"Las cosas iban relativamente bien para las mejores amigas Ámber, Emma y Brittany hasta que son víctimas del destino y tienen que regresar a los Ángeles.
El destino es caprichoso, siempre lo han sabido. ¿Adivinas su nuevo capricho? Ellas. Problemas...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Ayer, Christopher me sorprendió con una visita inesperada a casa. Literalmente desayunó conmigo y con mi padre, y todavía no supero lo bien que se llevaron. Hablaban como si se conocieran de toda la vida: negocios, arte, viajes, incluso fútbol. Yo solo observaba en silencio, intentando procesar cómo el hombre que me hacía temblar con una simple sonrisa ahora charlaba tan cómodo con mi padre, como si fuera su futuro yerno.
Después del desayuno, Christopher me entregó una elegante invitación con su firma en relieve: la inauguración de su exhibición privada. Su mirada intensa y su voz suave me derritieron por completo cuando me pidió que fuera su cita. Sentí mis mejillas arder y apenas pude responder con un tímido “sí”.
Y por si fuera poco, me invitó a pasar el resto del día con él. Fuimos al parque de diversiones, y por unas horas el mundo se detuvo. Nos reímos en la rueda de la fortuna, comimos algodón de azúcar, jugamos a los dardos y hasta gané un peluche que él mismo me ayudó a escoger. Esa tarde quedé rendida… aunque mis pies dolían tanto que Emma y Ámber tuvieron que prácticamente arrastrarme al centro comercial para elegir nuestros atuendos para la exhibición. Ellas también asistirían, cada una, con su cita. Ámber con Andrew Black, el heredero de la cadena de hoteles más exclusiva del país; y Emma con Brad Carpenter, el poderoso heredero de la compañía de construcción familiar.
La exhibición era a las 7:30 p.m. y, como era de esperarse, el primero en llegar a mi mansión fue Brad. Vestía un traje negro perfectamente ajustado y su sola presencia llenaba la habitación. Emma apareció unos segundos después, radiante, y cuando Brad la envolvió en sus brazos y la besó sin pudor, Ámber y yo nos quedamos en shock. Era como presenciar una escena sacada de una película romántica de lujo.
Minutos después llegó Andrew, con su aire encantador y esa sonrisa traviesa que derretía a cualquiera. Su cabello rizado, sus ojos grises y su elegancia natural hicieron que hasta el aire pareciera detenerse. Ámber se sonrojó tanto que Emma y yo nos lanzamos miradas cómplices y conteniendo la risa.
Y entonces, el momento que había estado esperando y temiendo al mismo tiempo: Christopher. Su Mercedes negro se detuvo frente a la entrada, y al verlo descender sentí cómo el corazón se me subía hasta la garganta. Llevaba un traje plateado de tres piezas, impecable, como salido de una portada de revista. Su sola presencia irradiaba poder, elegancia y calidez.
Cuando se acercó, Brad y Andrew lo saludaron con un apretón de manos y bromas de amigos de toda la vida. Yo apenas podía respirar. Al tomar mi mano y besar mi mejilla, sentí que todo se detenía por un segundo. Mi corazón latía tan fuerte que temí que todos lo oyeran.
Ámber se aclaró la garganta, sacándome de mi ensueño.
―. Uhm, Christopher, estos son mis dos mejores amigas, Emma y Ámber. ―.
Él les dedicó una sonrisa que podía derretir el hielo más frío.