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Capítulo veinticuatro:
"Estaré aquí si me necesitas"

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Al llegar a casa el sentimiento se hace más fuerte. ¿Por qué? ¿por qué él? ¿por qué sucedió todo ésto?.

No estoy llorando a mares, pues una parte de mí aún no se cree que todo ésto esté pasando, aún así la presión en mi pecho no desaparece.

Caminó hasta mi habitación, arrastrando mis pies y ese es el único sonido que resuena por toda la casa.

Tan silenciosa, tan vacía.

Nunca antes la había sentido de ésta manera, es decir, por lo general estoy sola en ella, pero sabía que al final del día vería a mis padres. Estaba consciente que su ausencia era efímera, pero ahora es diferente, pues uno de ellos no volverá a cruzar esa puerta.

No diría que era el mejor padre de todos, lo veía pocas veces y no teníamos un lazo muy estrecho, pues siempre estaba ocupado y lo entendía. Todo lo que tenemos es gracias a él, incluso el que vivamos en Corea se debe a él. Pero siempre se preocupaba por mí, estuvo pendiente de que nada nos faltase, siempre se preocupó por su familia. Vivió y murió por nosotros.

Y decirlo me duele, sé que aceptarlo será un proceso difícil.

Bien dicen que «nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde», y ahora lo entiendo, debí aprovechar cada segundo que tenía con él, debí valorar cada cosa que hacía por mí, aún si era efímera.

Siempre me enfoqué en las cosas malas, estuve tan enfrascada en mi duelo con mi madre que me olvidé que tenía un padre que, aunque no estaba tan presente en nuestras vidas, me quería.

No hacía falta que lo dijera, sus acciones hablaban por sí solas.

Frente a la peinadora puedo notar lo mal que me veo, mis ojos están rojos al igual que mis mejillas y mi nariz, mi rostro está bañado en lágrimas.

El silencio de alguna forma me perturba, mis pensamientos son un lío ahora mismo y mis sentimientos hacen añicos mi corazón.

Mi teléfono suena en la lejanía y llevo mi vista hacia mi cama —donde antes tiré mi mochila y mi saco—, me quedo con la mirada fija en ese punto, sin intención alguna de acercarme a responder la llamada.

Pues la última llamada que recibí era sólo malas noticias.

El teléfono deja de sonar pero al instante vuelve a hacerlo, yo simplemente camino hasta mi cama y me tiro de brazos abiertos a ésta misma. Entonces me permito sollozar con la cara enterrada en las suaves telas de mis sábanas, que se encargan de ahogar el doloroso sonido.

El teléfono suena un par de veces más y finalmente cesa, anunciando que la persona ha desistido y todo queda en silencio nuevamente.

Y entonces lloro aún más, hasta caer rendida.

Horas después, unos gritos en la entrada principal son los que me despiertan.

fallin' all in you; hwang hyunjinHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora