Continuación
—Cámbiate el vendaje cada dos horas y repásate la herida con alcohol. Creo que eso bastará por ahora.
—¿Qué estabas haciendo en la cocina?
—La cena...
—Ah... — me dio la espalda y empezó a andar hacia la cocina otra vez. No sabía exactamente en qué fase estaba entonces, cuál de las dos partes, La lógica o la Ilógica, pero cuando le pregunté aquello, lo hice con toda la maldad que podía caberme en el cuerpo. — ¿Es que piensas comer? — y tal y como me esperaba, mi viejo Muñeco se quedó paralizado y se giró, con una cara de asustado. — ¿O lo haces para entretenerte? Porque no parece que la comida te haga mucho efecto, la verdad.
—Ja... — soltó, con una risilla floja que bien conocía, más propia de alguien que estaba al borde de sobrellevar un ataque de histerismo que de alguien dolido por un comentario de lo más malicioso. — Tengo una idea, Jungkook. ¿Por qué no coges tú la puta sartén que no sirve ni para hacer unos malditos huevos fritos... ¡Y te haces tú tu jodida comida! — lo sabía. ¡Está histérico! Me levanté del sofá sin apoyar demasiado la pierna en el suelo y me dirigí a él prácticamente a la pata coja. Jimin se cruzó de brazos en posición de indignación total.
—Yo tengo otra idea, Jimin. Me apuesto doscientos dólares a que no eres capaz de entrar ahí, conmigo, sentarte a la mesa y observar como hago el plato más grasiento e insano que pueda existir en Corea y, sobretodo, me apuesto lo que quieras a que no eres capaz de comértelo entero. — oh, oh, oh... va a aceptar. ¡Por supuesto que iba a aceptar! Lo conocía demasiado como para llegar a otra conclusión. Su orgullo era su orgullo y odiaba que se lo pisotearan y mucho menos, que se lo pisoteara yo.
Observé sonriente como se le desencajaba la mandíbula, como le temblaba la ceja, como se ponía rojo de rabia e incluso pude notar como le aumentaba algo la adrenalina por esa estúpida apuesta. Jimin, a veces eres tan simple.
—¡Acepto! ¡Y sabes que voy a ganar!
—Hace unos meses lo hubiera sabido, ahora... parece que te falta un poco de grasa como para ser capaz de tragarte un elefante de la noche a la mañana. — le dije, entrando en la cocina. Ddosun estaba tumbado a un lado de la misma, bebiendo agua de su bebedero personal y no se molestó ni en mirarnos. Jimin entró dando zapatazos contra el suelo y se sentó en la silla de golpe, cruzándose de brazos, exasperado. — Ah, y con comértelo no me refiero a que te lo tragues y lo vomites luego.
—¡No soy bulímico! — enrabietó. Con cada insulto que le dedicaba, con cada comentario, no hacía más que aumentar su determinación. Sonreí, dirigiéndome al frigorífico. Tenía una idea muy exacta de lo que quería preparar, pero al no encontrar la carne de hamburguesa adecuada, tuve que decidirme por unos chuletones de cordero que encontré nada más abrir la puerta del congelador. Eran enormes. Me servirían. Los saqué fuera y empecé a rociar la sartén con aceite, del más malo que vendían en los súpermercados, pero aceite, al fin y al cabo. Empecé a cocinar.
Era curioso. Mientras cocinaba y freía las chuletas, recordé que yo no sabía cocinar y que solo había visto a Helem hacerlo un par de veces, así que eché mano de la imaginación.
—¿Qué estás haciendo? — me preguntó Jimin, alzando la cabeza intentando reconocer algo por encima de mi hombro, sin éxito.
—Te esperas a que la cena esté lista. — cogí huevos, el escaso beicon reseco que teníamos desde hacía algún tiempo, lechuga, tomate, cebolla y todas las verduras que encontré. Algunas no las había visto en mi vida. Algo de embutido, atún en lata y patatas congeladas que también freí en la sartén, junto con las chuletas. No sabía si lo estaba haciendo bien, pero cuando vi como una de las caras de las chuletas empezaba a ponerse negra, las eché en un plato, manchando prácticamente toda la encimera de aceite hirviendo. Me salpicó la piel. — Aug...
—¿Qué pasa?
—Nada, nada... — corté en trozos la verdura, con un poco más de maestría. Había tenido que cortar con la navaja un millón de trozos de comida y otras cosillas, por pura supervivencia. Aun así, los trozos salieron totalmente irregulares. Freí tocino y los huevos mientras construía con pan de sándwich una especie de hamburguesa improvisada. Primero puse las chuletas, recubriéndolas con una gruesa capa de aceite, luego, echándole por encima otra capa de pan, eché las verduras, el embutido y el atún, todo junto. Le eché un poco de Ketchup y, finalmente, en la tercera planta de la hamburguesa, eché el huevo un poco derruido, el beicon y lo recubrí con mayonesa. Como no sabía qué hacer con las patatas, las coloqué al otro lado del plato, sueltas, para picar. — Ya está. — miré el resultado final. El aceite, el Ketchup y la mayonesa rebosaba y caía por los lados. Las chuletas sobresalían porque eran demasiado grandes, el huevo se escurría un poco, pero se mantenía y la verdura recubierta de atún... bueno, ahí estaba. Cogí el plato, lo dejé sobre la mesa y después de echarle un vistacillo más, lo empujé hasta mi hermano y me senté en frente suya, con la silla al revés, las piernas abiertas y la barbilla apoyada en el respaldo. — Que aproveche.
Cuando Jimin vio todo eso en el plato... empezó a replantearse la apuesta, con un tono verduzco de piel inhumano.
—¿Co... co... cómo que...? ¿Quieres... pretendes que me coma... esto? — tartamudeó, más verdoso todavía que cuando se había dedicado a sacarme la pus. Naturalmente, se había lavado las manos antes de sentarse a la mesa.
—No pretendo que te comas eso, pretendo que te comas todo eso.
—Pero... pe—pero ¿Tú estás loco? Nadie se comería... — suspirando, me llevé la mano al bolsillo delantero de mi pantalón y rebusqué entre los billetes. Todo lo que ganaba de la protección dé lugares públicos o amenazas que yo mismo ejecutaba, lo guardaba en efectivo. De hecho, no tenía tarjeta de crédito ni cuenta en el banco. No me acordaba muy bien de cuánto había ganado en los últimos días, se me había olvidado por la cocaína y seguramente habría gastado lo suyo en bebida y demás, pero por supuesto, más de doscientos dólares tenía, incluso más de cuatrocientos en billetes de cincuenta y veinte. Los saqué, los conté y guardándome lo que sobraba otra vez, dejé los doscientos sobre la mesa, justo al lado de su plato. Jimin los observó con ojos ansiosos, desorbitados.
—Doscientos, como te he dicho. Te los doy si te lo comes todo y no lo vomitas luego. Creo que necesitas ropa ¿no? Solo te he visto con ropa mía desde que llegaste aquí.
—... Con doscientos no me puedo comprar ropa. Es demasiado poco. — ahora era mi turno de escandalizarse. Empecé a reírme a carcajadas. ¡Sería petardo! Si hubiera sido alguien como Taehyung quien dijera eso, le habría dado un puñetazo, pero ¡Es que lo más gracioso era que Jimin no lo decía con malicia! ¡De verdad le parecía poco!
—¡No me jodas, niño pijo! Con doscientos dólares puedes comprarte siete camisetas con la forma que quieras, doce pares de pantalones, tres pares de zapatillas y aún te sobraría para complementos, tintes, champú y maquillaje, aunque claro... la pega estaría en que no verás ninguna camiseta con el logotipo de un diseñador famoso. Si quieres algo de marca, con doscientos dólares te llegará como mucho a un chaleco de piel. Me da igual en qué emplees el dinero, yo te lo doy y tú decides si prefieres ropa barata pero tan resistente y con diseños incluso mejores que la ropa de marca o... un simple chaleco con el nombre de un tal Mangus.
—Mango.
—Como sea. Tú verás. — acababa de darle en su punto débil, lo sabía y esperé con paciencia a que el cebo surtiera efecto. Jimin no podía apartar la mirada del dinero y con mala cara antes incluso de empezar a comer, agarró la hamburguesa con ambas manos. La miró.
—¿Qué le has echado? — preguntó.
—De todo un poco. Pruébala. — e, inseguro pero decidido, abrió la boca simulando las fauces de una serpiente voraz y clavó los dientes en la hamburguesa. Observé aguantándome la risa como la mitad de la hamburguesa se salía por atrás y como toda la salsa se escurría por sus brazos. — Cuidado, que se te cae... — Jimin, con la boca llena a rebosar, con las mejillas hinchadas, le dio la vuelta a la hamburguesa rápidamente y le metió un mordisco por donde la salsa se escurría sin parar. Se estaba poniendo morado y apenas podía masticar.
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⛓️Muñeco Encadenado⛓️ ~Kookmin
FanficBy Jungkook ¿Qué haces aquí, Jimin? Debería preguntar. ¿Es posible que esto sea lo que llaman destino? Si creyera en el destino, si creyera en Dios, si creyera en el karma, si creyera en algo, sin duda ese algo sería el culpable de nuestro reencuent...