Capítulo 15. El imprevisto.

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Faltaban dos días para volver a casa. Nos lo estábamos pasando tan bien... No tenía ganas de regresar, después de una semana me había olvidado de la rutina de ir a trabajar, correr con Mar... Me gustaba estar con Peter todo el día, de la playa a la piscina y de la piscina al buffet, no hacíamos otra cosa. Era realmente relajante.

- Maddie, ¿me acompañas a comprar crema solar? Se nos ha acabado y prefiero no arriesgarme a quemarme en estos dos días que quedan... - Dijo Pitt en una voz considerablemente alta para que le escuchase con facilidad. Estábamos en la habitación, yo acababa de salir de la ducha y él estaba poniéndose el bañador. Asomé la cabeza desde la puerta del baño y pude apreciar su torso desnudo, llevaba un bañador rojo chillón que le resaltaba el moreno de sus bíceps y abdominales. Peter no era un chico excesivamente musculoso, pero tenía un buen cuerpo. 

- Sí, claro. Vamos ahora, al acabar de desayunar. - Respondí alegremente. Mi pelo estaba mojado, por lo que me pasé una toalla por encima para secarlo un poco. Peter me sonrió y se puso una camiseta blanca. ¡Qué bien le quedaba el blanco!

Desayunamos a buen ritmo, algo liviano para no llenarnos y fuimos hasta el centro de la isla para comprar la crema solar y algún que otro recuerdo del viaje. 

En la ciudad había bastante gente, estaban tranquilos, no era el típico centro de ciudad en el que las personas corren estresadas. Nosotros íbamos de la mano, caminando con parsimonia, apreciando cada milímetro de esa maravillosa isla. Entramos en una farmacia que parecía fiable, limpia y ordenada. Compramos la crema y seguimos paseando con calma. 

- Qué ganas tengo de bañarme, hace mucho calor... - Comentó Peter. Yo estaba de acuerdo, iba con una ropa muy fresca, pero el sol pegaba fuertemente. 

- Y yo. Ahora voy a comprar un llavero y un imán de nevera de Hawaii para llevarle a Mar de recuerdo, pero en cuanto acabe, podemos irnos a la playa. - Peter me acarició la cara y me sonrió con la mirada, me gustaba tanto que se me ponían los pelos de punta cuando me tocaba.

En media hora estábamos de vuelta en el hotel, cogimos unas toallas y finalmente, optamos por ir a la piscina. Bajamos y la mayoría de las hamacas estaban ocupadas. Me dio igual porque en ese momento solo pensaba en sumergirme en la piscina. Peter se encargó de buscar un sitio para tumbarnos y poner nuestras cosas. Yo me quité el vestido rápidamente y me metí en la piscina de golpe. 

- Cuidado, está muy fría. - Gritó Peter seguido por una risita burlona. 

- Ya lo sé, pero yo puedo con todo. - Contesté con suficiencia. Llevaba puesto un bikini rosa, mi color favorito, que me quedaba genial. Respiré hondo y aguanté el aire para poder meterme en la piscina. Me tiré de cabeza. Caí bruscamente en el fondo de la piscina. En ese momento empecé a marearme, no sabía dónde estaba, qué sucedía... No podía respirar. Y no era capaz de subir a la superficie. Abrí los ojos lentamente y pude ver el sol reflejado en la superficie de la piscina, parecía tan lejano, yo no paraba de descender, los ojos se me cerraban por momentos, el aire de mis pulmones se estaba terminando, necesitaba más...

Al abrir los ojos pude ver un rostro desconocido. Era guapísimo, un chico con los ojos azules y el pelo rubio. Estaba mirándome fijamente, me preguntaba algo pero no lograba escucharlo bien. Escupí agua y me incorporé despacio.  Estábamos rodeados de gente.

- ¿Estás bien? Te habías ahogado en la piscina, pero llegué a tiempo para sacarte. - El chico con la cara bonita me estaba hablando. Su voz era áspera y varonil. 

- Sí, estoy bien, gracias. ¿Quién eres? - Pude responder yo misma a esa pregunta cuando vi su camiseta roja.

- Pues soy el socorrista ¿quién sino? - Sonrió y siguió mirándome a los ojos. De repente Peter se acercó a mí muy preocupado, apartó al socorrista y me agarró por los brazos. 

Nací para amarteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora