Cap. 2.- La llegada al pico

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El viaje desde Gusu Lan hasta el pico SiSheng no fue tan largo, de modo que dos días antes del inicio del torneo habían llegado a la ciudad de Cai Die y decidieron detenerse allí para descansar un poco.

— El pico SiSheng está a un día y medio de distancia de aquí yendo en espada— dijo Lan WangJi—. Podemos pasar la noche aquí y reanudar la marcha mañana temprano.
— Es una buena idea— dijo Lan XiChen—. Será mejor que busquemos una posada.
— Tengo hambre— intervino Wei WuXian haciendo un puchero—. Hemos viajado mucho y no he comido nada.

Los dos jades voltearon a verlo y Shi QingXuan intervino en ese momento.

— Vi un restaurante cerca de aquí. Puedo acompañar al maestro Wei para que coma un poco— dijo.

Wei WuXian jaló a Shi QingXuan antes de que nadie dijera nada y ambos se dirigieron al restaurante, pidiendo dos platos de sopa, uno con mucho picante. A Wei WuXian le encantó ver como la mayoría de la comida servida allí era picante y sonrió encantado.

— Me siento en el paraíso— declaró, mirando a Shi QingXuan—. Hablando de... ¿Cómo es el cielo?
— Ah, no es gran cosa— dijo Shi QingXuan encogiéndose de hombros.

La comida llegó y ambos empezaron a comer. En ese momento un grupo de viajeros entró al lugar y ocupó una de las mesas más alejadas. Shi QingXuan volteó hacia el grupo mirando con curiosidad, había algo en alguno de ellos que se le hizo familiar, pero al final se encogió de hombros y continuó comiendo.

— ¿Cómo puedes decir que no es gran cosa?— dijo Wei WuXian haciendo un puchero—. ¡Estamos hablando del cielo! Debe ser esplendoroso y brillante... y seguro me echarían de allí al segundo día.

Shi QingXuan se echó a reír a carcajadas.

— Joven maestro Wei, le aseguro que nadie lo echaría del cielo por ser revoltoso— dijo.
— Por una moneda le relato las historias de los cinco cuentos celestiales y las cinco calamidades malvadas— ofreció un joven acercándose a ellos.

Wei WuXian estuvo a punto de aceptar, pero Shi QingXuan negó con la cabeza y se puso en pie, saliendo del lugar inmediatamente.

¿Desde cuando los cuentos celestiales son cinco?

Sea cuál fuera la respuesta, él no quería saber.

*****

Temprano por la mañana, el grupo reanudó el viaje llegando al pie del pico SiSheng en el tiempo acordado. Lo primero que les recibió fue una estatua esculpida a mano en roca de un joven cuyo brazo derecho estaba extendido hacia arriba sujetando una espada mientras que su mano izquierda tenía un abanico desplegado, su pose heroica contrastaba con su rostro tranquilo y sonriente, desbordante de alegría.

— Vaya.

Lan SiZhui y Lan JingYi observaron la estatua, anonadados. Aunque Receso de las Nubes tenía un pequeño santuario para Shi QingXuan, no había estatuas y el único que iba al templo de ciudad Caiyi era Lan XiChen, por lo que era la primera vez que veían algo así.

— Creí que el pico SiSheng no tenía una estatua del señor del Viento— dijo Yue QingYuan detrás de ellos.
— No la había— dijo Xue Meng apareciendo frente a ellos.

El joven llevaba un sencillo atuendo azul marino. A su lado derecho se encontraba un hombre vestido de negro, de piel tostada y ojos negros, casi violetas. A su izquierda estaba un hombre vestido de blanco, de porte elegante, cuyos ojos de fénix miraban atentamente a los invitados.

— No habíamos tenido tiempo de colocar una estatua, pero una noche hubo una terrible tempestad— explicó Xue Meng—. En medio del desastre hubo un aluvión de una montaña cercana, el viento sopló alejando las rocas de las aldeas vecinas y una cayó justo aquí.
— Iba a moverse, pero Shizun no lo consideró necesario— intervino el hombre de negro—. Shizun vino aquí con varias de sus herramientas y esculpió la estatua él mismo, trabajando en ello durante varios días.

Lan XiChen volteó a ver a Shi QingXuan con una media sonrisa, el dios soltó una risita nerviosa y luego se inclinó levemente.

— Me siento muy honrado, Chu-zongshi— dijo.

Chu WanNing asintió sin decir nada más, y Shi QingXuan dirigió una mirada al hombre de negro.

— Usted debe ser Mo-zongshi— dijo—. Es un placer conocerlo al fin.
— Lo mismo digo, señor del Viento— dijo Mo Ran con gentileza—. No es lo mismo ver una representación de usted a verlo en persona.
— Ah...

Shi QingXuan se sonrojó un poco y Chu WanNing le dio un codazo a Mo Ran.

— Mo WeiYu, no seas impertinente— dijo.

Xue Meng soltó una carcajada e indicó a sus invitados que los siguieran.

— Solo les advierto que es una larga caminata— dijo.

En efecto, había sido una larga caminata. Cuando llegaron a la secta propiamente dicha vieron que los clanes Jiang y Nie ya estaban allí. Shi QingXuan vio que junto a Jiang Cheng estaban Jin Ling y Ouyang ZiZhen, y para su sorpresa Qi Rong y Gu Zi estaban con Nie HuaiSang.

— Ah, el líder Nie realmente tomó al joven Gu Zi como discípulo— comentó Lan XiChen.
— Espero que Qi Rong no les haya dado problemas— dijo Shi QingXuan arrugando la nariz.
— QingXuan...
— No estoy hablando mal de nadie a sus espaldas, Shizun, mire.

Shi QingXuan señaló hacia Qi Rong, la calamidad lo observaba con gesto adusto y después una sonrisa burlona se formó en sus labios dando media vuelta. Lan XiChen suspiró negando con la cabeza y miró a su discípulo.

— Dime, ¿qué hay de la piedra?— preguntó mientras Xue Meng ordenaba a sus discípulos guiar a cada secta a sus respectivas habitaciones.
— ¡No es lo que cree!— exclamó Shi QingXuan bastante avergonzado—. De verdad, no es lo que cree. Yo acudí escuchando las plegarias de la gente y cambié el curso del aluvión, no me imaginé que una roca pudiera viajar tan lejos.

Lan XiChen soltó una risa al ver a Shi QingXuan tan abochornado.

— Relájate— dijo—. Solo estoy jugando contigo.

Shi QingXuan hizo un puchero, aunque después sonrió feliz de ver a su maestro capaz de jugarle una broma, algo totalmente impensable para un Lan. Era bueno que el primer jade se relajara un poco.

— Shizun es tan malo conmigo— se quejó falsamente, y luego se echó a reír.

Viento celestial (3/4)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora