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—Tenemos que pensar en levantarnos...

Harry abrió los ojos perezosamente y bostezó.

—¿Por qué?

—Porque... Porque llevamos todo el día en la cama. No hemos hecho otra cosa.

Él sonrió.

—¿Y qué tiene de malo eso, mia cara? En la cama podemos hablar, dormir, comer, y por supuesto, hacer el amor. ¿Se te ocurre algún sitio donde preferirías estar?

Jessica lo miró a los ojos.

—Bueno, no, dicho así...

—Entonces, ¿cuál es el problema?

El problema era que Jessica sentía que se estaba haciendo adicta a Harry y no veía cómo podía quitarse aquella adicción. Los días que pasaban uno en brazos del otro no hacían más que intensificar su percepción de ellos dos como una unidad,los dos en su pequeño mundo. Y dos meses de ser la querida de Harry sólo habían acrecentado su deseo por él.

—No puedo pensar con claridad cuando me acaricias de ese modo.

—Entonces, no pienses. Siente sencillamente. ¿Y a que está bien, Jessica?

—Sabes que sí...

Él le hizo el amor lentamente, generosamente. Ella no ocultó su placer. Cada vez que él le daba placer ella se comportaba como si le acabase de dar un preciado regalo.

Jessica era la amante más dulce que había conocido.

Él le besó la punta de la nariz y la miró a los ojos. Tenía las mejillas encendidas y su cabello brillaba extendido en la almohada. Sus labios entreabiertos parecían querer siempre que la besara. Sus ganas lo habían cautivado de un modo inesperado.

—No te has acostado con muchos hombres...

Jessica se quedó petrificada. ¿Era aquello una crítica? ¿Qué lo había decepcionado de algún modo? ¿Y por qué había salido con eso ahora?, se preguntó ella.

—¿Quieres decir que no soy buena?

Él agitó la cabeza.

—No he querido decir eso en absoluto.

—Entonces, ¿por qué lo dices?

—Es difícil decirlo con palabras —respondió él, acariciando su vientre—. Aprendes rápido y tienes ganas de complacerme, y sin embargo no eres como muchas mujeres, tan experimentadas que tratan el acto de hacer el amor como si estuvieran comiendo un plato, que primero hacen esto y luego aquello, ¿comprendes?

Jessica asintió.

—Creo que sí. Eso me hace consciente de que has estado con muchas mujeres.

Él sonrió.

—Probablemente con menos de las que imaginas, pero sí, por supuesto que ha habido mujeres. ¿Qué otra cosa puedes esperar, mio tesoro si tengo treinta y seis años?

—Supongo que tienes razón.

—¿Cuántos amantes? —preguntó él de repente.

Por un momento Jessica se quedó en blanco, sin saber qué quería decir.

—¿Cuántos amantes has tenido?

Ella hubiera querido decir que él no tenía derecho a preguntarle algo así, pero necesitaba redimirse a sí misma frente a los ojos que la enjuiciaban.

—Sólo uno.

Él achicó los ojos.

—¿Estabas enamorada de él?

El Millonario - Harry StylesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora