otto

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Todo volvió a la normalidad, eso parecía

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Todo volvió a la normalidad, eso parecía.

Jungkook tenía frente a él a Francesca, quien mantenía una sonrisa falsa en su rostro, se veía cansada, sin muchos ánimos de estar allí. Sus manos descubiertas hacían delicados trazos en el lienzo, en completo silencio y en una tensión evidente que nadie podía ignorar.

Regresó a la residencia Marcini un par de días después de que Taehyung tenga esa especie de declaración que dejó a ambos más confundidos que esclarecidos. ¿Qué iba a pasar? Ni siquiera lo sabía. El hombre siguió con su usual comportamiento, con un par de sonrisas dirigidas sólo a él y un atrevido, pero inocente roce con sus manos que le hace delirar.

—Tengo miedo, pero... no podría vivir sin haberlo intentado.

¿Intentar qué? Iba a volverlo loco.

A su lado, un par de sirvientas descansaban en las paredes, también con notables signos de cansancio al esperar un par de horas sin hacer nada, solamente vigilando que no hiciera ningún movimiento sospechoso o peligroso. Eso había indicado la señora Fiorella. Esa mujer empezaba a ganarse de a poco su odio.

—¿Podemos parar un momento? No me siento bien.

Alzó su mirada, Fran le miraba con súplica. Sus característicos ojos joviales no se encontraban más con ella, ahora sólo era una adulta un poco mayor a él con agotamiento extremo.

—Por supuesto, ¿necesitas algo?

Ella negó. Solo quería respirar un poco. Cerró sus ojos y dejó de mantener una postura recta, su espalda se vio apoyada en el sofá donde estaba sentada y las joyas que adornaban su rostro empezaron a caer al suelo con ayuda de sus manos.

La forma en la que llegó para ser pintada era extraña, demasiado arreglada a comparación de Rosé, con un gran vestido en tonos amarillos claros y bisutería en sus manos, cuello y orejas. Mas no dijo nada, no le incumbía.

—Señorita — de inmediato, otra mujer corrió hacia donde ella para volver a retocar su aspecto. También su peinado se vio afectado con la frustración de la mayor —. Su madre quiere que lleve puesto esto para el retrato, lo ordenó.

—Ahora no, Caramella. Mi cabeza no da para mi madre justo ahora.

Algo está mal.

A pesar de las advertencias de las sirvientas, se acercó a paso lento después de ver con extrañeza a la joven, sus cachetes empezaban a tomar color de una mala forma, no parecía natural y saludable. Las pequeñas gotas de sudor que resbalaban desde su frente hasta sus cejas indican calor en su cuerpo, mismas que iban desapareciendo cuando se limpiaba con sus manos.

No quería tocarla, no debería.

Con cuidado, casi como si fuese a ser devorado, acercó su mano a su frente y temió por un segundo que Francesca rechace el tacto, pero estaba tan perdida en sí misma que no le dio importancia. Seguido a esto, acunó su mejilla con un poco más de seguridad y, después, rozó sus dedos en la parte superior de su cuello, casi por sus orejas, notando rápidamente la elevada temperatura que emanaba su piel.

Bella Mujer. | kth | jjk |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora