16. Enorme recompensa

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El beso era rítmico y fugaz, sus labios se movían de una forma en la que nunca antes se hubiera imaginado. Poco a poco, se dejó caer en las suaves sabanas rojas, acariciaban su blanca y tersa piel causándole un cosquilleo en su vientre.

El chico terminó por recostarse sobre ella sin dejar de besar su labios, ahora rojos e hinchados por los movimientos.

— Hace tiempo que deseaba hacer esto.— dijo jadeando.

— Igual que yo.— suspiró la chica.

Una nueva serie de movimientos iniciaron, esta vez, desde sus labios descendieron hasta llegar a su cuello. Regresó aquella maravillosa sensación. Las húmedas caricias no cesaban, y subían nuevamente hasta sus sonrojadas mejillas, lo que dio paso a algo más.

— Espera— habló la chica, confundida—, ¿qué haces?.

El chico continuó.

— Espera, basta. Eso es asqueroso.— volvió a insistir.

Él siguió.

— ¡Te he dicho que pares!, ya fue suficiente.

Sarah se despertó con la sensación húmeda recorrer su rostro de arriba a abajo. Abrió los ojos con desesperación y se sentó de golpe al ver el pequeño y peludo bulto a su lado, lamiendo su cara como si fuera un dulce.

Aquella figura se apartó y comenzó a morder sus sábanas y a dar vueltas en la cama. Movía la cola de lado a lado y volvió a lamer el rostro de la chica de forma energética y atrevida.

Adormilada, talló sus ojos con la yema de sus dedos y se sorprendió al ver lo que realmente yacía en su cama.

— ¿Pero que rayos?. ¡Jade!— gritó sin escrúpulos.

El perrito se encogió y se apartó de Sarah, asustado por el volumen del grito.

Fuertes pisadas resonaban fuera de la habitación, y al poco tiempo, Jade McCall apareció bajo el umbral de la puerta.

— ¡¿Qué pasó?!— dijo alterada.

Sarah yacía en la cama de brazos cruzados con el perrito sobre sus piernas, quien se alegró al ver a la chica castaña entrar por la puerta, y de un salto bajó de la cama para lamer la parte de sus piernas que el short negro no lograba cubrir.

— Ahora, ¿quieres explicarme por qué hay un perro en mi habitación?.— cuestionó Sarah haciendo una mueca.

Jade desvió la mirada hacia el perro, quien se paraba de patas dando saltitos. Se agachó y lo tomo en brazos permitiendo que lamiera su rostro.

— Uhm,  ¡Sorpresa!— celebró de forma tímida.

Sarah la miraba con el rostro cansado, de brazos cruzados.

— Lo encontré ayer cuando... ya sabes... regresaba del centro comercial.— argumentó.

Sarah levantó las cejas mirando al perro con incredulidad.

El día de ayer, había llegado un poco antes a casa después de sus clases de arquería. Encontró a sus padres preparando la mesa para cenar y ellos la saludaron con euforia. Subió a su habitación y tocó la puerta, esperando que Jade abriera para que ambas bajaran a cenar, cosa que nuca sucedió.

— ¿Tú?, ¿en el centro comercial?.— exclamó con incredulidad.

— ¿Es tan difícil de creer?

— No podemos estar ni dos minutos ahí sin que te quejes de que hay demasiada gente.

Jade frunció el ceño, y volvió a poner toda su atención en el pequeño perro.

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⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

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