis piernas hasta dejarlas a un lado junto con el resto de la ropa. Tras colocarse la protección, se adentra en mí con suavidad mientras nos miramos a los ojos. Me muerdo el labio inferior y gimo ante cada una de sus embestidas. Ethan hunde su rostro en mi cuello para ahogar en él gemidos de placer y yo lo hago en su oído. Sé que le encanta escucharme. El éxtasis no tarda en llegar y nos dejamos llevar por esta maravillosa sensación.

—Te amo, Ciara. —Me susurra sobre mis labios—. No sabes cuánto y te prometo que llegará un día en el que no tengamos que escondernos.

—Lo sé. —Le miro—. Un día, mis padres te aceptarán. Verán que eres un buen hombre. Y si no es así... ¡me da igual! Porque no pienso renunciar a una vida junto a ti.

—Yo tampoco. Y superaremos todos los baches que nos encontremos.

Una última vezDonde viven las historias. Descúbrelo ahora