CAPITULO XVIII

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La brisa fría de la montaña apenas mitigaba el ardor en su costado. Ainara respiraba entrecortadamente, una mano presionando su abdomen mientras aceleraba por el camino de tierra. Su motocicleta derrapó levemente cuando tomó una curva cerrada, el rugido del motor opacado por los disparos que silbaban en el aire y se incrustaban en los árboles cercanos.

No podía detenerse. No ahora.

El peso del collar en su bolsillo le parecía ahora una sentencia de muerte. Maldijo por lo bajo. Había sido una imprudencia llevárselo sin analizarlo primero. Creyó que estaba siendo cuidadosa, pero al salir de la zona montañosa, la señal se había activado y con ella, su posición quedó expuesta.

Un retrovisor estalló en pedazos por el impacto de una bala, haciéndola agacharse instintivamente. "Mierda". Se aferró al manillar, sus ojos buscando desesperadamente una salida. Tenía que avisar a Taiga.

Con una mano temblorosa, alcanzó el transmisor en su chaqueta y pulsó el botón. "Taiga... me siguen. No sé cuántos son, pero—" un estruendo la hizo jadear "—necesito ayuda. Cerca del desfiladero."

El chirrido de llantas a su espalda le indicó que la persecución no terminaba. Apretó los dientes. Si caía en sus manos, lo que le harían no era algo en lo que quisiera pensar.

—¡Sigue corriendo, maldita sea! —masculló para sí misma, forzando a su cuerpo a ignorar el dolor.

A kilómetros de allí, Kagami reaccionó al mensaje con el ceño fruncido y un gruñido gutural.

—Voy por ella —anunció, tomando sus llaves sin esperar respuesta.

—Voy contigo. —Aomine se levantó de inmediato, su mirada oscura y seria.

Kagami dudó por un instante, la rabia bullía en su interior. Ainara estaba en peligro. Y Aomine... Aomine era el único que esos hombres buscaban. Su mandíbula se tensó.

—Kuroko, tú también vienes —dijo al final, ignorando su propia molestia. Lo importante ahora era sacarla de ahí con vida.

La motocicleta de Ainara derrapó violentamente cuando una bala acertó en el neumático trasero. No pudo controlar la caída y su cuerpo se estrelló contra la tierra dura, rodando hasta quedar de espaldas. Su visión se nubló por el impacto, pero alcanzó a ver las siluetas de sus perseguidores bajando del vehículo.

Uno de ellos se acercó con una sonrisa cruel, encañonándola con su arma.

—Se acabó el juego, niña.

El rugido de un motor irrumpió en la escena.

Como una bestia desbocada, Taiga saltó de su moto en plena velocidad, embistiendo a uno de los atacantes con una fuerza brutal. Aomine, por su parte, apenas aterrizó rodando antes de lanzarse contra otro de los hombres, sus garras extendiéndose en el aire antes de desgarrar el brazo de su oponente.

Kuroko apareció detrás, derribando al tercero con un golpe certero en la mandíbula.

La escena se volvió un caos de gruñidos, golpes y disparos. Aomine se movía con rapidez, esquivando ataques con la agilidad de una sombra. Su oponente apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que su rostro recibiera el impacto de un puño con la suficiente fuerza como para hacerle perder el equilibrio.

Ainara, medio aturdida, observó la pelea mientras intentaba levantarse. Su costado ardía, la sangre manchaba su ropa, pero no podía quedarse quieta.

El enfrentamiento fue breve pero feroz. Uno de los atacantes, al notar que no tenía oportunidad, huyó hacia el vehículo y pisó el acelerador, alejándose del lugar.

—No podrás huir para siempre —murmuró uno de los agresores antes de desplomarse.

Taiga lo escuchó y su mirada se volvió afilada. Se giró hacia Aomine, conectando los puntos en su cabeza.

—¡Te estaban buscando a ti!

Aomine se tensó, sin poder negar la verdad. Pero antes de que pudiera hablar, Kagami se apresuró hacia Ainara.

—Ainara... —Aomine intentó acercarse, pero Kagami lo empujó con brusquedad.

—No la toques —gruñó con frialdad—. Esto es culpa tuya.

Aomine no respondió. No podía. Porque, en el fondo, sabía que Kagami tenía razón.

Durante los dos días siguientes, Ainara no despertó. Kuroko fue quien le permitió a Aomine  quedarse cerca, ayudándolo a cambiarle los vendajes y asegurarse de que no estuviera sola.

Pasaba horas junto a ella, observándola dormir con el ceño fruncido. Cada vez que veía su expresión de dolor, un nudo se formaba en su garganta. Kagami seguía distante, sin dirigirle la palabra más de lo necesario. Pero Aomine no podía culparlo.

Él mismo se odiaba por lo que había pasado.

Cuando Ainara finalmente abrió los ojos, la sensación de alivio fue inmediata.

—¿Aomine...? —su voz era rasposa y débil, pero él la escuchó con claridad.

Tomó aire. Sabía que tenía que decirle la verdad.

—No es solo que me hayan capturado antes... Yo pertenecía a ellos. Me obligaron a pelear. Peleas clandestinas de híbridos. Y su líder... ese maldito, me está buscando. No me dejará ir.

Ainara lo observó en silencio, procesando sus palabras.

Aomine apretó los puños. Pero Ainara solo exhaló suavemente y apretó su mano con la poca fuerza que tenía.

—Aomine...

Y en su mirada no había miedo. Solo comprensión.


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⏰ Última actualización: Jan 19 ⏰

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Animal Instinct [KNB] [Aomine Daiki][EDICION]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora