Aquí esta el capitulo que sigue ;)
Espero sigan esta historia en un futuro y me disculpo por siempre atrasarme en subir los caps. n//n
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-¡No, oh dios del final! ¡No me lleves por favor! Ya no siento hambre, ya no tengo frío, ¡Permiteme disfrutar mi vida un poco mas! ¡Te lo ruego apiádate de mi alma!.
-¡TU!, has matado sin dudar a tu propia sangre, carne de tus entrañas, el regalo mas precioso que se te fue dado. Después, en caíste en la más profunda deshonra que por cobardía ante tus crímenes cometiste.
-¡Por favor apiádate! ¡Tu, no sabes lo que yo pasaba día con día para que esa niña dejara de decirme que tenía hambre! Todo, todo, todo el día diciendo: Madre, tengo hambre. Madre robar no es bueno. Madre ¿por qué se va padre?. Madre esto, madre lo otro. ¡Todo el día, todos, todos, todos, todos los días! ¡Es mejor así! Ya no tengo que escuchar sus quejas y ella no tendrá más hambre. ¡Ambas ganábamos!, ¡¿No es así?!.
Así que hay humanos con tal oscuridad en su alma...
-Tu, no mereces piedad alguna. ¡Soy el dios del final! ¿Como te atreves a pensar que podria apiadarme de tu alma?.
Acerco mi guadaña, y las sombras me rodean como un aura, haciendo de mi mascara, más imponente y aterradora, para ella.
Un grito que rasga su garganta es el ultimo sonido que emite antes de que mi guadaña misma termine con ella. Dije que ella no merecía mi piedad y así es pero ante semejante ofensa que fueron sus últimos actos en vida, lo correcto era que Sixto se encargara de ella antes de mi. Aun con mi papel, aun con desprecio ante tal oscuridad en su corazón que solo me provocaba representar al pie de la letra mi desafortunado papel, sentí lastima de ella. Debió pasar cosas horribles en su corta vida.
Mi guadaña aun centella. Claro, casi lo olvido: la hija.
Su alma debería estar en este lugar. Hago uso de mi ronca e intimidante voz para llamarla.
-¡Marleh! ¡Hija de Egolez del Este!, ¡Muestrate frente a mi !.
En un segundo, frente a mi, aparecío la joven más bella que he visto. Más bella que aquella joven en el espejo de mi hermana Zoila. No supera los delicados rasgos femeninos que caracterizan a otras mujeres, pero... es tan bella ante mis ojos ocultos.
Es pequeña, de complexión delgada por la hambruna del pueblo en sequía. Sus cabellos negros se parecen a la cortina de la noche. El color de su piel enferma, aun en el estado lastimero en el que esta, se ve tan delicada. Mi mirada se dirige a su echo, y el mio se regocija en alegría al ver a su corazón no tiene oscuridad ni maldad pero, hay mucho rencor en el. Mi mente vuelve a centrarse en su papel y mis ojos ahora miran los suyos... sin esperanza.
-¿Vas a llevarme a mi también, no es así?.
-Es así. Tu vida ha acabado.
-Fue mi madre, la que acabo con ella.
El rencor sale en palabras de su boca. No lo hagas.
-Eso no importa aquí, tu vida ha acabado.
-Esa mujer nunca debió ser madre, no nació para ello y aun así, me tuvo a mi. Siempre quise preguntarles algo.
-...Pregunta, humana.
-¿Por que?, siendo ustedes dioses, decidiendo sobre buenos y malos, ¡¿porque alguien que no debe ser madre, la vuelven así?! ¡¿Por que no interceden por el alma de los buenos?! ¡Rogue y rogué tanto!, ¡Tanto, al Dios Melitón de que me salvara de mi madre, antes de que ella tomara aquella piedra! ¡¿Por qué no me salvo como lo rogué?! ¡Fui devota a el pensando un día me alejaría de mi miseria! ó dime tu, Dios del Final, ¿A quien debía pedírselo?.
Me quede en silencio. Mi pobre alma. ¿Qué se supone que te conteste?. Las lágrimas corren por mis mejillas. ¿Qué "Melitón debió escuchar tales ruegos" ó que "Ni siquiera el dios del amor y compasión quiso ayudarte"? Mi pobre, pobre alma, mi pobre Marleh. Si yo fuera el dios de... ¿Qué estoy pensando?. Bueno, supongo...que a ninguno de mis amables compañeros celestiales les llegaría el saber de mis acciónes durante el la representación de mi papel.
-¿Quieres morir, Marleh hija de Egolez del Este?.
-Ya no me importa.
Las perlas de agua salen de sus enrojecidos ojos y ruedan por sus mejillas en el mismo estado. ¡Oh, mi querida alma! Mi corazón se estremece de forma dolorosa ante tu tristeza. ¡¿Pero que puedo hacer yo?! Todo lo que dicta mi forma de ser, cada norma, descripción y régimen, atan mis manos con fuerza y se enfatiza la sensación de la mascara en mi cara que me recuerda la razón de tenerla a cada momento.
Creo, ¿será así, comó la estrella del norte se siente cuando su amor verdadero atraviesa tempestades en el mar?.
-¡Te lo vuelvo ha preguntar!, ¡Marleh hija de Egolez del Este!... ¿Estas segura, que quieres morir?.
Digo en tono grave y distante. Sus ojos miran mi mascara, incrédula.
-...Si yo tuviera elección, viviría. ¡Con más fuerza que nunca!.
La determinación y el coraje ondeaban brillantes en sus ojos.
-Esto...- Suavizo mi voz. -...esto, será un secreto, el que jamás deberás contar a nadie. Ni siquiera a los arboles y las estrellas. ¿Tengo yo, tu palabra?.
Me mira nuevamente sin despegar sus ojos y extendiendo la mano hacia mi.
-Señor Dios del Final, tiene usted mi palabra y, hasta mi vida.
Sonrié. Tomo su mano y me inclino hasta que delicadamente, mis labios a través de la mascara, se posan en su mano. Mi cabello se desliza suavemente hacia enfrente.
-Su cabello es plateado, los dioses si que son extraordinarios...es muy bello.
Dice ella refiriéndose a mi cabello.
Ya que he hecho algo prohibido, no tiene importancia si hago otra cosa...
-Hace mucho que no recibo un cumplido así, en agradecimiento, llámame por mi nombre: Suplicio, cuando regrese por ti.
-Parecías alguien cruel momentos atrás, Dios del final Suplicio, tu nombre es propio de tu trabajo.
-Lo soy...Oculta bien las cicatrices cuando despiertes.
-¿Cuando des...?.
Ágilmente giro mi guadaña, haciendo que el extremo inferior toque su frente y su alma vuelva a su cuerpo, ahora vivo. Una vez viva, ella ya no podía verme.
Mi pobre alma, mi pobre Marleh.
***
Sixto. (Antes de que Ciriaco descubriera la capilla en sus paseos).
Me encontraba descansando en los jardines. Hace tiempo que no he visitado en sus aposentos a mi hermano mayor. Justo en ese momento, de forma muy distante, se aprecia la silueta de Ciriaco, saliendo de atrás de su palacio. Tal vez se dirige a la entrada del mismo.
Me dirigía a la entrada de su palacio. Melitón viene de frente a mi.
-¡Dios Melitón!, no es propio de usted visitar a otros dioses si no es algo importante. ¿Cual fue el propósito de su visita?.
-¡Oh!, tan rudo al expresarte como siempre, Dios de la ira, Sixto. Deberías cambiar esa severidad tuya, ya te lo he dicho, ¿no?. Los humanos suelen asustarse fácilmente. Así nadie ira mas a tus templos.
Dice Melitón preocupado.
-Solo va gente ahí porque piensan que son los templos de mi hermano el Dios de la Sabiduría. No necesito los templos, Suplicio no tiene templos, nadie ora hacia el.
-Sixto, Suplicio si tiene templos. Bueno, solo uno y nadie va pero es un dios después de todo. Es nuestro compañero debemos apoyarlo más por esa razón ¿no lo crees?.
-¡Te la pasas entregándole compasión a todo ser vivo! Debe ser tu conocimiento que no todos los seres son buenos, caerás por tus propios buenos deseos hacia tu prójimo, Melitón.
Melitón dejo de sonreír. ¿Dejo de sonreír? ¿El el dios de la compasión y amor? Ah, su sonrisa volvió.
-No creo que eso pase, mi estimado Sixto.
Debió se mi imaginación. Por un momento se parecían a los de los humanos llenos de la mas densa oscuridad y maldad, cual noche de invierno.
-Estimado sixto, ya que nos hemos encontrado por el maravilloso y alegre destino, te exhorto a acompañarme a mis aposentos justo ahora, Me disculpo por precipitarme pero hay algo que te quiero confesar, es algo que solo tu puedes oír.
Eso si que es extraño. No me gusta la voz de Melitón aunque suele ser amable, esta amabilidad pareciera sospechosa aun cuando lo conozco desde siempre.
Ya estoy en su palació, en la sala de estar y solo. Me ha dicho que regresaría con te para debatir cierto tema. Estoy intrigado y no me gusta sentirme así, ¡ese es trabajo de Ciriaco!.
La puerta se escucha y llama mi atención.
-¡El mejor de mis sirvientes lo ha preparado, espero que sea de tu agrado!- Dice sonriente.
-...¿No querrás decir, tus "elfos"?.
Hasta ahora el siempre los ha llamado así, el consideraba denigrante rebajar a los seres a meras herramientas para su beneficio. Decirles sirvientes no esta mal pero, ¿lo ha dicho de forma despectiva, justo ahora?. Me limito a asentir con la cabeza y le doy un sorbo a la taza de fina porcelana. A Melitón siempre le gusto la extravagancia y lujos. Ahora que me doy cuenta ¿no es algo inusual eso para su papel?.
No ha dejado de mirarme.
-Gracias por el...
-¿Estas bien, Sixto?...¡Sixto!
Todo esta... ¿negro?.
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¡ERA AZUL CON NEGRO! ( n^n)9
JAJAJA quería ser populars ^3^
Esa polemica del vestido se divulgo tan rápido que hasta Dross hizo un video XD
Comenten el capitulo!(? y su opinion al respecto!! owo
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El dios del final - Suplicio -
FantasyLos protagonistas de nuestra historia, mis apasionados lectores, son 5 dioses cuya base de su existencia son la de representar bien sus papeles en el mundo. ¡Ellos son los dioses todo poderosos por encima de todo humano, planta y animal de la tierr...
