CAPITULO III

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Cuando Ainara llegó corriendo a la aldea, no había rastro de nadie. Todos estaban ocultos, esperando una señal. Su respiración era errática, el aire le quemaba los pulmones, y el sudor se acumulaba en gotas gruesas que resbalaban por su frente. Se inclinó, apoyando las manos en sus muslos, intentando recuperar el aliento, cuando sintió un toque en la espalda. Un grito agudo escapó de sus labios y dio un salto.

Al girarse, se encontró con Kuroko, cuya expresión inusualmente molesta la hizo encogerse. Él rara vez mostraba emociones. Siempre mantenía un rostro inexpresivo, pero cuando se enojaba, su furia se marcaba con claridad: su entrecejo fruncido, su boca curvada hacia abajo. Ainara sabía que estaba a punto de recibir un sermón.

—Ainara, ¿por qué fuiste sola? —su tono era grave—. Pudiste meterte en un problema serio. Lo más sensato era esperar por mí. Eres mi amiga, y por ende, mi responsabilidad. ¿Qué harás si Kagami se entera y...?

—¡Basta! —lo interrumpió con voz firme—. Esto es importante. Quita esa cara y ayúdame rápido.

Sin darle tiempo de replicar, lo tomó del brazo y lo arrastró de nuevo hacia la espesura de la vegetación. Kuroko, aunque desconcertado, la siguió sin protestar. Ainara era impulsiva, sí, pero esto se sentía diferente. Algo más grande estaba pasando.

La aldea quedó atrás y el aroma característico del lugar se disipó. Kuroko sintió cómo su piel se erizaba. Algo estaba mal. Todas sus alarmas internas gritaban peligro. Sus orejas blancas se alzaron con tensión, su cola se crispó, y un gruñido bajo escapó de su garganta.

—Kuroko, tranquilo. Está bien, te lo prometo —le dijo ella en un tono suplicante.

Él no respondió, pero relajó los puños. Ainara, con movimientos rápidos, retiró la vegetación que ocultaba un cuerpo. Kuroko entrecerró los ojos, su mente procesando la escena: un joven híbrido dormía profundamente, su rostro manchado de tierra y con un pequeño gusano en la mejilla. Ainara se inclinó y, con suavidad, limpió la suciedad con su pulgar junto con el gusano.

—Lo encontré aquí, a punto de morir. Tuve que sedarlo para poder esconderlo —explicó en voz baja.

Ian parpadeó. No había solo un cuerpo. Su mirada descendió a la ropa manchada de sangre fresca y su mandíbula se tensó.

—¿Este híbrido... es el culpable? —su tono fue contenido, pero Ainara supo lo que realmente preguntaba.

Ella no apartó la mirada del chico inconsciente. Había visto la violencia en él, la brutalidad de sus movimientos... pero también la lucha interna en sus ojos. Algo dentro de ella le decía que él no era solo un salvaje.

—¿Lo tomas de los pies y yo de arriba? —preguntó con una sonrisa cansada.

Kuroko la observó por un momento antes de soltar un suspiro y asentir. Ainara sintió un cálido aprecio por él. No cuestionaba más allá de lo necesario, y eso significaba mucho. Aunque, por supuesto, no pensaba decirle que aquel híbrido casi la mata.

Cargarlo fue más difícil de lo esperado. El chico pesaba más de lo que aparentaba, todo en él era puro músculo. Ainara tomó sus piernas y sintió la firmeza de su cuerpo. Sabía que los híbridos tenían una resistencia física superior a la humana, pero este en particular era distinto. No solo por su complexión, sino porque parecía haber entrenado para potenciar aún más sus capacidades.

Cuando llegaron a la aldea, varios habitantes se acercaron, curiosos. Ainara ignoró las miradas inquisitivas y lo instaló en una camilla improvisada. Con cuidado, comenzó a rasgar su camisa para tratar sus heridas.

Fue entonces cuando lo notó.

Manchas ovaladas oscuras adornaban sus hombros y parte del cuello. Ainara frunció el ceño. No eran marcas de heridas, sino patrones en su piel. Su mirada ascendió a las orejas gruesas y ovaladas del chico, mucho más grandes que las de un híbrido de gato normal. Entonces comprendió: tenía genes de pantera. Eso explicaba su agilidad y fuerza desmedida. Pero... algo no encajaba.

El cambio abrupto de color en su iris, los rugidos que había soltado. Ainara sabía que no todos los híbridos podían rugir. Era una alteración genética poco común que modificaba las cuerdas vocales, afectando también el habla.

Su respiración se ralentizó mientras inspeccionaba su boca. Con el pulgar, levantó su labio superior, revelando encías enrojecidas y colmillos anormalmente largos. Se pasó la lengua por sus propios labios, recordando con vívida claridad lo cerca que habían estado de morderla.

Suspiró y pasó a curar la herida de bala en su hombro, vendándola con precisión. Luego examinó su abdomen, detectando moretones dispersos, pero nada grave. Sin embargo, su costado izquierdo tenía un corte profundo, como si se lo hubieran hecho con un cuchillo. Trabajó con rapidez, limpiando la herida antes de envolver su torso con vendas.

Todo iba bien hasta que un espasmo sacudió el cuerpo del híbrido.

Antes de que Ainara pudiera reaccionar, él abrió los ojos y se abalanzó sobre ella.


Animal Instinct [KNB] [Aomine Daiki][EDICION]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora