Mentiría si dijera que en ese segundo me enamoré de Albano Rainer. Uno no se enamora de golpe, ni despacio. Uno no se enamora con un beso, o con un gesto. Uno se enamora sin querer, por un conjunto de cosas. La sensación es parecida a la que se experimenta cuando una corriente marina se apodera de tu cuerpo. Mientras más desesperado se lucha por salir, más dominante e inmenso se muestra el mar. Así es el amor, cuando caemos en la cuenta de que estamos en él, ya es demasiado tarde para recalcular la situación. Y lo mejor que nos puede pasar, es ser plenamente consciente de todo lo bueno que nos hace sentir esa otra persona. ¿Y por qué no? También de todo lo malo. Al fin y al cabo sentir es lo que importa, y rendirse en esta guerra puede llegar a ser la mejor parte.
Estaba rodeada por todo su trabajo, todo en esa habitación gritaba soy producto de Albano Rainer. Así como un Picasso se reconoce en cualquier museo del mundo, podía reconocer sus cuadros, su estilo. La furia de sus pinceladas sobre el lienzo, me hipnotizaba. La precisión con la que utilizaba las luces y las sombras, las combinaciones de colores vivos y chirriantes. Recorría cada uno de los cuadros de esa habitación, como si cada uno fuera el misterio más emocionante del universo.
- Esto es tan hermoso – Tenía las manos en la boca. Una sensación extraña me recorría de arriba a abajo. Otra vez, él era el causante de que un tsunami de emociones me estuviera destrozando el cuerpo.
- Sabes, a veces no sé si realmente mi trabajo le gusta a las personas, o si sólo lo alagan para acercarse a mí. – Estaba serio, y me miraba fijamente a los ojos.
- Bueno, yo no quise acercarme a ti.
- ¿No? – Levantó las cejas sorprendido.
- No, fuiste tú quien te metiste en mi vida sin pedir permiso. Me tiraste al suelo de un golpe, ¿recuerdas?
- Y lo volvería a hacer…- Se acercó lentamente.
- ¿Me estás diciendo que chocaste conmigo a propósito? – Grité sorprendida.
- Ajam…- asintió mientras tomaba unos trozos de algo negro que no ví que era. – Párate junto a la ventana.
Se empezaron a escuchar los habituales estruendos que precedían la lluvia londinense. El cielo estaba encapotado como siempre. El aire cargado. No tardaría en comenzar a llover. No presté atención al pedido de Albano, me acerqué a la ventana, y vi como las gotas comenzaban a formar figuras en el vidrio, provocando un hermoso efecto con la luz de la ciudad del otro lado. Desee fotografiar esa ventana, y recordé que tenía mi cámara en la mochila. Fui por ella al salón, y volví al estudio. Cuando regresé entendí que era lo que pretendía hacer.
Me apoye en su hombro, mirando por encima de él la hoja blanca que tenía delante. Y los trozos de carbonilla esparcidos por el tablero de dibujo.
- ¿Vas a dibujar? – Levanté la cámara y le saqué una foto a sus manos manchadas de negro por los rastros de la carbonilla que había estado sosteniendo.- Me encantan tus manos.
- Te voy a dibujar – Frunció el ceño- No me desconcentres, ve a sentarte al lado de esa ventana.
- Que mandón Rainer. – Me quejé, y antes de sentarme le saqué una fotografía a la ventana que ahora estaba absolutamente cubierta de gotas.
Me senté en una banqueta de madera con mi cámara colgando del cuello. Albano apagó la luz principal y sólo dejo una pequeña luz que iluminaba su hoja blanca de papel. Entendía lo suficiente de luces como para saber que de esa forma, sólo vería mi figura a contraluz. Sin detalles. Sólo mi contorno, iluminado a medias por las luces nocturnas del exterior, y los relámpagos que de vez en cuando teñían de una luz blanquecina la habitación.
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Furiosos Pétalos
RomanceA veces no se trata de encontrar a tu alma gemela. A veces sólo se trata de encontrar a una persona cuyos demonios se entiendan perfectamente con los tuyos. "No sabía qué clase de demonios lo atormentaban. Pero estaba dispuesta a salvarlo, incluso d...
