- Creo que lo amo.
Volteé mis ojos, Sarah llevaba toda la mañana hablando de lo fantástica que fue su tarde con Daniel. Al parecer es todo un caballero.
- Solo has salido con él una vez.
- Lo se, pero hay algo en él que no me permite sacármelo de la cabeza.
- ¿Cómo los piojos? -Sara rió.
- Ya, en serio.
*breve pausa*
- Sabes que te amo y que si un chico te hace algo lo voy a golpear hasta morir. No conozco a Daniel lo suficiente para darle mi aprobación.-Sarah estaba a punto de decir algo pero antes de que lo hiciera le hice una señal para que me dejara seguir- pero si el estar con él te hace feliz entonces a mi también -sonreí.
Sarah me abrazó.
Daniel uso el trasladarla a casa como pretexto, la llevó a un parque de diversiones.
Ayer, cuándo ambos platicaban antes del comienzo de su clase, ella le confesó que nunca se había subido a una montaña rusa, él se quedo estupefacto ¿Quién a sus 17 años de edad no se había subido a una?
Sarah me contó que estaba hecha un manojo de nervios ¿y cómo no? Él chico que te gusta te invita a salir a tu más grande miedo de pequeña: la montaña rusa
Al llegar, Daniel la dirigió hacia el dichoso juego, la dejó escoger los asientos, cuando ella estuvo a punto de gritar de miedo él tomó su mano para calmarla. Un chico gana unos 20 puntos al comportarse cómo él lo hizo.
Al terminar Daniel la llevó a casa, Tía Carla era una madre sobreprotectora pero sabía cuando había que hablar así que lo invitó a cenar.
Después de la cena ambos se pusieron a hacer tarea, se ayudaban mutuamente. Tórtolos.
Sarah me confesó qué en un momento en que ella fue a buscar vasos con agua a la cocina, la tía Carla le dijo: "Cariño, está enamorado de ti, se ve a kilometros... así como tu estas enamorada de él. Odiaría verte con el corazón roto pero... quiero que sepas que no está mal amar a alguien hasta las entrañas."
Definitivamente Tía Carla había sido poseída por el demonio de la comprensión y el amor.
•••
Sarah se dirigió a su clase y yo a la mía. Un nuevo día, una nueva clase de español.
Me senté en el mismo banco que en el del día anterior. Ya había algunos alumnos dentro esperando a que la clase comenzara, otros recién entraban. Saludé a Larry y a Daniel quienes ahora estaban sentados al lado el uno del otro en medio de el salón. Daniel también era diferente, para ser co-capitan del equipo de football era amable con todos y muy inteligente. Sólo ha salido con dos chicas en toda su vida y ninguna de ellas es porrista o de las más bonitas de la preparatoria.
De nuevo, alguien más que tacha etiquetas.
Volví mi vista al frente al pequeño reloj ubicado arriba del pizarrón, 07:20. Faltaban 5 minutos para comenzar. Nicholas aún no llegaba.
¿Le habría pasado algo?
- Muy bien alumnos vamos a comenzar.
¿Por qué no ha llegado?
- Saquen sus libros en la página 28.
Bueno, es el segundo día. Tal vez se levanto tarde.
- Señorita Thomas.
Si, no tengo de que preocuparme. No debería.
- Bea Thomas.
Demonios ¿cuánto tiempo lleva hablandome?
- Si, perdone.
- Su libro en la página 28.
- Si, por supuesto.- saqué mi libro de mi viva y extremadamente expresiva mochila negra comenzando así un nuevo día.
Las demás clases fueron igual de aburridas a excepción de la de Artes, al parecer Sarah y yo compartiamos esa clase con Daniel.
Aquí viene otro flashback.
Le indiqué que se sentara junto a él ya que los bancos eran para dos personas pero ella se negó, no quería dejarme sola. Esa es mi chica.
Para compensarla nos sentamos delante de él quién ahora era acompañado por una chica llamada Lucía. Ella no dejaba de hablarle, por razones obvias Sarah estaba molesta o, mejor dicho, celosa. Sin embargo, Daniel fingía sonrisas y asentía con la cabeza, realmente eso no era una platica, cosa que Sarah no lograba entender porque estaba, de nuevo, siendo cegada por sus celos.
Se estaba cansando, ella no era de las que pretendía no importarle, así que se paró en seco, pidió permiso al profesor y se dirigió al baño.
Pudo haber sido algo insignificante de no ser por el fuerte y veloz rechinido al retirar Sarah su silla, acompañando así las instrucciones del profesor por unos dolorosos segundos.
Lucía, y otras chicas, vieron lo que estaba pasando. El repentino comportamiento de Sarah sólo podía significar una cosa: le gustaba Daniel.
Sexto sentido de mujer tal vez.
Afortunadamente Lucía era una de las personas más comprensivas y amables que tenía el placer de conocer. No trató de acercarse más a Daniel para molestarla, fue todo lo contrario.
- Dani... Daniel ¿te gusta alguien?- preguntó Lucía un tanto nerviosa pero firme.
Él se sonrojó un poco, miró la mesa del banco y sujeto uno de los mechones de su flequillo. Ahora recuerdo porque me llegó a gustar Daniel, era tímido y a la vez seguro de sí. Tomó una bocanada de aire, adoptó una postura tranquila y miró la puerta. Sarah acababa de entrar.
- Eso creo -Sarah lo estaba mirando a lo que Daniel respondió con una sonrisa. El color de sus mejillas cambió y se dirigió con el maestro.
- ¿Es acaso Sarah Jackson la afortunada? -Lucía mostraba un poco de sorpresa. Sarah era muy linda pero sí no le importabas lo suficiente podía tratarte con un carácter de mil demonios.
Daniel seguía sonriendo, esta vez su sonrisa era cariñosa.
No respondió nada, Sarah acababa de regresar a su asiento.
Lucía y yo lo sabíamos, era un secreto que no había sido revelado y no podía ser revelado cómo cualquier otro. Una especie de secreto entre Sarah y Daniel, un misterio a medias, una verdad entre sombras.
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The thin line between us
JugendliteraturNo se puede olvidar a quién una ves se amo.- dijo Sarah tratando de subirme los ánimos. Él me olvido.- le respondí
