CAPITULO XVI

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Los días sin Ainara transcurrieron de manera extrañamente tranquila. Sin su presencia para distraerlos, provocarles discusiones innecesarias o hacer comentarios mordaces, Aomine y Kagami terminaron pasando más tiempo juntos de lo que cualquiera de los dos habría imaginado.

El entrenamiento continuó con la misma intensidad. Aomine progresó más de lo que esperaba, logrando transformar voluntariamente sus garras, colmillos y producir rugidos que antes solo emergían en momentos de ira o desesperación.

Kagami no lo admitió en voz alta, pero lo veía.

Aomine no era solo un salvaje sin control.

Era alguien con un potencial que podía llevarlo más lejos que cualquier otro híbrido.

-Estás mejorando, pantera -dijo Kagami una tarde, sentándose sobre una roca después de un largo combate cuerpo a cuerpo-. Si sigues así, quizá deje de humillarte en los entrenamientos.

Aomine bufó, limpiando el sudor de su frente con la mano.

-Sigue soñando, tigre. Ya te gané en velocidad, lo próximo es en fuerza.

Kagami soltó una carcajada.

-Si eso te ayuda a dormir por las noches, sigue diciéndotelo.

Aomine rodó los ojos, pero no pudo evitar que una media sonrisa apareciera en su rostro.

Era extraño. No era exactamente amistad, pero la tensión inicial entre ellos se había disipado.

El respeto estaba ahí.

Y por primera vez, Kaleth no sintió que estaba completamente solo en este nuevo mundo.

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Aomine dormía profundamente, con los músculos relajados después de un día de entrenamiento extenuante. El cansancio lo había arrastrado al sueño con rapidez, pero lo que no esperaba era soñar con ella.

La imagen era vívida, casi real.

Ainara estaba allí, de pie frente a él con su típica expresión despreocupada y esa sonrisa que a veces le descolocaba más de lo que le gustaría admitir. Su camisa zul escotada que remarcaba sus pechos de forma deliciosa, y algunos mechones de su cabello caían sobre su rostro en un desorden perfectamente atractivo.

Aomine la miraba sin decir nada, consciente de cada pequeño detalle: la forma en que su pecho subía y bajaba al respirar, el brillo juguetón en sus ojos, la curvatura de sus labios cuando se reía.

Y lo peor de todo era que él no apartaba la vista.

En el sueño, Ainara se acercó más, con esa ligereza que la caracterizaba, con esa facilidad con la que traspasaba las barreras que él imponía entre ellos.

-¿Me extrañaste, Pantera? -preguntó con diversión, inclinando un poco la cabeza.

Él frunció el ceño.

-¿Por qué lo haría?

Ainara sonrió más ampliamente y, sin previo aviso, alzó la mano y pasó los dedos por su cabello de forma juguetona.

-Mientes muy mal.

Aomine despertó de golpe, con el corazón latiéndole con fuerza. Se quedó mirando el techo, desorientado, sintiendo todavía el eco de su risa en su mente.

No era posible.

No la extrañaba.

Definitivamente no.

O eso quería creer.

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El sonido de los golpes resonaba en el aire frío de la mañana.

Aomine se movió rápido, su agilidad natural permitiéndole esquivar por centímetros el puño que Kagami lanzó directo a su rostro. Sintió el aire cortando su mejilla y giró sobre su propio eje, buscando crear distancia.

-Eres rápido, lo admito -dijo Kagami, flexionando los dedos antes de lanzarse de nuevo-. Pero si sigues confiando solo en eso, terminarás aplastado contra el suelo.

Aomine frunció el ceño y bloqueó el siguiente golpe con su antebrazo, sintiendo el impacto vibrar hasta su hombro. Kagami era fuerte, muy fuerte. Cada golpe suyo era como el de un depredador que no estaba jugando.

Y Aomine lo sabía bien.

-No necesito tanta fuerza si no me pueden tocar -espetó, deslizándose hacia un costado y buscando la oportunidad de contraatacar.

Pero Kagami estaba preparado.

El tigre giró con él, usando su propio peso para desequilibrarlo, y en un parpadeo, Aomine se vio empujado con violencia hacia atrás. Apenas logró estabilizarse, clavando los pies en la tierra y usando su velocidad para recuperarse antes de que Kagami lo rematara.

-No basta con esquivar, Aomine. ¿Qué harás si te arrinconan?

-No dejaré que pase.

-Eres un maldito testarudo.

Kagami sonrió con diversión, pero en su mirada había un destello desafiante.

Y entonces el verdadero entrenamiento comenzó.

El híbrido de tigre atacó con más intensidad, cada golpe midiendo no solo la destreza de Aomine, sino también su autocontrol. Los movimientos de Kagami eran pesados y agresivos, diseñados para presionarlo, para empujarlo al borde. Aomine sabía que era intencional. Sabía que Kagami estaba tratando de hacerlo reaccionar.

El sudor perlaba su frente cuando se impulsó hacia arriba y trató de golpear con una patada giratoria, pero Kagami la atrapó con facilidad, arrojándolo al suelo con un tirón brusco.

Aomine rodó y se levantó de inmediato, gruñendo con frustración.

-Vamos, deja de contenerte -provocó Kagami, extendiendo los brazos-. ¿O acaso te da miedo perder el control?

Aomine sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Sabía lo que Kagami intentaba.

Y lo peor era que estaba funcionando.

Cada músculo de su cuerpo gritaba por liberarse, por dejar que la adrenalina tomara el mando. Su bestia interna quería responder, quería arrancar ese estúpido aire de superioridad del rostro de Kagami Taiga, demostrar que no era solo velocidad, que también tenía colmillos.

Pero...

Respiró hondo.

Cerró los ojos solo un segundo y dejó que el aire llenara sus pulmones.

No.

No iba a ceder.

Cuando volvió a abrirlos, su mirada era fría y calculadora.

-Otra vez -dijo, adoptando postura.

Kagami levantó una ceja, sorprendido por el autocontrol de Aomine.

Y por primera vez en el entrenamiento, sonrió con algo parecido al respeto.

Animal Instinct [KNB] [Aomine Daiki][EDICION]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora