Capítulo 4

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Varios años antes...

—¡¡Jamás me separarás de él!! —Grito a mi padre entre lágrimas.

—¡¡Ciara, a mí no me levantes la voz!! —Me señala y grita con voz dura.

—Germán, Ciara, por favor... —Intenta mediar mi madre.

—No te metas, Rebeca.

Pero no la escucho. Nuestro secreto se ha descubierto. Odio este pueblo. Odio que la gente no respete nada y tenga que irse de la lengua. Pero también odio tener que esconder que estoy enamorada de Ethan. Y el que ahora todo el mundo sepa que la hija del doctor Berenguer ha desafiado a sus padres para luchar por el amor de su vida, solo hace que mi fuerza aumente. No pienso renunciar a él y ahora ninguno de los dos nos esconderemos. Y si es necesario, nos iremos juntos lejos de este odioso pueblo.

— ¡Ese chico no te conviene, ya te lo dije! —Mi padre continúa dañándome con sus palabras—. ¡No tenéis ningún maldito futuro! Él solo te quiere para un rato. Y lo más probable es que mientras esté contigo, también esté con otra. ¡U otras!

—¡¡Eso es mentira!! —Digo llena de rabia—. ¡¡Nos queremos!! ¡¿Por qué no puedes respetarlo?!

—Porque quiero que mi hija salga con alguien de nuestro nivel.

— ¿Alguien como Carlos, por ejemplo? —Pongo mis brazos en forma de jarra.

— ¡Sí! Compartís la pasión de la medicina y es de buena familia.

— ¿Qué pasa? Que porque a Ethan le haya criado solo su madre, ¿ya es de mala familia? ¡¡Ni siquiera hiciste el esfuerzo de conocerle!!

—¡¡Se acabó, Ciara!! No vas a volver a verle y punto.

—¡¡Tengo veinte años!! No puedes prohibirme nada. ¡Te odio!

Y tras esas crueles palabras, salgo por la puerta de mi casa mientras escucho los gritos de mi padre obligándome a volver. Pero no le hago caso. Él no conoce a Ethan como lo hago yo. Me da rabia y me duele que mis padres me digan a quién debo amar en pleno siglo XXI, pero así es. No pienso renunciar al hombre del que estoy enamorada porque ellos no lo acepten. ¡Ni siquiera le conocen! No se esforzaron en hacerlo cuando en aquella cena en la que los presenté, Ethan se comportó como un joven educado y amable. También demostró que era trabajador, puesto que se sacó su carrera gracias a distintas becas que le otorgaron por su esfuerzo y buenas notas.

Entro en el portal de Ethan que por suerte siempre dejan abierto. Es lo que tienen los pueblos; todos son unos confiados. Subo por las escaleras para llegar antes a su piso. Le necesito. Necesito que me abrace, que me bese y que me diga que todo irá bien. No quiero renunciar a mis padres, pues les quiero, aunque les acabe de decir lo contrario, pero si es necesario hacerlo para ser feliz, lo haré con la esperanza de que llegue el día en el que vean lo confundidos que están.

Me detengo delante de la puerta con la respiración entrecortada y me seco los restos de mis lágrimas con las palmas de mis manos. Oigo el sonido de la ducha y me sorprende ver que la puerta no está cerrada. Empujo para entrar y le llamo, pero Ethan no me responde. Aunque sí que escucho una especie de ¿gemido? Acelero el paso y voy a su cuarto, pero no consigo traspasar la puerta.

Veo al que creía mi novio sentado al filo de la cama desnudo a excepción de una toalla anudada a su cintura. Sentada en su regazo y en ropa interior, reconozco a Judith. Es conocida en el pueblo por tirarse a todo lo que tiene rabo entre las piernas.

Me mira con gesto de superioridad y me sonríe de forma malvada. Su mano tapa la boca de Ethan que me observa apurado por que le haya pillado. No me lo puedo creer. Me siento traicionada. Humillada. Y lo peor de aquello, es que mi padre tenía razón. Solo ha jugado conmigo.

Salgo del piso oyendo cómo Ethan me llama y me pide que le espere, pero antes de que me alcance, ya he salido de allí. Regreso a casa entre nuevas lágrimas pensando que el amor no está hecho para mí.

Los días pasan y decido no salir de casa hasta que las vacaciones acaben. De vez en cuando, mis amigas vienen e intentan animarme, pero rara vez lo consiguen. Carlos también me apoya en estos momentos. Es un buen chico y he salido con él en determinadas ocasiones para que no me ahogue en la pena que me consume.

Pasan las semanas y finalmente acepto su propuesta de intentar una relación y vivir juntos en un piso cerca de la universidad dónde estudiamos, puesto que ambos estamos matriculados en la misma carrera, aunque nos especializaremos en cosas diferentes. El dolor que sentía tras mi ruptura con Ethan va desapareciendo, pero no consigo sentir por Carlos algo más que cariño y admiración. Aunque, a pesar de estos sentimientos, he aceptado casarme con él.

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