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Miércoles 06 de junio, 2022.


Recados que nunca llegaron,

palabras que nunca fueron dichas,

fueron escritas

y ahogadas

en tus tintas azules,

entre el miedo

y el temor.

Tus pasos apresurados

buscando caminos

dónde poder encontrar mis pasos,

cuando los míos

solo buscan

no volverte a encontrar...

La costumbre

se había ido disfrazando de amor,

y en duda

entre la nostalgia y la aventura

mi rebeldía era amenazada con tu querer;

La libertad

había comenzado a brotar espinas

que sin nunca haber sido regadas

comenzaban a hacer sangrar mi cuerpo.

Los caminos

mezclados entre miedos,

de preguntas atoradas en la garganta

y heridas de los inicios del corazón.

Esperanzas falsas

de sobre salir en un nombre,

de marcar vidas

donde se llenara tanto el vacío

de nunca poder ser dos.

La mente

comenzaba a pensar evitando

a toda costa sentir.

Porque sentir sin pensar es sufrir,

pero pensar sin sufrir es carecer.

Olores viejos,

de quien asimila los recuerdos con el pasado,

metas nuevas de quien no teme escribir dudándo.

La permanencia

se había convertido en una haula,

donde sus llaves se escondían en nuestras manos,

el verdadero problema era no querer salir.

Porque cuando se quiere,

se pierde la idea imaginativa

de cambiar tus pasos a tu ritmo

y no al de un corazón ausente

que asimila estar herido.

Las respuestas

siempre estaban en la intención de la pregunta, aunque la mente terca y necia

nunca se atreviera a preguntar.

Recordarte

en cada lado del mundo,

en cada persona que se dejaba encontrar,

en cada sueño que mi vida anhelaba,

en cada error que mi presencia lamentaba,

en cada avance que mi vida daba,

ahí estabas tú.

Con esas tres letras en tu nombre,

y esos apellidos bien compartidos.

Tarde,

más tarde que temprano,

son solo aquellas dudas afiladas

quienes desgastan un amor afilado.

Quienes cansan a quien no se cansa,

quienes agotan a quien no se agota.

Aún así,

muy dentro,

muy en el fondo,

aún se conservaba el amor

de la idealización mía.

Porque no se extraña a quien no se tiene

y no se ama a quien se ha quedado,

pero termina aferrándose

a no irse de lo más profundo del corazón.

De la ausencia callada

de lo que un día se auto nombró

<<corazón>>.

365 otoños durante ti.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora