"Las cosas iban relativamente bien para las mejores amigas Ámber, Emma y Brittany hasta que son víctimas del destino y tienen que regresar a los Ángeles.
El destino es caprichoso, siempre lo han sabido. ¿Adivinas su nuevo capricho? Ellas. Problemas...
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POV SOLEDAD
―… Te arrepentirás. ―
Sus palabras eran como un cuchillo que se clavó en mi pecho. Se alejó de mí con paso frío, sin mirar atrás, y me dejó inerme en la habitación, sin aire, sin gravedad. Sentí como si todo el mundo se retirara: los colores, los sonidos, hasta mi propio aliento.
Grité su nombre, lo abracé con la voz, pero él ya no estaba. No vino a consolarme, no vino a explicarse. Me abandonó con la lengua afilada de una frase: yo no te amo. Fue la sentencia más cruel que un corazón enamorado puede escuchar.
Los ojos se me llenaron de lágrimas otra vez. Caían sin control, calientes y ardientes, como si cada gota arrancara un trozo de mí. Mi cuerpo se dobla, las piernas me flaquean, y me siento contra la pared, el mundo está girando. Me aferró al pecho como si pudiera que ahí quedara algo de sentido.
Con las fuerzas que aún me quedaban, marqué el número de mis amigas como una tabla de salvación. El teléfono tembló en mi mano; no quería oír su voz, únicamente necesitaba que alguien fuera un refugio humano contra este huracán de pérdida.
La puerta se abrió de golpe y entraron juntas. Ginger, Miranda y…. Eran mi roca hecha por una persona. No preguntaron, no juzgaron. Me tomaron entre sus brazos, me cubrieron con mantas, me sostuvieron hasta que las lágrimas se secaron por falta de fuerzas. Sus abrazos tenían el calor de un hogar improvisado; me permitieron hundirme en ese calor hasta calmar la tormenta.
No sé cuánto tiempo permanecimos así. Podrían haber sido minutos u horas. Solamente sé que, cuando por fin pude hablar, mi garganta estaba rasposa y mis ojos vacíos. Ginger me acercó un vaso de agua. Sus manos eran firmes, prácticas, poco dadas al consuelo blando; su mirada, en cambio, brillaba con una resolución peligrosa.
―¿Fue Christopher? ―. —preguntó Miranda, rompiendo el silencio. Su pregunta no necesitaba respuesta. Asentí con la cabeza porque no tenía ninguna voz para negarlo.
Ginger inhaló, fuerte. ―Amiga, debiste haber pensado que él pertenecía a otro mundo. ― Su tono no era consolador; era frío, calculador. ―Pero eso no cambia lo que pasó. No vas a quedarte llorando por alguien que te mira y se va. No está a la vez.
Las palabras de Miranda, extrañamente, me devolvieron la rabia en pequeños estallidos. El dolor se transformó en algo más útil: combustible. Me incorporé, todavía temblando, y me dije que no iba a ser la mujer que se rompe y olvida. Christopher había dicho que no te amo y eso dolía tanto que debía convertir ese dolor en acción.
Ginger se adelantó, dejó el vaso en la mesita y clavó la mirada en mí. ―Brittany sigue viva; Evans y su panda están alrededor. Brad y Andrew la cubren. No podemos enfrentarlas a plena luz, y no debemos. ―
Miranda asintió. ―Catherine está en Delta Nhu ahora. Eso complica cosas… pero también nos abre puertas. Ellas piensan que por tener números, por tener alianzas, están seguras. Eso es arrogancia. Y la arrogancia es nuestra mejor arma si la usamos bien. ―