CAPITULO IX

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Ainara salió del cuarto con el corazón bombeando en sus oídos. La mirada que le había dado Aomine esta vez era diferente, pero no por eso menos intensa. Sintió el estómago revolverse y, sin poder evitarlo, sonrió en la oscuridad del pasillo, apenas iluminado por la luz tenue de una de las tantas ventanas de la casa.

Se sentía increíble ayudar a los demás, en especial a Aomine. No entendía por qué, pero tenía una inclinación particular hacia él. Tal vez era curiosidad o simplemente el impacto de verlo tan calmado ahora cuando su primer encuentro había sido un desastre absoluto. Ese recuerdo irrumpió en su mente rápidamente, y una preocupación latente volvió a instalarse en su pecho. No quería mencionarle nada a Aomine, pero había pensado en que Taiga podría ayudarle a controlar su parte híbrida. No es que Taiga sufriera los mismos episodios, pero creía que él, con su naturaleza feroz pero controlada, podría ser un buen punto de referencia. Sin embargo, con la negativa de este, dudaba que eso llegara a pasar.

Unos pasos fuertes resonaron en el pasillo. Tal vez no todo estaba perdido. Escuchó la puerta unos cuartos más al fondo cerrarse con fuerza y sin pensarlo demasiado, se dirigió hacia allá. Cuando llegó, no se molestó en tocar. Sabía que la puerta no estaría con seguro; nunca lo estaba, y aunque entendía el motivo, prefería ignorarlo.

Al entrar, sus ojos se encontraron con los de Taiga, brillando intensamente en la oscuridad. Ainara se quitó los zapatos y, ya vestida con su intento de pijama, se metió en la cama junto a él. Lo miró fijamente antes de hablar.

—Quiero que entiendas algo —comenzó, con un tono más serio de lo habitual—. Aomine es diferente. Lo sé muy bien. No es como los otros híbridos que he conocido. Él... —Se mordió la lengua a mitad de la frase, sin saber cómo abordar el tema—. Está completamente perdido. Necesita ayuda, Taiga.

Él no dijo nada, pero la miraba con intensidad, atento a cada palabra. Ainara busco su mano en la scuridad y la tomó con firmeza.

—Su parte híbrida está fuera de control y es peligroso para él mismo no poder manejarlo. No te pido que lo hagas por él. Hazlo por mí. Ayúdalo.

Taiga soltó un pesado suspiro, desviando la mirada. Permaneció en silencio un momento, antes de responder con voz baja.

—De acuerdo... Pero con una condición. —Su voz tenía un matiz diferente, como si estuviera debatiéndose consigo mismo.

Ainara arqueó una ceja con curiosidad y él volteó el rostro para evitar su mirada, sintiendo un leve calor subiéndole al rostro.

—Duerme conmigo hoy.

Ainara soltó una ligera risa antes de meterse más debajo de las cobijas.

—No puedes dormir solo. Me extrañaste y lo sé —bromeó con una sonrisa burlona—. Pero solo me quedo porque mi cuarto está lejos.

Le dio la espalda con una sonrisa satisfecha. Sintió cómo él hacía lo mismo, pero al cabo de unos minutos, cuando el sueño comenzaba a ganarle, notó vagamente cómo Taiga se giraba con cuidado y la rodeaba con un brazo, atrayéndola hacia él. No la había visto en meses, y aunque nunca lo admitiría en voz alta, la había extrañado.


Aomine despertó cuando la luz se filtró por la ventana. Las cortinas blancas dejaban pasar los rayos del sol con facilidad, iluminando la habitación con una luz tenue. Se sentía extrañamente relajado. En algún punto de la noche dejó de sentirse alerta y cayó en un sueño profundo. No soñó. No sintió nada. Solo flotó en un estado de calma desconocida hasta que despertó.

Se levantó y el olor a comida captó su atención. Se puso sus botas y pantalón, pero al no encontrar su camisa, decidió salir sin ella. No le importaba demasiado; era una costumbre adquirida con los años. Cuando llegó a la cocina, se sorprendió al ver a Kgami cocinando.

El tigre sintió su presencia y, al girarse para mirarlo, se sonrojó de inmediato.

—Podrías vestirte —espetó, con una mezcla de irritación y vergüenza—. Esta casa no es para exhibicionistas.

Aomine arqueó una ceja, divertido.

—No exageres, es solo una camisa —respondió con indiferencia antes de sentarse en la misma silla que había ocupado la última vez. No pensaba pedir comida. Sabía que Kagami no le daría nada, y tampoco tenía intención de prepararse algo.

Sin embargo, para su sorpresa, Kagami le puso un plato enfrente. Aomine miró la masa amarilla y las tiras alargadas con un olor a cerdo que le resultaba familiar. Luego miró a Kagami con desconfianza, quien le devolvió la mirada con el mismo escepticismo.

—Ainara no se levanta temprano —comentó Kagami con un tono seco—. Así que si esperabas que ella viniera a cocinarte, te jodiste. Puedes comer o morirte de hambre, no es mi problema.

Kaleth lo observó unos segundos más antes de tomar el tenedor y probar un bocado. No estaba tan mal. A regañadientes, tuvo que admitir que el tigre sabía cocinar. Tal vez las cosas entre ellos no tenían que ser tan hostiles después de todo.

- Buenos dias - nuevamente el pequeño chico lobo aparecio haciendo que Kagami soltara un grito agudo y que Aomine diera un pequeño salto del susto, ese chico si que era sigiloso, o muy poco importante, como sea Aomine solo podia escuchar como el tigre le recriminaba a Kuroko el no avisar de su presencia, y porque siempre amanecia con el cabello tan alborotado, Kagami era muy molesto, pero a el solo importaba comer.

Animal Instinct [KNB] [Aomine Daiki][EDICION]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora