Capitulo 5

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Ciriaco se encontraba caminando por los jardines que unen a su palacio y el palacio de Sixto.  Vagando sin rumbo, disfrutando de la naturaleza, se encontró con una pequeña capilla al fondo de dicho lugar. Lugar que solo lo elfos visitaban.
  Era una capilla gris y de piedra en su totalidad. Con una figura de una deidad no conocida por el. "¿De quien esta imagen tan cuidadosamente tallada?" Pensó Ciriaco mientras se agachaba y extendía su largo brazo para poder tocar con la punta de sus dedos, los detalles de la escultura.

"¿Lo habrán hecho los elfos?, es la única explicación razonable. Yo no tengo ningún conocimiento acerca de algo existente como esto... Pareciera una pequeña capilla para un dios acoplada al tamaño de los elfos, pero esto de aquí no se parece a ninguno de mis estimados compañeros. Al menos que sea alguna de las religiones de tiempos pasados que los humanos poco civilizados crearon a la imaginación de un dios ante sus ojos pero de eso, hace la cientos de años, ahora saben que nosotros somos los únicos. Además, si fuera verdad que era una de las capillas de los humanos, esto no tendría que yacer en este lugar...Debo saber sobre esto." Pensó.
Apresurado, Ciriaco fue en busca de las palabras que le dijeran verdad sobre la solida existencia de la capilla al fondo de los extensos jardines.

 Sobre las mesas de mármol que se encontraban al frente de los jardines del palacio de Ciriaco, yacía Melitón en una de las sillas, tomando tranquilamente el té mientras uno de sus elfos lo abanicaba.


- Dios de la bondad y el amor, Melitón, estimado compañero, dime la razón de la  repentina visita que le haces a mi palacio. Es impropio de ti hacerlo sin previo aviso. ¿Ha pasado algo de lo cual no me he enterado aun?.
-Te deseo excelente día. No hay algo en particular, querido Dios de la sabiduría, ¿y tu?...hay algo que hayas descubierto recientemente...

Melitón mira fijamente por un lado a Ciriaco mientras le tomaba un sorbo a la taza de té.
   Ciriaco, como buen dios de la sabiduría que era, sabía que la intención de Melitón no era la de buenos deseos como de costumbre repartía a todos los seres vivos. Intento disfrazar sus emociones y lenguaje corporal. Por supuesto, el podía hacer aquello ultimo a la perfección.
Ciriaco, sabia las técnicas de cada cosa que hay y haya por existir.
Pero Ciriaco tenía dos puntos débiles que interferían con el desempeño de su papel.

-Desafortunadamente, estimado Melitón, todo ha estado aburrido como es costumbre en mi vida cotidiana. No hay libros cuyo conocimiento no sepa al derecho y al revés. Ni en viejas escrituras ni en el conocimiento hablado. Y como ya es de tu conocimiento, no muchos humanos que vayan a orar a mis templos. Mi única distracción, son las reuniones de cada semana. -Mintió.

-Lamento escuchar que tengas tal suplicio de aburrimiento. Oh, Ciriaco, hablando de "Suplicio" y dejando las formalidades, ¿Has visto a nuestro querido compañero?.

- No desde la ultima reunion, Melitón, ¿Cual es la razón de tu deseo por ese saber?.
Melitón lo observa un momento en total silencio.

-...Nada en particular.- Dijo mientras se levantaba de la silla. -Ya me retiro, Ciriaco, tengo que ir a escuchar las peticiones de mis templos. ¡oh, no importa que tan pocos sean, la cantidad de humanos no disminuye!. Pero siguensiendo encantadores.

-¡Melitón!.- Detuvo Ciriaco, cuando Melitón ya es hallaba cruzando el umbral del jardín para irse.

-¿Si?.
-¿No habrás... querido decir "personas"...como acostumbras?.- Le dijo enseriado.

-¡Oh mi...! ¿No fue eso lo que dije?.- Dijo mientras sonreía, pero no era una sonrisa propia de amor como indica su papel, y Ciriaco lo sabía. Melitón se dio vuelta y continuo con su camino para irse.

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-¡Abed, eso que me dices, ¿lo dices en promesa de verdad?.- Lo miré severamente, aunque el no pudiera ver mi cara.
-¡Oh, mi señor, mi amo! Lo que acabo de confiarle a su saber, no es otra cosa que la verdad en esas palabras.- Dijo el elfo mientras se arrodillaba ante mi en muestra de su lealtad.

El dios del final  - Suplicio -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora