Nicholas y yo no compartíamos mas que Español e Historia. Así que, por la escasees de "encuentros casuales" en los pasillos que sabíamos que tendríamos, me pidió mi numero.
Fue bastante gracioso el momento en que él tuvo que pasarme el suyo fue ahí cuándo me percaté que yo ya tenía a un contacto con el mismo nombre y numero así que sólo fingí anotarlo.
A última hora tenía la clase de Arte con Sarah y Daniel. Al entrar al salón de clases ella estaba sentada en la mesa en frente de él. En cuánto me senté las preguntas raras tomaron su lugar.
- Si tu perro se muere y tuvieras la opción de resucitarlo ¿lo harías? -preguntó Sarah. Cada vez hablaban más y más.
- No lo sé.- pensó su respuesta unos segundos -No y si, si mi perro vivió una buena vida no lo haría pero si sé que tuvo una vida miserable probablemente lo haría para darle una segunda oportunidad.
Sarah sonrió, esa era la respuesta que estaba buscando: justificada y un tanto larga. No un simple si o un no.
Yo los miraba a ambos, si no se quedaban juntos iba a entrar en un estado de depresión, dejaría de creer en el amor y en la amabilidad de todo ser viviente.
- ¿Tú?.- Ahora el par de tórtolos me miraba.
- Lo mismo.
- ¿Qué? No, no puedes usar mi respuesta.- dijo Daniel fingiendo indignación -Va contra las reglas.
- No cuentan las reglas que acabas de inventar hace 10 segundos.-dije señalándolo. Sarah sonreía.
- Pero...
- Shh.
- Pero...
- Shh.
- ¡Mamá Sarah, me esta molestando! -dijimos Daniel y yo con una sincronización tan perfecta que ahora los tres reíamos.
Al terminar la clase le dije a Sarah que tenía unos pendientes que resolver. Sarah iba a llenarme de preguntas cuándo Daniel la detuvo, la calmó y se la llevó.
Daniel, te has ganado 50 puntos cómo cuñado.
*Mensaje de Nicholas*
- Camina 20 pasos.
¿Qué?
- ¿Cómo?
- 20 pasos.
¿En serio debía caminar 20 pasos? Miré hacía el frente y a los lados, todos estaban en su mundo y no había señal de Nicholas. Comencé a dar pequeños pasos tratando de lucir lo más natural. Era realmente patético que cada paso que daba era un número más que agregar a mi cuenta mental.
Minutos antes de llegar al paso número 18 un nuevo mensaje llego.
- Gira a la derecha.
Giré a la derecha.
- Da 6 pasos hacía el frente.
Volvemos a la cuenta mental de pasos.
- Gira a la izquierda.
Giré a la izquierda. No había más que una pared ¿Dónde estoy?
- Hay una pared.
- Espera ¿En serio seguiste mis instrucciones?
- Eh... no
- No puede ser, estoy afuera en el auto.
Vaya. Podía escuchar sus carcajadas a kilómetros ¿Por qué seguí sus indicaciones en primer lugar? Tonta, tonta Bea. No me vuelvo a dormir en el trayecto a la preparatoria.
Recogí un poco de mi dignidad del suelo y me encaminé hacia la entrada.
El bonito auto negro yacía afuera, impidiendo el avance a los demás. Aceleré el paso y entre. Nicholas me miraba con una sonrisa.
- Sin comentarios.- le dije desviando mi mirada a la ventanilla.
El camino fue silencioso mas no incómodo, durante todo el trayecto Living on a prayer retumbó nuestros oídos. En algunos momentos Nicholas repiqueteaba al ritmo de la música y yo cantaba algunas de las estrofas en silencio.
Al llegar Nicholas dejó las llaves en una pequeña mesa chocolate, hizo un gesto a su hermana y comenzó a subir las escaleras. Molly, su hermana, se encontraba en la cocina, su largo cabello negro estaba perfectamente recogido en una coleta, aún vestía la pijama ¿habrá ido a la escuela? Me miró y sonrió, volteó a las escaleras, Nicholas me estaba esperando. Me guiñó un ojo y dirigió su vista al televisor de la pared. Molly se veía igual que antes, sus grandes ojos miel, la piel tan pálida, sus piernas de súper modelo y su tan particular sonrisa de niña pequeña.
Las escaleras eran de madera al igual que el techo, parecían infinitas. Entramos a su habitación, estaba perfectamente ordenada, no había ropa tirada ni comida de hace semanas regada por el piso. Nada que ver con la habitación de mis primos. Si tuviera que encontrar las 7 diferencias entre ambas habitaciones, encontraría unas 26.
- Ponte cómoda. Iré por algo de comer.- dejó su mochila en el suelo y se fue.
Su habitación era la que toda chica desea que su novio tenga, los pisos de madera y los tonos fríos combinaban a la perfección. Su habitación me gustaba tanto que hasta me daba miedo.
Me senté en su cama. Dios santo es tan cómoda ¿Es de agua? Que rayos, es de agua. Mire la pared, había dos cuadros: uno era de un bosque en tonos oscuros y el otro era del espacio, unos cuantos planetas y estrellas se asomaban en el oscuro lienzo y lo iluminaban, por la pequeña firma en la esquina supe que eran pinturas de Molly.
La puerta se abrió, Nicholas entro con una caja repleta de pizza y dos refrescos.
- Pizza per la carina ragazza.- dijo con un acento tan perfecto que agradesco no haber visto mi cara cuándo lo dijo. Me quedé pasmada. Mi cara fue de tanta sorpresa que él soltó una pequeña risa. .- Es "pizza para la linda chica" en italiano.
- ¿Aprendiste italiano?.- dije sonriendo
- Viví un par de meses ahí.- dijo con su sonrisa de ganador.
Después de comer y platicarme sus grandes aventuras europeas comenzamos con la tarea, dejamos los apuntes que él necesitaba para el final.
Antes de irme Molly me dio un pequeño y rápido abrazo mientras yo lo esperaba abajo en la barra blanca de enfrente de la cocina.
•••
"Él te recuerda más de lo que crees" esas fueron las palabras de Molly que convirtieron inalcanzable el conciliar el sueño.
ESTÁS LEYENDO
The thin line between us
Ficção AdolescenteNo se puede olvidar a quién una ves se amo.- dijo Sarah tratando de subirme los ánimos. Él me olvido.- le respondí
