"Las cosas iban relativamente bien para las mejores amigas Ámber, Emma y Brittany hasta que son víctimas del destino y tienen que regresar a los Ángeles.
El destino es caprichoso, siempre lo han sabido. ¿Adivinas su nuevo capricho? Ellas. Problemas...
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El reloj marcaba las nueve y media cuando Christopher por fin cruzó las puertas del lujoso salón privado en el ático del hotel donde el A4 solía reunirse. El ambiente era como siempre: luces cálidas, música de fondo y el inconfundible aroma a whisky caro mezclado con madera de cedro.
―. ¡Maldición, eres un hombre atrasado! ¿Qué te llevó tanto tiempo, Christopher? —. Se quejó Andrew, recostado cómodamente en el sillón de cuero.
―. Lo siento ―. Respondió Christopher, con una sonrisa distraída mientras tomaba el vaso de whisky que Albert le tenía.
Albert, impecable en su camisa blanca y chaqueta gris perla, lo observaba con una ceja levantada. ―. Hum. ¿Pasó algo increíble, Christopher? —. Preguntó con su tono tranquilo, pero con esa mirada que lo analizaba todo.
―. ¿Qué? —. Christopher sonrió, casi sin poder evitarlo. Había algo diferente en él; incluso Brad lo notó mientras lo estudiaba atentamente.
―. Te conozco muy bien, hermano ―. Intervino Brad, apoyando el vaso en la mesa ―. Creo que has sido azotado de nuevo por alguna chica. ¿Viste a Soledad hoy?
Christopher negó con la cabeza, bebiendo un sorbo antes de responder. ―. No. No fue Soledad. Es una chica que conocí en la playa. Hay algo en ella… algo especial, que despierta todo mi ser. Creo… creo que estoy enamorado de ella. ―. Admitió, pasando el pulgar distraídamente por el borde de su vaso.
El silencio duró solo un segundo antes de que Albert soltara una carcajada elegante. ―. Creo que sé cuál es el tema de esta noche: ¡el famoso A4 ha caído! ―. Anunció con una sonrisa amplia. ―. ¡Christopher ha sido azotado por una chica!
―. ¡Mira quién habla! ―. Replicó Andrew, riendo ―. El poderoso Albert besando a una chica en público.
―. ¿Qué? ―. Grietaron a coro Brad y Christopher, casi atragantándose con la bebida.
Andrew se cruzó de brazos, disfrutando el momento. ―. Oh, sí. Hay videos, fotos y titulares con esta chica, Catherine Davidson, en tu regazo, besándote apasionadamente. Tanto por ser el príncipe blanco del A4.
Albert rodó los ojos, aunque una ligera sonrisa traicionó su calma. ―. No fue lo que parece.
―. Oh, no lo fue, claro ―. se burló Christopher, alzando su copa ―. ¿Una “reunión urgente” de labios, quizá?
Las risas inundaron el salón. El A4 en su máxima expresión: hombres que el mundo envidiaba, pero que solo entre ellos se permitían mostrarse humanos.
Albert intentó cambiar de tema, apoyando su vaso. ―. Oye, no soy el único. Andrew, estuviste hablando por teléfono durante dos horas con alguien llamada Ámber.