Capítulo 12

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Joel

La figura temblorosa sobre la cama tenía mi atención por completo, verlo ahí, nervioso, ansioso, completamente sometido a mi dominio, era mucho más de lo que podía desear. En este mes que llevamos como pareja, hemos aprendido tanto del otro, tantas cosas nuevas que no tengo palabras para describirlo. Creí que conocíamos todo del contrario sin embargo abrir el corazón solo fue el primer paso para comenzar el camino real a la completa devoción que siento por él y que estoy seguro, él siente por mí.

Descubrí que Erick es juguetón, que cuando está excitado y quiere que lo sepa, tiende a apretar sus piernas, él no lo sabe pero es un gesto involuntario que hace cuando quiere que lo tome, da igual si solo estamos viendo una película inocente en el salón o si preparamos juntos la cena, cada que presiona sus muslos entre sí, está muy listo y deseoso de sexo. También aprendí que tiene muchísima sensibilidad en la espalda, ama que bese por encima de la curva de sus caderas y siempre gime alto cuando paso mi lengua a lo largo de su columna vertebral, por eso me gusta cogerlo en cuatro, porque además de hacerle lo que le provoca orgasmos largos, puedo perderme por completo en la maravillosa vista de mi pene enterrado entre sus nalgas.

-Papi...ven, quiero que me folles duro y sucio. Rómpeme todo, haz que no pueda caminar mañana.

Otra cosa que aprendí, siempre supe que tenía una boca sucia, que no tenía pelos en la lengua y que los filtros no existían para él a la hora de decir lo que piensa pero no me esperaba para nada que fuera del tipo que habla durante el sexo, sobre todo para largar palabras obscenas que lo único que hacen es incrementar a niveles descomunales, mi lujuria y ansias de joderlo y joderlo hasta que se le olvide el nombre, cosa que ha pasado, en varias ocasiones ha tenido que trabajar desde casa porque no ha podido ir a la oficina sin embargo trato de controlarme porque se que realmente le duele.

-¿Ansioso?

Pregunto entrando en su juego, está completamente desnudo y expuesto, yo estoy igual y es casi gracioso saber que ni siquiera nos hemos besado y ambos estamos en completo estado de erección. Agarro mi duro miembro y me trago un gemido, estoy sensible y muy excitado, quiero entrar en él ya y cuando lo veo observarme por encima del hombro, con esa cara de pervertido que solo él puede poner, no aguanto más y le pego una nalgada, una de las tantas cosas que he descubierto de él, le gusta que le pegue, siempre y cuando sea obviamente por placer, le encanta que mis dedos queden plasmados en su piel.

-Más...otra vez. -Pide empinando su trasero hacia mí y lo complazco con otra nalgada que lo hace chillar y paso una de mis manos por su cintura, amo su piel y lo sensible que es a mi tacto.

-¿Qué quieres? -Cuestiono apretando sus testículos, se que le gusta este juego de dominante y dominado y me lo demuestra con un hermoso gemido, mi pene late ansioso por entrar pero quiero escucharlo.

-Mhmm...apriétame más papi.

Vuelvo a hacer lo que me pide y por unos segundos me dedico a masajearlo donde quiere, lo escucho gemir y quejarse de gusto y se sigue empinando para rozarse con la punta roja y húmeda de mi masculinidad. Con mi otra mano lo empujo hacia el colchón para que su pecho se pegue ahí y se levanten más sus caderas, gruño ante la vista, maravillosa vista de sus nalgas limpias, solo marcadas por mis dedos. Acerco mi hombría a su entrada y disfruto de ver como se contrae ante el gesto, está tan necesitado, tan sometido.

-¿La pequeña zorra quiere que papi entre? -Cuestiono mientras empujo un poco, solo un poco para provocarlo y yo mismo me tengo que controlar para no meterme de golpe.

-Si...cógeme ya.

No es una súplica, es una orden que acato enseguida porque él ha deslizado todo su cuerpo en mi dirección, haciendo que la cabeza lo penetre y yo ya no quiero detener nada. Lo agarro de la cintura y sin mediar otra palabra, me meto por completo en su interior, sintiendo como sus paredes me aprietan de una forma completamente pervertida. El grito que profiere es al menos, desgarrador pero en el sentido de placer sexual, en el sentido de ese dolor que se que le causa pero que al mismo tiempo lo hace entregarse a mí por completo porque justo ahora, somos uno solo, unidos de la forma más carnal y cruda.

No pierdo tiempo en moverme, no importa si voy a durar poco tiempo, no puedo contenerme en romper contra él, fuerte, duro, preciso, como le gusta y como me gusta. Sus gritos y gemidos descontrolados, dicen presente desde la primera embestida y se que que le gusta porque no para de reproducirlos. Soy bruto y constante con el martillar a su agujero, me encanta la forma en que sus paredes me hacen prisonero, como contrae sus músculos internos para causarme olas y olas de placer. Es un maldito bastardo que sabe como conseguir lo que quiere y me pone loco cuando comienza a moverse también para que llegue más profundo.

-Eres...una zorra. -Gruño mientras busco el ángulo ideal, penetrando fuerte para llegar a su punto porque se que le encanta y a mí me fascina escucharlo cuando le pego ahí.

-Tuya...tu zorra.

Eso lo se, solo yo puedo tenerlo encajado en mi polla de esta forma, solo yo tengo el derecho de dominar su cuerpo tembloroso, solo yo soy quien va a darle todo lo que quiere. Me muevo más rápido y vuelvo a pegarle una nalgada que lo hace gritar una obscenidad, que lo hace contraer muy fuerte su agujero y eso me causa un placer instantáneo, casi como si succionara mi pene, como si quisiera atraparlo para siempre ahí y entonces...lo encuentro. Gime alto, medio lloriquea y sonrío complacido de alcanzar ese punto nervioso que lo eleva por encima de las nubes y retomo la velocidad, ahora dirigiendo mis embestidas al mismo lugar.

-¡Por la puta, Joel!

Su orgasmo lo descompone segundos después, haciendo que su semen se dispare de su propia erección, contrayendo sus paredes para hacer que el mío se quede en su interior, causando que gruña su nombre cuando toda la esencia caliente lo llena. No dejo de moverme mientras sale a chorros de mí, no puedo detenerme aunque sus piernas fallaron y ahora está sollozando desparramado en el colchón, así que demoro otro par de minutos de embestidas que van bajando de intensidad porque quiero llenarlo rico, quiero que absorva todo lo que es suyo.

-Eso...fue...

-Eres el papi más rico y abusador. -Susurra pegándose a mí, subiendo su cabecita en mi pecho una vez que he salido de él y me he tumbado a su lado.

-Eres una cosita grosera. -Aprieto su cintura y dejo un beso en su frente, estoy cansado.

-Solo contigo, amor. -¿Y cómo no voy a amarlo? Adoro todo de él, como pasa de ser un pervertido sexual a un bebé cariñoso y tierno en pocos segundos.

-Más te vale.

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Hard to accept ll JoerickDonde viven las historias. Descúbrelo ahora