53.

184 23 5
                                        

Martes 02 de mayo, 2022


Me tocas,

y entonces yo me alejo.

Tu dudas y me miras,

agotado de mis distancias,

mientras yo empiezo a mirar el tiempo.

El mismo reloj con los mismos números,

las mismas tres palabras,

tu misma mirada,

la misma carencia callada,

el sonreír no queriendo.

Entonces miras el exterior,

dandote cuenta de la vida pasar,

pero no miras las miradas agotadas,

no te das cuenta de muy dentro.

Y casi se te olvida

y piensas en labores,

mientras mi mano sigue buscando la tuya,

aún sabiendo que no te quiere,

y si te quiere,

ya ha dejado de hacerlo.

¿Entonces por que te busca?

Por la costumbre de tu tacto,

¿por la manía de sentir la fuerza de tu mano?

¿Por la terquedad de ir encontra de tu tiempo?

Sé que me tomas cuando mis brazos te sueltan

y sé que te aferras cuando no me aferro,

y entonces te das cuenta,

casi sin darte cuenta,

que se nos ha ido el tiempo.

Habías pasado contándolo,

temiéndole,

huyendo del sonido a cambios de hora,

a carreteras apresuradas,

que te habías olvidado de mi mirada,

aún esperando,

aún sintiendo.

Me tocas,

y mi tacto ya no reconoce más tu tacto,

tus minutos ya no son tus horas

y mis horas ya no son tu consuelo.

Me habías perdido,

atorado en el circulo interno de un reloj.

Entre cada una de sus manecillas.

Entre cada uno de sus sonidos.

Me habías perdido sin perderlo...

Al tiempo,

porque él aún seguía contando,

sin estar yo. 

365 otoños durante ti.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora