Llevaba un mes y medio conviviendo con Peter en su casa. No sabría decir si estaba siendo fácil o difícil, pero me estaba gustando y mucho. Por las mañanas, yo solía estar un tanto despistada, atontada, adormilada... (Como cualquier persona normal cuando se levanta, vamos.) Pero Peter no, él era todo energía, alegría, ilusión por empezar un nuevo día. Al principio me ponía realmente nerviosa, porque yo necesitaba calma, ir despacio, remover mi café durante varios minutos... Y él me obligaba a moverme y a hablar... Cuando yo no tenía ganas. Pero con el paso de los días me acostumbré a ver esa amplia sonrisa matutina, me hacía sonreír a mí y me despejaba antes. Algunos días me cogía en brazos y me zarandeaba por los aires, otros días me besaba tantas veces seguidas que me quitaba el mal humor mañanero y algunas veces ponía música, una música alegre y se ponía a bailar, cogiéndome de la mano y animándome a bailar con él. Los primeros días me negaba, pero quién le dice que no a su carita... Peter sacaba lo mejor de mí, de eso no cabe la menor duda.
Nos alternábamos para hacer las tareas, él iba a trabajar por la mañana, yo iba por la tarde, comíamos y dormíamos juntos. Yo me levantaba con él para aprovechar el tiempo por la mañana y así también me despedía de él. Después Pitt me acompañaba al trabajo andando, ya que era primavera hacía menos frío y yo, sinceramente, agradecía la compañía.
La mayor pega que le podría poner a esa situación serían las peleas. Discutíamos más ahora que vivíamos juntos. Pero es normal cuando pasas tanto tiempo con una persona y compartes ciertas cosas. Yo me enfadaba, Peter solo me rebatía pero sin alterarse, con esa paciencia infinita. Gritábamos, tirábamos cosas... Pero al final siempre había una reconciliación. Los besos eran eternos, terminábamos riendo y en la cama. Llevábamos medio año juntos y la confianza era más que suficiente.
Podría decir que vivir juntos estaba siendo una experiencia extraña, pero si algo estaba claro, era que nos estaba uniendo cada vez más.
- Madd, ¿sabes dónde he puesto mi carpeta? - Peter estaba apurado, eran las 8 de la mañana y tenía que marcharse a la Universidad. Estaba vestido de traje, lo cual me encantaba, olía a colonia cara, como siempre, y lucía una barba de tres días, lo que le proporcionaba unos aires de madurez todavía mayores.
- ¿Qué carpeta? - Asomé mi despeinada cabeza por la puerta de la cocina y miré a mi novio de reojo. Yo lucía uno de mis mejores pijamas, el de seda rosa, pero comparado con su traje, no era mi mejor atuendo. - ¿La azul? - Di un sorbo a mi café y cerré los ojos unos instantes. La elevada voz de Pitt me hizo abrirlos de golpe.
- ¡NO! LA ROJA, QUE ESTABA CON LOS EXÁMENES CORREGIDOS. Maddie ayúdame un poco, tengo prisa. - Se notaba que estaba estresado, por lo que decidí dejar el café en la encimera, acercarme a él y darle un beso. Pude notar una sonrisa en sus labios mientras le besaba, sabía que eso le haría parar por un momento.
- Cálmate ¿vale? Buscaremos la carpeta y te irás al trabajo con una sonrisita de esas que me encantan. - Le susurré al oído mientras le acariciaba el pelo.
- ¿Una sonrisa como ésta? - Dijo sonriendo y mostrando su perfecta dentadura. Tenía unos ojos tan brillantes, que me enamoraban al mirarlos.
- Sí, exacto. - Respondí entre risas. Nos abrazamos intensamente y de repente vislumbré la carpeta roja, junto a un bloque de papeles, que debían ser los exámenes. - ¡Mira! Ahí está la carpeta. - Señalé al lugar exacto y a Peter se le iluminó la cara. Fue corriendo a cogerla y luego se acercó a mí.
- ¿Ves por qué te quiero? Haces mi vida un poco más fácil. - Y diciendo esto, me plantó un pequeño beso en la mejilla y se marchó, dejando el olor a su perfume por toda la casa. Esas mañanas sin él se me hacían eternas. Usualmente llamaba a Mar y tomábamos un café o salíamos a correr, esas cosas no habían cambiado, pero ahora, acostumbrada a compartir piso con Pitt, cualquier período de tiempo más largo de una hora me hacía extrañarlo.
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Nací para amarte
RomanceHace unos años me sucedió lo peor, y al mismo tiempo lo mejor, que me pasó nunca; enamorarme. Sí, ese sentimiento del que todos hablan... cuando llega te destroza por dentro, no sabes qué hacer, a dónde ir, qué sentir... porque solo eres capaz de pe...