Me sentía nerviosa... Era la primera vez que salía sola por la calle con un chico y, con 22 años, ya iba siendo hora. No tenía miedo, pero sí curiosidad. Ningún chico me había atraído tanto como Peter. Estábamos caminando por una calle donde apenas soplaba el viento. Un pequeño gato se asomaba tras un coche pero al oír nuestros pasos, salió corriendo. Metí mis manos en los bolsillos, hacía mucho frío, Peter hizo lo mismo, no sé si pretendía imitarme o realmente había salido de él.
- ¿Estás lista para vivir una aventura, Maddie? - Incluso abrigado estaba guapo... No podía parecer débil, tenía que mantener mi pose de "difícil de conquistar".
- Bueno... ¿por qué no? - Puse una leve sonrisa y Peter empezó a correr. No sabía qué pretendía, pero estaba deseando averiguarlo. Corrí detrás de él, al principio me sentí estúpida, pero luego me sentí libre. ¡Hacía años que no corría por algo! Siempre corro por correr, por hacer ejercicio, pero ahora estaba corriendo detrás de él, de Peter, un chico que se fijó en mí.
- Ya hemos llegado. - Dijo Peter entre jadeos, estaba cansado de correr. Se paró en seco y se quedó mirando fijamente a una cascada. No se trataba de una cascada natural, sino de una pared de adorno, eran piedras altas y el agua caía sobre ellas... La verdad, era bonito, pero una cascada en medio de la ciudad, no dejaba de ser raro. Estaba al lado de un parque, un paisaje bonito, no había mucha gente y, a pesar de la nieve, salía un poco el sol. Me gustaba estar allí, con él.
- ¡Ey, morena! Ven, te enseñaré a divertirte. - Una sonrisa pícara apareció en su rostro. ¿Divertirme? Yo sabía divertirme, qué se había creído...
- Yo siempre me divierto... - Le dije, seguido de una tos profunda.
- No lo creo, vamos. - Peter me miró con esa cara de galán que solía poner y extendió su mano. Tras unos dubitativos segundos, le di la mía y tiró de mí, llevándome detrás de la cascada. ¡Sabía cómo meterse entre las rocas y el agua! Era maravilloso, ver el parque a través del agua...
- Me encanta esto... Es muy bonito. - El ruido del agua no nos dejaba hablar ni escuchar con claridad. Él se limitó a responder con una sonrisa.
- Ven. - Me susurró e hizo un gesto con la mano, entonces le seguí. Salimos de ese sitio y nos sentamos bajo un árbol, en el parque. Estaba nevado y hacía frío, pero yo me sentía mejor que nunca.
- Bueno, Maddie, háblame de ti. ¿Cuántos años tienes? ¿Cuál es tu meta en la vida? No sé, tú dirás. Yo te escucho. - Era tan amable, tan dulce... Me gustaba mucho su actitud. ¡Quería escucharme! Nadie me escuchaba nunca, bueno Mar a veces sí... pero ningún chico antes...
- Pues... Me llamo Madelaine Fitzcher, tengo 22 años, trabajo en "Angel's Cake" a tiempo parcial, como bien sabes... - una sonrisa me traicionó en ese momento, Peter me la devolvió. - ... Con ese trabajo intento ganar dinero para, bueno..., para cumplir un sueño.
- Eso parece interesante. ¿Qué sueño, Maddie? - Su tono de voz era siempre tan seguro. Me irritaba porque yo no era así, pero al mismo tiempo me proporcionaba seguridad a mí también.
- Pues... abrir mi propio quiosco. - Peter se sorprendió, como lo habría hecho cualquiera. - Sí, sé que suena raro pero... ¡Me encantan los quioscos! Los periódicos, las revistas... poder venderlos, incluso cartulinas, bolígrafos y lápices... Y estaría abierta los domingos, para los despistados niños que se olvidan de comprar una libreta para el lunes... - Peter soltó una breve risita. Parecía una niña pequeña contándole a sus padres qué quería ser de mayor... Si pensase antes de hablar, no pasaría estos momentos bochornosos...
- Es fantástico. En serio, tienes los pies en la tierra, eso me gusta de ti. ¡Un quiosco! Quién lo hubiese dicho... No te pega pero al mismo tiempo, es lo que más te va. Yo iría a tu quiosco. - Sonrió ampliamente y sacó de su bolsillo un paquete de chicles. - ¿Quieres uno? - Preguntó ofreciéndomelos.
- Bien, gracias. - Cogí un chicle y me lo metí en la boca. - ¿Irías a mi quiosco? Pues gracias, hombre. - Sonreí y me mordí el labio. - Venga ahora te toca a ti. ¿Quién eres?
- ¿Seguro que te atreves a saberlo? - Su voz me daba confianza, nunca supe porqué, pero me creería cualquier cosa que me dijera.
- Sí, estoy segura. Cuéntame. - Respondí con firmeza. Estaba deseando saber más de él.
- Bueno mi nombre ya lo sabes, soy Peter Woodstone, tengo 25 años, trabajo como profesor en la Universidad, vivo solo, en realidad, estoy solo en el mundo. Mi ex novia me dejó por un hombre más mayor y con más dinero, - respiró hondo, poniendo los ojos en blanco y prosiguió - mis amigos viven en otra ciudad y mi familia, absolutamente toda, está muerta. - Encongió los hombros en señal de resignación y me miró fijamente. - Todo esto no te lo cuento para darte pena, por supuesto, sino porque... No sé, hay algo en ti, que me gusta. Me siento bien, siento que puedo contártelo todo.
- Vaya... - Suspiré, no tenía ni idea de qué se decía en estas situaciones. Una vez se había muerto el gato de mi abuela y solo supe forzar una sonrisa. En otra ocasión el novio de Mar la dejó y lo mejor que pude hacer fue comprarle una tarrina de helado. No estaba hecha para consolar a las personas. - Lo lamento mucho. Yo... ¿estás bien? Es que pareces tan... fuerte y seguro de ti mismo, pero por dentro debes de estar...
- ¿Destruído? No, para nada. Estas cosas me han pasado a lo largo de varios años y las he ido superando. En serio... Si te digo la verdad, eres la primera persona en 5 años que me ha hecho sonreír y volver a pisar este parque. Eres especial Maddie. - Él sí que era especial. Me gustaba y mucho, ya era definitivo. Con su soberbia, con su mirada de superioridad, con su voz viril y su pelo moreno azabache... Me encantaba.
- Gracias. - Haber oído eso me había alegrado el día. - Sinceramente, lo del quiosco tampoco se lo había contado a nadie. - Los dos nos empezamos a reír a carcajadas. No porque la situación fuese graciosa, sino porque estábamos lo suficientemente cómodos para reírnos juntos.
- Me gustas, Maddie, eres la morena más borde pero más guapa que he conocido nunca. - Peter se acercó a mí y mi respiración comenzó a ser entrecortada. Yo fruncí el entrecejo, en señal de que no me había gustado lo de "borde". Pero luego surgió de mí una sonrisa. Me acerqué a él. Y ahí, en un parque, bajo un árbol nevado, ahí fue nuestro primer beso. Un beso largo, tranquilo, cargado de tensión y de magia. Describiría ese beso como, perfecto. Fue mi primer beso y no habría querido que fuese con ninguna otra persona, solo con él, con Peter.
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Nací para amarte
Storie d'amoreHace unos años me sucedió lo peor, y al mismo tiempo lo mejor, que me pasó nunca; enamorarme. Sí, ese sentimiento del que todos hablan... cuando llega te destroza por dentro, no sabes qué hacer, a dónde ir, qué sentir... porque solo eres capaz de pe...