Amigos desde que tienen memoria, hermanos con distinta sangre en sus venas. Compañeros, confidentes, guardianes de sus mutuos secretos pero cuando uno de los dos da un paso en contra de la amistad y en favor del verdadero sentimiento, algo cambia, a...
Es lo último cuerdo que dijo cuando minutos atrás me arrodillé delante suyo y me tragué todo su pene de una. La verdad es que ni yo tenía idea de mi actuar, no podía entender por que lo hice si ciertamente me había mandado a casa pero no pude evitarlo. No soy gay, solo experimenté una vez a mis veinte años y no fue lo que esperaba, había estado bebiendo porque discutí con Joel y terminé en la cama con un tipo del que no recuerdo el rostro. Nunca le dije a nadie y cuatro años después, estoy aquí haciéndole un oral a mi mejor amigo, mejor amigo que acabo de descubrir, es gay.
Mis cabellos estaban presos entre sus largos dedos, por mucho que quiso quitarme, me aferré a su miembro hasta que desistió de la idea de alejarme y comenzó a disfrutar. A ratos alzaba sus caderas para llegar más profundo y apretaba su agarre en mi pelo para dirigir los movimientos, lo dejé, a fin de cuentas esto era para él aunque a decir verdad, se sentía bien en mi boca. Era largo, calculaba unos veintiun centímetros y bastante grueso, era sin dudas mejor pene que el mío y no me disgustaba escucharlo jadear por las veces en que succionaba la punta roja y brillante.
-Tienes un gran pene, Joel. -Hablé jadeando sin poder evitar expresar la verdad.
-Cállate idiota.
Ladró de vuelta a mí, quise reir por eso pero no pude porque volví a comerme su miembro con tanta hambre que el mío propio estaba duro como una roca. Bastante extraño todo lo que estaba pasando, él seguía sentado en el borde de la cama mientras yo permanecía de rodillas, con mis manos sobre sus muslos, apretando y dejando caricias torpes. Su sabor era bastante peculiar, su esencia se mezclaba con un leve sabor a vainilla, sabía que el idiota tenía jabones y cremas de ese olor pero era bastante productivo ahora saber que sus privacidades, también tenían ese aroma y sabor. Me gustaba, debía admitir que me tenía hipnotizado.
-Quiero tragarme todo...cuando te vayas a correr, no me quites.
Solo obtuve un gruñido por respuesta, un gruñido que era una mezcla entre enojo y excitación. Metí una de mis manos dentro de mis pantalones, mi erección pedía a gritos liberarse también y la sacudí con ganas mientras incrementaba mis lamidas y succiones en la suya. Él jadeaba cada vez más rápido, más desordenado y descontrolado, esa era la señal de que estaba pronto a terminar y algo dentro de mí se encendió. Apuré mi mano sobre mi pene y mis gemidos vibraban en la carne de su miembro, mis cabellos estaban siendo apretados de forma brusca mientras empujaba sus caderas contra mi boca. Si tan solo supiera lo caliente que estaba ahora mismo.
-Voy...
Anunció en un jadeo que se convirtió en gruñido, mucho mejor que ese que descubrí cuando se masturbaba con la porno y en pocos segundos tuve mi boca llena de su caliente y abundante semen. Quise tragarlo todo, hice lo imposible porque mi garganta soportara esa cantidad pero era mucho y terminé recibiendo una buena dosis sobre mi rostro. Chupé por última vez la punta para tragarme el resto que aún brotaba y moví mi mano un poco más hasta que mi propio semen se desparramó en el suelo, llevándose consigo mis fuerzas y haciendo que un gemido se escapara de mis labios. Permanecí arrodillado entre sus piernas con la vista de su pene húmedo delante de mí y alcé mis ojos para mirar la jodida cara post sexo más espectacular de mi vida. Tragué saliva con trabajo, me había quedado estático, comprendiendo lo que acababa de pasar pero él mostró a un Joel que yo no conocía y eso me hizo temblar.
-Súbete a la cama, Erick y sácate la ropa porque después de lo que acabas de hacer, no vas a salir de aquí como entraste.
Hice lo que me pidió con mi cuerpo temblando, su mirada no daba lugar a reproches, mucho menos a una negación, este no era mi mejor amigo, era un desconocido para mí. Una vez que quedé completamente desnudo, lo ví recorrer mi cuerpo con sus ojos encendidos en fuego puro, su labio inferior mordido con fuerza mientras que una de sus manos masturbaba su miembro que comenzaba a estar duro otra vez. Yo estaba temblando, sabía lo que iba a pasar, ya una vez fui el pasivo de alguien pero estaba borracho inconsciente sin embargo esto era completamente distinto, yo estaba sobrio, sin gota de alcohol en mi organismo, no podía decir lo mismo sobre estar cuerdo, definitivamente no lo estaba.
-Joel...-Susurré su nombre cuando subió sobre mí, cuando el calor de su cuerpo ahora expuesto se mostró sobre el mío.
-Eres la jodida cosa más caliente que he visto en mi vida, si te vieras ahora con todo mi semen en tu cara...
-No seas asqueroso. -Protesté como un idiota, la verdad es que estaba encendido increíblemente y no quería detener lo que sea que estaba pasando.
-Voy a follarte, amigo, tú mejor amigo te va a follar ahora. ¿No es eso lo que querías?
-No.
-Creo que si, por eso te comiste mi polla hace un momento, tienes una boquita muy sucia pero eso lo sabía, llevo años sabiendo que tu boca es una perdición pero tú solito me lo confirmaste.
-Idiota. -Protesté otra vez, este no era mi amigo, mi amigo no decía esas cosas, no me hablaría así jamás.
-Si pero el idiota que va a cogerte ahora, el idiota de tu hermano va a cogerte ahora y no puedes impedirlo, tú provocaste esto y tú vas a encargarte.
-Cállate...no hables así, te desconozco.
-No...no lo haces, solo tienes miedo de aceptar que te gusta esta parte de mí que no conocías. Estás más que duro, Erick, puedes engañar a quien quieras, inclusive a tí mismo pero no a mí.
-Idiota..-Quise patearlo fuerte, me estaba haciendo sentir vergüenza pero él agarró mi pene y provocó que gimiera alto.
-Voy a devolverte el favor pero después voy a meterme en tí, llevo años evitando meterme en tí pero ahora tú lo quisiste.
-¿Qué? -Sus palabras logran tomarme por sorpresa, una cosa es que estemos a punto de follar porque somos idiotas y la otra es que prácticamente confiese...¿Qué diablos significa eso?
-¿Qué?
-Acabas de decir...Joel... tú...
-No hables más. Cállate, solo...cállate Erick.
Y si quise protestar, quería saber que significado tenía su confesión pero él había hecho lo mismo que yo y ahora estaba sintiendo en mi propia carne lo que era que tu mejor amigo te hiciera una mamada.
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