"Las cosas iban relativamente bien para las mejores amigas Ámber, Emma y Brittany hasta que son víctimas del destino y tienen que regresar a los Ángeles.
El destino es caprichoso, siempre lo han sabido. ¿Adivinas su nuevo capricho? Ellas. Problemas...
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Brad aún hervía por dentro. La escena con Miranda lo había dejado con un nudo en el pecho y un sabor amargo en la mente. No podía borrar de su cabeza la forma en que ella había perdido el control, besándolo con desesperación, tratando de poseerlo como si fuera suyo.
Y, aunque trataba de concentrarse en la carretera, cada imagen, cada palabra, cada mirada de furia en los ojos de Miranda regresaba a su memoria como una ola que no cesaba de golpear.
Emma notó su silencio mientras conducía hacia el centro de Los Ángeles. El tráfico nocturno reflejaba las luces de neón sobre el capó del coche. Brad estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta de adónde se dirigían hasta que el vehículo se detuvo.
―. ¿El centro comercial? —. Preguntó con las cejas arqueadas.
―. ¡Yupi! Vamos. ―.
Emma bajó del coche, su energía contrastando con el ceño fruncido de él, y lo tomó de la mano con entusiasmo. Lo arrastró dentro del centro comercial, directo hacia una boutique de trajes masculinos de Armani, sin darle oportunidad de replicar.
Brad se dejó llevar, sin saber si reír o protestar.
Ella lo empujó suavemente hacia un sofá de cuero, luego empezó a recorrer la tienda con la precisión de una experta. Tomó varios trajes y camisas, examinándolos bajo la luz blanca antes de girarse hacia él.