LA PRIMERA PRUEBA

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Sintiéndose exhausto, Christopher empujó las puertas de su mansión con un leve suspiro

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Sintiéndose exhausto, Christopher empujó las puertas de su mansión con un leve suspiro. El eco de sus pasos se mezclaba con el suave tic-tac del reloj antiguo que colgaba en el pasillo principal. Su mayordomo, como siempre, se inclinó respetuosamente a su paso, pero él apenas escuchó sus palabras. Su mente seguía atrapada en los recuerdos de la noche: el brillo en los ojos de Brittany, su risa, su perfume.

Todo lo demás parecía desvanecerse.

Subió las escaleras con lentitud. Cada peldaño crujía bajo el peso del cansancio, del silencio, de las dudas que todavía no quería nombrar. Al llegar a su habitación, no encendió las luces. Se quitó el saco con desgano, desató su corbata y la lanzó sobre el sofá. Todo parecía tan rutinario, tan monótono… hasta que la sintió.

Una presencia.

Una sombra recostada en su cama.

El aire se volvió pesado. Christopher entrecerró los ojos y tomó el control remoto de la mesa de noche. Un clic bastó para que las luces bañaran la habitación con un resplandor cálido.
Y allí estaba ella.

―. ¡Qué demonios…! ―. Murmuró, sorprendido.

Soledad se encontraba acostada sobre su cama, con el cabello desordenado y la mirada fija en él, una mezcla de nostalgia y deseo reflejándose en sus ojos oscuros.

―. ¿Qué haces aquí, Soledad? —. Preguntó con voz gélida, tan cortante como una cuchilla.

Ella frunció los labios, ofendida.

―. Esas palabras no son lo que esperaba escuchar de ti, Christopher. ―. Su tono se quebró apenas. Lo había imaginado diferente: una sonrisa, una caricia, quizás un reproche dulce. Pero no esa frialdad.

Y dolía.

Dolía tanto como la distancia que él había marcado durante semanas. Primero, no la había invitado al evento; luego, la había evitado toda la noche en la exhibición; y para colmo, la había mirado con los mismos ojos con los que solía mirar a ella, a Brittany.

―. No eres de irrumpir así sin anunciarte. ―. Christopher cruzó los brazos, endureciendo su postura.

―. Lo sé… ―. Murmuró Soledad, bajando la mirada. ―. Pero necesitaba hablar contigo sobre…

―. Si viniste a hablar de Albert, ya te dije que no pienso discutirlo. ―. la interrumpió él, fastidiado.

―. ¡No vine a hablar de Albert! ―. exclamó, dando un paso hacia él. ―. Vine a hablar de nosotros.

𝐵𝑎𝑑 𝐺𝑢𝑦𝑠... 𝐵𝑎𝑑 𝐺𝑖𝑟𝑙𝑠Donde viven las historias. Descúbrelo ahora