El gran día.

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Lunes 30, hoy sería el día en que Sarah no podría dormir de la emoción. El plan tenía que salir a la perfección, todo estaba hecho. Era el momento de hacer el primer movimiento.

- Sarah ¿Qué te parece si hoy salimos?.- pregunte fingiendo más emoción de la que planeaba mostrar.
- Perfecto ¿Al cine?
- Yo estaba pensando cómo el café...
- ¡Sí! Ese lugar es simplemente genial.
- Perfecto.

Bajé del auto.
Me encantaba como podíamos leernos la mente. Es algo que siempre aspiraba de pequeña al hacer una mejor amiga.
No tenía que darle ningún nombre, ella sabía perfectamente a que lugar me refería.

Me dirigí a clase de español, Nicholas se sentó detrás de mi, cómo siempre.

- ¿El plan?
- A la perfección.
Ambos nos miramos y sonreímos con una complicidad y una cantidad de orgullo impresionante. Me importaba poco el remolino de emociones que Nicholas me causaba, probablemente en otras circunstancias esa sonrisa cómplice me habría traído más recuerdos de los necesarios. Pero hoy no.
Hoy es el día de Sarah.
Este día sería perfecto.

La jornada escolar se paso de lo más lento, mis ansias me comían por dentro.
Nicholas y yo no nos volvimos a dirigir la palabra hasta última hora cuándo llamó para decirme que Daniel estaba nervioso a más no poder.
Y entonces sucedió lo que no iba con el plan.
Lo que menos quería que hoy sucedería.
Supuse que tarde o temprano pasaría pero ¿por qué hoy? ¿Por qué el día que menos me importa ser el centro de atención?
Mis intentos de alejarlo de Sarah se convirtieron en polvo cuando íbamos caminando por los pasillos y, por primera vez, nos topamos con él. Estaba guardando unas cosas en su casillero, nos miro y nos saludó para después cerrarlo e irse.
¿Por qué Dios, por qué? ¿No se lo podía topar mañana? No estaba lista para decírselo.

-No, no es cierto. Dime que es una broma.- Dijo Sarah mirándome, tenía los ojos abiertos como platos. Estaba tan sorprendida como yo cuando lo vi parado en el umbral de la puerta el primer día de clases.
- Es una broma.
- ¡Bea! ¿Por qué no me lo habías dicho?

Sarah estaba indignada, y cómo no estarlo, ocultarle algo a tu mejor amiga es ilegal en 52 estados.
Tenía que pensar bien mis palabras o esto podía terminar mal, debía de ser honesta ya que mentir no era una opción. Soy mala mintiendo, malísima.

- Yo... no lo sé, no podía hacerlo. Al verlo el otro día no supe que decir pensé que era un sueño pero el día transcurría y yo no despertaba ¿sabes? Era una sensación de lo más rara. Tú sabes que nos dijeron que no iba a a volver , ya había perdido toda la fe y aquí esta...- Estaba a punto de romper en llanto, sí proseguía las lágrimas caerían por mi rostro. Todo lo que le estaba diciendo era lo que sentí al verlo, no fue fácil. Sarah me dio una señal para que dejara de hablar. Ahora me miraba con sus cautivadores ojos verdes. Me conocía muy bien, sabía que si seguía hablando las lagrimas comenzarían a resbalar por mis mejillas. No me gusta llorar, no quiero mostarme débil. Mucho menos ahora.

- Vamos por ese té, linda.

El transcurso fue silencioso, Sarah no me habló en todo el camino y en gran parte lo agradezco.
Hicimos una parada en su casa primero, le dije que si saldríamos lo haríamos como Dios manda. Me ofreció un bello vestido azul cielo pero si alguien debía lucirse hoy era ella, no yo.
Nos despedimos de la tía Carla y salimos disparadas, teníamos el tiempo medido. ¿Quién diría que tres pares de cabezas huecas podrían planificar todo tan bien?

Conducimos por 10 minutos y llegamos a una pequeña plaza en el centro, tenía un toque rústico, a las dos nos encantaba venir aquí.
Sarah lucía un bonito vestido blanco con un pequeño y moderno saco rosa pastel.
Yo había optado por un pantalón y una blusa blanca con encaje en la parte superior.
Si no fuera por ella seguramente vestiría sudaderas y converse hasta el fin de los tiempos.

The thin line between usDonde viven las historias. Descúbrelo ahora