12. Ira y alegría

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Miércoles 17 de febrero
8:05 am

— ¡Jade!, ya levántate, holgazana.

El continuo golpeteo en la puerta resonaba en la cabeza de la chica. Sin ganas, se levantó de la cama y le colocó el seguro a la puerta, tal vez Sarah solo se cansaría después de un rato y así ella podría volver a dormir.

— Sé que estás despierta, te oí ponerle el seguro a la puerta.— siguió golpeando con más ganas que nuca.

— Agh, maldita sea, ¡déjame dormir!.

Agarró con torpeza la almohada bajo su cabeza y giró su cuerpo boca abajo, mientras intentaba bloquear el ruido en la puerta con la almohada encima.

— ¡Haz dormido por diez horas!, no seas idiota.— vociferó desde el otro lado.

Jade se removió en las sabanas, irritada por los golpes que hacían eco en toda la habitación.

Los ruidos cesaron unos minutos después.

«Por fin», pensó con alivio.

Con un movimiento brusco, Sarah quitó la almohada que cubría la cabeza de Jade para después empezar a golpearla con ella.

— Dije — un golpe— que — otro golpe— te — terminó por arrojarle la almohada encima— levantes.

— ¡Está bien!, ya.— dijo entre risas.— ¿Cómo entraste?.

Sarah torció los labios, y alzó la mano en la que sostenía un manojo de llaves.

— Estas durmiendo en MI habitación, que está en MI casa, ¿eso responde tu pregunta?.— volvió a arrojarle la almohada.

— Bien, tú ganas.— se tiró nuevamente en la cama— Solo cinco minutos más.

Sarah salió de la habitación rodando los ojos, se preguntaba hasta cuando seguiría con su actitud despreocupada.

Jade McCall había estado quedándose en casa de la pelirroja por un par de días, aunque la rutina madrugadora de su amiga fuera irritante para ella, era mejor que pasar la noche sola en su apartamento, donde se arriesgaba a encontrarse con Austin en alguna de sus visitas. No dudaba en que el chico se apareciera frente a su puerta con la intención de hablar, y aunque eso ya no le parecía tan malo, aún no deseaba ver su cara, no después de lo que dijo.

Se levantó de la cama y la tendió con pereza, estiró sus brazos y piernas para liberar la tensión mientras contenía el aliento, para después dejarlo salir en un largo y sonoro suspiro. Después, tomó una ducha con agua fría, los moretones en sus brazos y en su rostro lucían mejor, al menos ya no le dolían cuando los tocaba.

«¿Hasta cuando dejarás de ser tan estupida?» Susurró para ella.

El agua le caía sobre la espalda y sintió un pequeño escalofrío. Recargó sus manos en el azulejo negro del baño y elevó el rostro, dejando que el agua le cayera directo en el.

¿Por qué no simplemente tiraba todo por la borda y empezaba de nuevo?, Jade tenía la respuesta en la punta de la lengua; no lo hacía porque le aterraba la idea de terminar sola, de nuevo.

Salió del baño y de su mochila sacó algo de ropa que había traído para pasar los días, se vistió con una camiseta negra de tirantes ceñida a su cuerpo y un short de mezclilla blanco, se colocó sus botas negras y en cuanto terminó bajó hasta la sala de la casa, se encontró con Sarah en la cocina preparando el desayuno, con un delantal puesto sobre su pulcro uniforme.

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