Shi QingXuan había visto al Reverendo de palabras vacías una sola vez, cuando tenía diez años. En aquella ocasión había decidido subir la montaña para llevarle comida a su hermano dado que se había tardado en regresar, pero se había perdido. Fue entonces que una figura oscura apareció en las sombras y no lo soltó hasta que fue al cielo medio como diputado del palacio del Agua y fue cuestión de tiempo para ascender como dios del viento, una gloria de la que disfrutó sin saber las consecuencias sufridas por ello.
Y ahora el ser que lo había aterrorizado desde la infancia aparecía de nuevo en su vida.
— ¿Qué es esto?— preguntó el dios del viento llevándose las manos a la cabeza—. ¿Qué es esto, qué…?
El Reverendo de palabras vacías dirigió su mirada a él con una sonrisa, saboreando su desesperación, y dio un paso hacia él solo para ser violentamente empujado por una ráfaga de viento helado que lo atacó.
— ¡No vas a volver a arruinarme la vida!— exclamó Shi QingXuan con determinación aunque la mano con la que sujetaba su abanico temblaba—. ¿Me has oído? ¡No te permito asustarme de nuevo!
El ente de mala fortuna se movió rápidamente tratando de alcanzarlo, separando los labios para darle un augurio cuando se vio frenado esta vez por un chorro de agua que frenó su paso y el mismo viento helado lo rodeó congelando el agua que lo aprisionaba. Más columnas de agua se abalanzaron sobre él que fueron congeladas con la misma rapidez con la que aparecían. He Xuan y Shi QingXuan se habían olvidado de todo lo que les rodeaba: se olvidaron de la amenaza de la grieta, de la gente a su alrededor, de los demonios apresados y de la calamidad y sus secuaces; su atención estaba fija en el ser causante de todas sus desgracias. El hielo comenzó a resquebrajarse hasta romperse por completo con un estallido y el Reverendo de palabras vacías salió de su prisión, listo para esparcir su mala suerte sobre sus dos objetivos.
— Tú...— dijo señalando al dios del viento con índice de fuego, dispuesto a maldecirlo.
De repente, He Xuan apresó a Shi QingXuan impidiéndole moverse: su brazo derecho rodeó su cuello mientras su brazo izquierdo rodeó su cintura, sus cuerpos se pegaron uno al otro y el rey demonio acercó el rostro al del dios, susurrando con voz tétrica:
— No serás afectado por ninguna maldición que no provenga de mis labios.
Shi QingXuan se petrificó al oírlo. ¡Había olvidado que He Xuan tenía el poder de maldecir a otros! El Supremo lo soltó y con un aspaviento de la mano dirigió a varios de sus peces hueso contra el Reverendo de palabras vacías a la par que el dios desenvainaba su espada y se dirigía contra él.
— ¡Vas a caer sobre tu propia espada!— exclamó el Reverendo dirigiéndose a Shi QingXuan.
Sin embargo no pasó nada, y el ente siguió lanzando maldiciones de todo tipo sin que éstas afectarán a su objetivo en lo más mínimo. Shi QingXuan alcanzó al Reverendo de palabras vacías y lanzó un golpe con la espada que atravesó limpiamente al ente frente a él y éste se desvaneció apareciendo de nuevo detrás del dios, extendiendo una mano para atrapar a su objetivo. Shi QingXuan alzó el brazo propinando un golpe con el codo en el rostro de su contrincante y el Reverendo de palabras vacías retrocedió siendo atrapado por He Xuan, que estaba dispuesto a devorarlo de no ser por un detalle: el movimiento brusco había provocado que el rostro del Reverendo quedará al descubierto y tanto el dios como el Supremo se paralizaron mirando fijamente aquel rostro.
Esto es un sueño o una mala broma….
¡El Reverendo de palabras vacías lucía igual a Shi QingXuan!
El dios del viento alzó la espada dispuesto a despedazar a esa cosa pero el ente se zafó del agarre al que había sido sometido con una carcajada y por primera vez habló con voz clara, una voz similar a la del dios que intentaba atacarlo.
— Así que en este mundo tuve buena suerte— dijo—. Que jodidamente adecuado.
El Reverendo se echó a reír a carcajadas ante el desconcierto de He Xuan y Shi QingXuan y volteó hacia la calamidad de blanco, que estaba ocupado lidiando con Xiè Lian. El ver esto hizo que sus carcajadas fueran más sonoras. Señalando las sectas que lo rodeaban clamó:
— ¡Todos ustedes verán a su pilar tambalearse y caer!
Después de esto corrió tomando a uno de los encapuchados de gris para lanzarlo a la puerta. Un crujido llamó la atención de los presentes y sus miradas se dirigieron a aquella puerta, la cual comenzaba a resquebrajarse hasta destruirse por completo.
— Temí que esto iba a pasar— dijo negando con la cabeza—. ¡Wu Ming! ¡Wu Lang! Es hora de irnos.
— ¡Que no escapen!— exclamó Xiè Lian.
— Sus intentos no van a funcionar— dijo el Reverendo de palabras vacías mientras el pequeño grupo se retiraba a pesar de los intentos para detenerlos.
Los dos acompañantes del Reverendo habían quedado atrás al ser apresados por JianGui y TianWen. La capucha de uno de ellos había caído, y para sorpresa de todos vieron a He Xuan. El rey demonio se acercó a aquella persona, mirando la apariencia humana que había tenido y que ya no recordaba, sus propios ojos lo recorrieron con desconcierto y finalmente preguntó:
— ¿Tú eres yo? ¿Cómo…?
He Xuan se apartó como si hubiera recibido un golpe, desconcertado. Shi QingXuan se acercó y la otra persona volteó hacia él con brusquedad, con lo que su rostro quedó al descubierto. Shi QingXuan se detuvo, petrificado.
— Tú...— dijo, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Frente a él estaba su hermano, Shi WuDu.
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Viento celestial (3/4)
FanfictionEl pico SiSheng ha decidido convocar a varias sectas para un torneo de habilidades, entre las cuales se encuentra Gusu Lan. Viendo esto como una oportunidad de entrenamiento, Shi QingXuan decide acompañar a su maestro con el fin de prepararse para e...
