- Hola.
- Hola -le respondí de la manera más segura.
Se sentó y colocó sus libros en la paleta del banco, dejó su mochila en el piso y se puso cómodo. Pude sentir varias miradas hacia él, no por mi magnífico sexto sentido sino por los leves suspiros de las chicas.
Pero él no hacia nada solo les dirigía una rápida mirada y volvía la cabeza al frente. Se mostraba indiferente. Tal vez porque realmente él era diferente.
-Bueno alumnos, me gustaría seguirles platicando de las grandiosas aventuras de mi perro pero ya casi se termina la clase. Pueden irse.
Nicholas -lo miró- quédate por favor.
Todos nos levantamos de nuestros asientos, unos más apresurados que otros, yo fui de las últimas en salir por culpa de los acelerados genios que tiraron mis libros.
Nicholas me ayudó a recogerlos, el buen Nicholas. Le agradecí, los guardé en mi mochila y me fui.
¿Por qué Nicholas? de todas las personas en el planeta él tuvo que volver. Las dos personas que no esperaba ver están en la clase que más extrañaba. Comienzo a creer que de verdad la suerte muere al oír mi nombre.
Siguiente clase: Historia.
Entré al salón con 10 minutos de adelanto. No había nadie mas que el maestro quién no me notó por estar tan ocupado en el computador, seguramente sólo fuimos los de la clase de la maestra Miriam los que salimos temprano. Me senté en el segundo escritorio de la tercer fila, saque un cuaderno y me pusé a dibujar. Tarde en percatarme lo que estaba dibujando pero al instante reconocí la acogedora cabaña rodeada de árboles.
Cerré la libreta, suficientes recuerdos por un día.
- ¿Disculpe, es este el salón 208... clase de Historia?
Esa voz... no, no es cierto.
- Si ¿eres el nuevo alumno de casualidad? Ni...Nick...
- Nicholas -lo corrigió.
- Ah claro, toma asiento -volvió la vista a su computador.
No y miles de no por toda la eternidad. Hay muchos lugares no se sentará cerca de mi.
- ¿Esta ocupado?- me preguntó señalando el banco atrás de mi.
- No, adelante.
Diablos.
Saqué el móvil, 6 mensajes de Sarah.
- ¿Qué clase tienes? yo tengo matemáticas
No puede ser cierto...
Matáme. matáme... al menos de que sea cierto.
¡Es cierto!
Daniel esta en mi clase!!!
Me está hablando, Dios mio, hablamos después linda.
Le sonreí a la pantalla, a Sarah le estaba yendo bien. Guardé el móvil y volteé hacia atrás, Nicholas y yo seguiamos siendo los únicos alumnos en el salón. Miré su banco, estaba dibujando algo encima de una hoja blanca, era un perro, o más bien dicho un cachorro peludo y esponjado con una cara de lo más encantadora.
- Esta muy lindo.- le dije
- ¿Disculpa?
- El dibujo, me gusta. Los rasgos son realmente... exquisitos.
- Gracias.- me miró directamente a los ojos. Su mirada seguía siendo cautivadora. - ¿Te he visto antes?
No sabía que responder, me quedé estupefacta. Él no podría reconocerme ni con un letrero en la frente indicándole mi nombre.
- No, al menos no antes de la clase de español -le respondí.
- Lo siento, es sólo que... me resultas familiar.
Tal vez porque lo soy, hijo de tu tostada.
-Descuida, suele pasar.- le dediqué una sonrisa.
Regresó la vista a su dibujo y continuó esbozando al pequeño animal. Devolví mi vista al frente, los alumnos comenzaban a entrar.
- Eres muy linda, Thomas. -dijo en un ligero susurro.
No le respondí, supuse que aquel susurro no fue dedicado para que mis oídos lo escucharan.
Guardé esas palabras por unos breves segundos para luego dejarlas flotando en el aire con la esperanza de que un día volverían cargadas con el mismo sentimiento que el día en que se fueron.
ESTÁS LEYENDO
The thin line between us
Roman pour AdolescentsNo se puede olvidar a quién una ves se amo.- dijo Sarah tratando de subirme los ánimos. Él me olvido.- le respondí
