El Orden Natural de las Cosas

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—El martes 12 de mayo recibimos el primer caso confirmado de la ahora llamada "Demencia Negra" —Erin presionó el botón del apuntador, haciendo que la imagen proyectada cambiara a la de un hombre acostado en una camilla de hospital

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—El martes 12 de mayo recibimos el primer caso confirmado de la ahora llamada "Demencia Negra" —Erin presionó el botón del apuntador, haciendo que la imagen proyectada cambiara a la de un hombre acostado en una camilla de hospital. Bajo su piel, sus venas y arterias resaltaban de un color oscuro, mientras hilos carmesíes corrían desde sus ojos y boca—. Un mes después, el 12 de junio falleció por una hemorragia pulmonar.

La imagen cambió nuevamente. El colchón, el suelo y la pijama quirúrgica que eran blancas en la fotografía anterior ahora estaban completamente cubiertas de un líquido negruzco, mientras unas bandas de cuero sostenían sus manos y pies a la camilla.

—La autopsia demostró que no era la única hemorragia dentro de su cuerpo —continuó Fossati—. Además de las encontradas en el resto su cuerpo, se descubrieron diversos aneurismas dentro de la masa encefálica, siendo uno en la corteza prefrontal el que provocó un derrame cerebral, que a su vez causó la muerte cerebral del sujeto tres horas antes del deceso. Durante la evolución de su enfermedad, el paciente tuvo todos los síntomas identificados de esta enfermedad.

La enorme mesa frente a ellos, llena de personas con enormes mascarillas antigases, se mantuvo en silencio y estática. Sólo Cunha, quien se encontraba en la cabecera, se llevó la mano a su cabeza y comenzó a masajear sus sienes con los dedos.

—Desde entonces, las muertes y los casos han aumentado, y ustedes no han sido más que inútiles, sentados en sus oficinas, dentro de sus bolsas de basura mientras nosotros intentando salvar a estas personas mientras usamos unos estúpidos cubrebocas que ni siquiera sabemos si funcionan —reclamó Harrison ante la mirada atónita de Erin y Fossati.

—Sabemos cómo se contrae esta enfermedad, no creo que seas lo suficientemente estúpido como para creer que ese cubrebocas no funciona —respondió Cunha con rabia mientras se ponía de pie.

—¿Entonces por qué no lo usas tú? —interrumpió el hombre, mientras daba un golpe contra la mesa, haciendo que más de uno se sobresaltara—. ¿Por qué no te apareces en el área de cuarentena, en la clínica que se abrió en el estacionamiento por falta de espacio, y te pones a ayudar como el doctor que supuestamente eres?

—¡Yo hago que todo esto funcione! —gritó Cunha con ira.

—¡Nosotros hacemos que esto funcione! —Harrison señaló hacia sus compañeros quienes continuaban helados ante la escena que se desenvolvía frente a ellos—. Tú te escondes en una oficina mientras nosotros vemos morir a cada una de las personas que entran por esas puertas. Y ustedes —continuó el hombre mientras miraba al resto de los presentes—, lo único que hacen es aparecerse es cuando las personas están muertas, las apuñalan en la nuca, toman muestras y siguen sin poder decirnos qué podemos hacer para ayudar a los pacientes.

—¡Lárgate, Emmerett! ¡Estás despedido!

—Tú no tienes ese poder, tú no eres nadie para mí —Harrison pateó la pequeña mesa donde descansaba el proyector y la laptop, haciendo que todo cayera con un gran escándalo y sobresaltando a todos los presentes—. ¡Jódete, Cunha! —gritó mientras salía por la puerta.

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