4. Encuentro

45 1 0
                                    

Highland Park, Los Ángeles, California
5:40 pm

— Billie... Bill... ¡Billie!

La joven desvió su mirada de la ventana, su hermano la miraba con extrañeza y preocupación.

— ¿Qué?.— suspiró.

— Hemos llegado.— señaló el chico.

Billie puso su atención nuevamente sobre la ventana, observó detenidamente lo que había frente al cristal. Contempló la casa donde había crecido, y por un momento no la reconoció.

Le resultaba extraño ver lo agradable que estaba el día; el sol acariciaba los árboles, las personas caminaban por la acera con normalidad, sonreían y hablaban entre ellas.

Todo a su alrededor parecía estar en paz, se sintió invisible y pequeña ante ello.

«Creo que si hubiera muerto nadie lo habría notado» pensó.

— ¿Estás bien, Bill?.— susurró Finneas.

La chica se encogió de hombros.

— Vamos.— animó el joven saliendo del auto.

Finneas sabía que algo no estaba bien, Billie estaba callada, parecía que su mente estaba en otro lugar; caminaba arrastrando los pies y sus tics eran más frecuentes de lo normal.

— Se siente bien regresar a casa ¿verdad?.— señaló Finneas .

— Supongo que sí.— contestó sin ánimos.

El chico miraba a su hermana con tristeza y nerviosismo, hace tanto tiempo que no la veía en ese estado; tan decaída y sin el brillo en lo ojos. Una época que temía en recordar.

La joven se percató de Finneas, sus ojos la seguían de cerca, apretaba los labios y mantenía sus manos juntas frotando sus dedos entre sí de arriba a bajo.
Ella le esbozó una sonrisa gentil, sabiendo que estaba preocupado.

— No tienes que preocuparte Finn, solo estoy cansada.

El asintió con una sonrisa tímida.

— Ah, casi lo olvido, espera aquí .— retomó el joven.

Finneas salió de la casa en dirección al auto, abrió el maletero y sacó una pequeña caja. Regresó a la casa en busca de Billie, la encontró sentada en la sala, con su perro en sus piernas.

Se sentó frente a ella y de la caja sacó una bolsa con algunas cosas; unos anteojos de sol, un par de llaves, algunos vasos y bolsas vacías de takis, una sudadera con un poco de sangre y una bolita de papel.

— Me lo dieron antes de salir del hospital, estaban en tu auto. Deberías limpiarlo más seguido.— sonrió

— Bueno, menos mal que no  tendré que hacerlo por un tiempo.— rió con ironía.

— Ya lo he enviado al taller.— animó Finneas.

— Gracias.— sonrió Billie.

El joven la miraba con gentileza, se levantó y acomodó junto a su hermana, extendió los brazos incitándola a acercarse.

— Pareces un niño.— bufó.

La joven se acercó con gusto y entrelazó sus brazos en el torso de su hermano en un cálido abrazo.

— Estaba muy preocupado, todos temían que no fueras a despertar. Me diste un buen susto, mocosa.

— Lo lamento.— confesó apartándose del joven.— Pero, al menos conservo mi rostro.— rió.— Por cierto , ¿que te pasó en la nariz?.— Señaló Billie.

Obsession Donde viven las historias. Descúbrelo ahora