05. Tensiones

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Davina.

Estúpidos sentimientos por André, no pude evitar que mis mejillas se encendieran con la confesión de sus sentimientos por mí. Abrí mi boca hasta forma una gran "o" por todo lo que había dicho, no supe que más decir. El resto de nuestra cita transcurrió en silencio, porque no supe que más decir al respecto.

[...]

Al llegar a casa, estaba agotada mentalmente, aún no había podido procesar toda la confesión de André.

–Davina? Oh hija, ¿Cómo te fue con André?– Preguntó mi madre al darse cuenta de mi presencia en casa.

–Me fue muy bien, mamá– Le dije algo desanimada.

–Oh, no estás muy animada, ina, que ha pasado?– Le hice saber que todo estaba en orden y sólo estaba algo agotada, para que se estuviera tranquila con todo el asunto de André– Ay, cariño, está bien, ve a descansar que mañana tienes que ir al instituto y luego a prácticas de ballet, vale?

–Vale, mamá, descansa.

***

En el instituto el ambiente estuvo algo tenso entre André y yo, no porque yo no sintiera lo mismo, si no; porque no sabía cómo expresarlo, cómo hacérselo saber.

–Hola– Le escuché decir cuando entró en la biblioteca, dónde me encontraba leyendo un libro de anatomía humana, para el examen de biología– Eh, sobre lo de ayer,  podemos olvidarlo si te hace sentir  incómoda. No quiero decir que ya no sienta eso, pero puedo hacerlo a un lado; por nuestra amistad, ¿Qué dices?– Sinceramente, no quería que eso ocurriera, quería estar con él, cómo fuera amigos, algo más que eso, no me importaba, sólo lo quería a él.

–Eh, no, seré sincera contigo, ésta tensión que hay entre nosotros, será temporal, sólo dejémonos llevar y veamos que pasa– Dije eso más asustada de lo debí estar, debí decirle que lo quería, pero el peso que conllevaba decirlo no me dejaba.

Así transcurrieron algunos días, hasta que esa tensión agobiante, se disipó y todo volvió a la normalidad, con la pequeña diferencia que André y yo habíamos estado llevando cada vez  menos comunicación, por lo que acerqué a él, pues esa duda no me estaba dejando dormir, me estaba  carcomiendo.

–¿André?– La inseguridad con la que sonó mi voz en ese momento, me sorprendió muchísimo, nunca había usado ese tono de voz– ¿Podemos hablar?, Digo, si quieres.

–Claro– Su voz sonó tan segura, tajante y distante, que sentí que en ese preciso momento había perdido por completo a André.

–Quería saber, eh, que tenías, porque última has estado un poco raro conmigo.

–Eh, no me pasa nada, Davina, sólo he estado un poco ocupado con asuntos familiares.

–Ah, pensé que había hecho algo mal, ¿Podemos salir el sábado?, digo a caminar o hacer algo, lo que sea.

–Sí, por mí está bien, ehh, debo irme, adiós, Davina.

Mi Divino Tropiezo (En Proceso)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora