El ambiente ya no era tan frío como hace un par de meses. Los días se podían ver más luminosos y la densa nieve ya no se hacía muy presente, devolviendo la visibilidad a las casas y aceras, dejando charcos por doquier. Ese año el invierno había sido infernal, acompañado de tormentas y todo, qué bueno que ya había acabado por fin, aunque no todos opinaban lo mismo.
Con pesadez, se levantó de su cama y se dirigió al baño, donde comenzó a asearse. Hoy tenía propuesto ir a la casa de Henry para por fin conocer al tan dichoso compañero o lo que él prefería llamar "ayudante", pero no es que le diera mucha gracia tener que trabajar con esos que tal vez intenten matarlo...como de costumbre.
Salió del baño y volvió a la habitación en la que antes dormía y del clóset sacó una sudadera de color negro con mangas rojas y pantalones azul muy oscuro, finalizando con unos zapatos negros y una gorra del mismo color. Prácticamente iba cubierto de pies a cabeza y había muy poca visibilidad en su rostro, por no decir nada.
Se miró en el espejo y solo pensó "Pero qué asco", sintiendo repulsión hacia él mismo, como lo hacía cada mañana. Acomodó su gorra y salió de la habitación yendo hacia su pequeña sala.
Buscó las llaves de su auto que estaban justo en el mesón que dividía la cocina y la sala y se dispuso a irse, pero antes de siquiera tomar la perilla de la puerta, se acordó de él. Prefirió ir a revisarlo primero.
Bajó unas escaleras algo largas, llegando a un sótano bastante grande para una casa tan pequeña. Se asomó por el ojo de la puerta buscando a ese montón de cables fundidos. El hecho de que estuviera todo tan callado le extrañaba e incluso preocupaba. Tocó fuertemente la puerta cuatro veces, pues esa cosa solía reaccionar hasta a los más pequeños sonidos y eso le servía para saber que seguía ahí, pero no obtuvo respuesta.
- (¿Dónde estás ahora?). -
Siguió tocando durante unos segundos con la misma intensidad y con el mismo resultado. Esto ya lo logró alterar, pensó en que pudo haber escapado, vaya a saber cómo, no había puertas ni ventanas en ese lugar.
Algo inseguro abrió muy lentamente la puerta para inspeccionar y asomó su cara viendo hacia los lados. No pudo verlo por ningún lado, pero no estaría tan confiado. Intentó ser inteligente y no entrar mucho, comenzó a escuchar algunos sonidos arriba en el techo y no pudo evitar pensar "¡¿CÓMO?!".
Pudo reaccionar a tiempo y cerrar la puerta cuando ese montón de cables calló desde arriba casi en frente de él, soltando un alarido fuerte al intentar abalanzarse hacia él, aunque solo logró golpearse con la puerta.
- Hijo de... ¿Cómo rayos...? - el contrario rio detrás de la puerta de forma estruendosa mientras daba golpes a esta.
- Vamos, te enseñ-aremos cómo, s-solo debes abrir la puerta-a. - dijo con la voz entrecortada y riendo aún más fuerte.
- Lo siento, las lecciones serán para la próxima, me diste un susto de muerte. - cerró nuevamente con candado.
- Co-obarde como siempre, jajaja-ja. -
- No es cobardía, es sentido común. Quédate quieto y deja de golpear la puerta y las paredes, ¿Quieres? Apenas si puedo dormir. -
- Los m-monstruos no due-ermen, ¿Por qué tú sí? -.
- Porque puedo y porque me da la gana. - recibió más risas.
Ya viendo que esta conversación no iba a ningún lado, se aseguró que la puerta estuviera bien cerrada y salió del sótano dirigiéndose a la salida de su casa, pero antes de salir, miró a través de una de las ventanas que daban al patio para asegurarse de que no hubiera muchas personas cerca. Al no ver a nadie, bajó más su gorra y salió, cerrando la puerta detrás de él lo más rápido que pudo y se dirigió a su auto. Hubiera sido una movida perfecta si no fuera por esa persona que, como todos los días muy temprano en la mañana se percataba de este cuando salía.
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Canciones del pasado
Fanfiction- ¿Señor Henry? - dijo Helpy en un tono algo temeroso pero audible. - ¿Si, Helpy? - Exactamente, ¿Para qué estoy aquí? A esto, Henry lo mira por un momento, pensando un poco en sus palabras para después responder: -Te necesito para que juntos hagamo...
