Capítulo V

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Volví a mi casa emocionada y feliz. Sonreía por la calle, y pensaba lo extraña que me vería para las personas que tan serias caminaban a mi alrededor. Estaba por entrar a mi edificio, cuando me tocaron el hombro. Me di vuelta y ahí estaba. Patrick.  Genial.

- Hola Cenicienta – dijo con una sonrisa amable.

- Hola Patrick, ¿cómo estás? ¿Qué haces? - levanté una ceja.

- Bien, pues yo vivo aquí enfrente – Señaló con el dedo índice el edificio justo enfrente del mío.

Yo estaba con  las llaves en la mano en ese momento, asique no podía mentir.

- ¿En serio? Pues yo vivo aquí mismo. Nunca te había visto, es extraño considerando que he vivido aquí toda mi vida.

- Ese es el punto. Me mudé hace un mes – Su tono fue presumido – No conozco a nadie, excepto a ti claro.

- Genial, tampoco te pierdes de mucho. ¿Vives solo?                               

- Sí, intento independizarme, ya sabes…

- Genial, me alegro, es una buena experiencia, supongo – me encogí de hombros, no sabía qué decir.

- Oye, ¿estás ocupada ahora?

- No la verdad es que no.

- Quisiera mostrarte algo, ¿tienes unos minutos? 

- Está bien, solo déjame subir esto. Será un segundo en seguida bajo.

  No sabía que pretendía este chico, pero no iría a ningún lado cargada de cosas. Subí rápido y dejé las bolsas arriba de mi cama, sin descolgarme la mochila de la espalda, tomé mi gorro nuevo de pompones, pues empezaba a refrescar. Me dejé el pelo suelto y me lo coloqué. En menos de cinco minutos estaba de vuelta en el ascensor. Era curioso cómo hace unas semanas atrás todo mi contacto con la especie masculina se reducía a unos textos con mi padre, y a charlas con mis profesores. Y ahora, tenía dos chicos en mi vida. No es que la situación me emocionara ni mucho menos… Bueno aunque Rainer, me parecía jodidamente interesante, no era el caso de Patrick, él sólo… no me caía tan mal.  Las puertas del ascensor se abrieron y vi a Patrick de espaldas, aguardando por mí. Salí a la calle, y al verme con la mochila puesta, lanzó un gesto inquisitivo.

- ¿Eres Dora la exploradora? Pensé que habías ido a dejar las cosas

- No voy a ninguna parte sin esto, dije dándole unos toquecitos a mi mochila.

- Bien, vamos a mi casa.

Me detuve en seco. ¿Qué le pasaba a este?.

- Tranquila, no a mi apartamento. Veras, mi edificio tiene varios pisos más que el tuyo, y tiene una azotea fabulosa. Se ve casi toda la ciudad desde ahí arriba, sólo quería mostrártelo.

- Ah, genial. – Mi voz no sonaba tan entusiasmada como pretendí.

- Por cierto, lindo gorro.

- No te burles.

- No lo hago.

  Cruzamos la calle, y entramos en su edificio. Subimos al ascensor, que tenía tres veces más botones que el mío, y presionó “azotea”.

- La primera vez que subí estaba atardeciendo, casi como ahora. Quería mostrárselo a alguien.

- ¿Eres gay Patrick? – Abrió mucho los ojos, y su cara me dio mucha risa- Ok, voy a tomar eso como un no.

- ¿Qué rayos fue eso? ¿Tengo pinta? Tengo muy buen gusto para vestirme, pero eso no significa que…

- Vale, vale, tranquilo. Es que todo esto del atardecer. Es un poco raro que le des importancia a algo tan ¿romántico?

Furiosos PétalosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora