Capítulo 1

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"No eran amantes, no eran novios y tal vez no eran amigos. Pero siempre fueron el uno para el otro".
-Mario Benedetti.

Dakota.

Hay instantes donde todo simplemente toma un poco más de sentido, el ritmo de tu corazón se para un milisegundo para ir con todo, es como si tomara fuerzas para latir con todo lo que da. A mi me sucedió en el momento más extraño y menos apropiado.

Pero ya va, necesito ir desde el inicio.

***

Las clínicas no son mis favoritas y mucho menos cuando me siento de esta forma. Sola, mi mamá y yo, solas. Eso siempre ha sido así, pero nunca se había sentido tan frío como ahora.

Quizás esté exagerando un poco, pero es lo que estos lugares te hacen.

Lo que nos trajo fue un pequeño incidente que pasó en mi casa, mi mamá se cayó por un mareo. Ella dice que es una cosa de nada, pero estoy segura que esto es por la sobrecarga de trabajo.

Mamá es la mujer más entregada al trabajo que conozco, su vida es un 40% viajes de negocio, 30% trabajar en su oficina, 15% lo social y el otro 15% la familia, que vendría siendo yo.

Normalmente no me molesta porque ¡Vamos! Soy una joven de dieciocho, es genial no tener tanta atención y poder hacer de las mías, pero en este instante sí me preocupa.

Solo espero que le receten unas vacaciones...

Una ráfaga inesperada me hace salir de mis pensamientos. Mi instinto busca la respuesta.

Es un chico.

Ha pasado muy cerca mío.

Miro como que se acerca a una enfermera y ella se ve extrañamente triste. No soy alguien curiosa, pero hay algo que me hace querer verlo más. Aún no le he visto el rostro, pero parece bastante alto y con un porte atlético.

La enfermera solo habla y le muestra unos papeles. Con eso le indica los asientos frente mio y se aleja de él.

Rápidamente al darme cuenta que se va a voltear, me obligo a mirar a otro lado. De reojo lo veo sentarse, pero no ha levantado la vista de los documentos, por eso me atrevo a mirarlo.

Tragó con fuerza al notar lo atractivo que es.

Castaño, ojos grandes, pero no puedo descubrir el color.

Como si me leyera la mente, levanta la cabeza y por la luz blanca de la clínica, puedo ver que son verdes.

Verdes con tenues motas doradas y es como ver un bosque al amanecer. Siento un extraño hormigueo en mis manos al observar con tanto detalle.

Estoy segura que no es mucho mayor que yo. Sus ojos tienen un brillo de inocencia que me hace creer que podría tener mi edad.

Soy consciente de que nos estamos mirando fijamente cuando frunce el ceño.

Oh mierda.

Miro al piso instintivamente y pienso en varias maneras de huir de la situación. Pero gracias al cielo la enfermera vuelve y él se pone de pie siguiéndola.

Cuando levanto el rostro ya lo he perdido.

Esta sala es un poco deprimente, veo personas preocupadas, otras salen de las habitaciones llorando.

Una extraña sensación se hace presente en mi, me causa angustia que el chico lindo salga igual que esas personas.

¿Por qué estará acá? ¿Estará enfermo?

Él se ve saludable, pero estaba preocupado.

Juego con mis manos un poco ansiosa y deseando volver a verlo antes de irme.

Mi deseo se cumple más rápido de lo que pensaba porque lo veo salir de un cuarto y se ve más serio.

Está en el otro extremo del pasillo y ahí se sienta mirando fijamente a sus zapatos.

No quiero que me vuelva a atrapar por eso intento no verlo directamente y paseo mi vista casualmente.

Se ve un poco mortificado, por un momento me cruza la idea de acercarme, pero es tan estúpida que la borro.

¿Por qué hablaría de eso conmigo? De hecho, ¿Por qué hablaría conmigo?

Lo mas probable es que pareciera una demente. Hay tantas formas de hacer el ridículo que ni lo sigo pensando.

Pero me estremezco al verlo pasar frente a mí, dirigiéndose a la salida.

Como si fuera inercia lo sigo.

No tengo idea de lo que estoy haciendo, pero mi cuerpo actúa por sí solo.

Fuera de la clínica lo busco con la mirada y lo encuentro recostado en la pared, con los ojos cerrados.

No sé, si es un impulso o que estar acá me pone sensible. Porque yo no haría esto, pero no puedo evitarlo.

No pienso con claridad, pero de igual forma me paro frente a él. Su altura me deja un segundo en blanco porque aunque soy alta, él me lleva como dos cabezas y tengo que levantar la vista para mirarlo a los ojos.

– A veces la vida es una mierda, ¿No? – hablo con la voz un poco baja por los nervios que se apoderan de mi ingenuo cuerpo.

– ¿Perdón? – me dirige la mirada con el ceño fruncido.

– Lo siento. Te ví allá dentro y sólo pensé que debía decirlo. – explico. – Que lo que sea que haya pasado, te parecerá una injusticia, pero a veces así es la vida, te trata como se le da la gana y eso es una mierda.

– Extrañamente tienes razón, desconocida. – suspira como si la situación no tuviera remedio y en ese pequeño instante puedo detallar su voz. Suave, ligera, pero masculina.

– Soy Dakota. – le extiendo mi mano.

– Asher. – toma mi mano y me da una sonrisa dejándome ver sus hoyuelos.

El preciso instante donde con una sonrisa y momento incomodo, todo me empezo a cambiar, no sabia que me pasaba, pero el pecho me iba con fuerza y el mundo empezó a tomar un poquito mas de color.

Me tiene. Maldito hombre hermoso.

Sin Conocernos [BORRADOR]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora