Capítulo 13: Oscuridad en la luz

15 0 0
                                    

El anuncio había retumbado fuerte y claro para todos los alumnos de la clase segundo b que ahí nos encontrábamos, mientras mis amigos y yo cogíamos buenos asientos entre las gradas del campo de entrenamiento, Niku, quien aun tenía al convaleciente Kyoyama apoyado en sus hombros. Lo acompañó rápidamente al aula de la división de Souldiers de aéreas curativas para que le trataran las heridas que el grandullón recibió en el combate contra mí.


Tsuki insistió para que yo también fuese a que me curaran, sin embargo, lo mío no eran más que simples rasguños por lo que le dije que no hacía falta y que prefería quedarme a ver el combate de Niku pues era mi siguiente rival del torneo.

-De todas formas es mejor quitarte esto de la cabeza- Comentó la joven de pelo azul mientras con un pañuelo me limpiaba los restos de sangre de la herida que había en mi frente. Me ruboricé por la sorpresa de que la muchacha se acercara a mí sin previo aviso, lo que me hizo caerme de espaldas al hueco que había entre las gradas donde estaba sentado y la fila siguiente. Akaji, Tsuki y Nakita empezaron a carcajearse por esta situación.

-¡Eres impresionante Eiji haces el ridículo solito sin que yo tenga que intervenir!- Exclamó el chaval de pelo rosado entre risas.
-¡Desde luego así no impresionaras a la muchacha Don Juan!- Replicó Akaji con lagrimas en los ojos de tanto reír.
-Lo... lo siento mucho, Eiji.- Finalizó la chiquilla con una tímida sonrisa.

Me mosqueé un poco por sus comentarios, pero, si hubiera sido Akajo quien se hubiese caído yo también habría reaccionado igual que ellos, por lo que me limite a responder un ''no pasa nada, tranquila. '' A Tsuki con una entonación un pelín ofendida mientras me reincorporaba y regresaba a mi asiento.

Pasados los cinco minutos de pausa, por la puerta del campo de entrenamiento y a paso firme entraba la joven rubia de tez morena. Su mirada era muy seria y se podía leer perfectamente en su rostro que iría en serio fuese quien fuese su contrincante. Todo al contrario que su rival, Beira. Quien bajaba tímidamente de las gradas hacía el estadio hecha un matojo de nervios que no paraba de temblar.

Beira era una chica muy tímida mucho más incluso que Tsuki. Su físico poco intimidante tampoco ayudaba, pues era bajita y delgada, tanto que la talla más pequeña de nuestro uniforme le iba grade y le colgaban las mangas, con un rostro de amables ojos verdes acompañados por una encogida sonrisa que se sumaba a sus cortos pero brillantes dorados cabellos. Que la hacían a ojos de los demás cadetes parecer una adorable muñequita de porcelana al que querías proteger. Aun así, siempre nos preguntábamos por que una muchacha de estas características quería ser soldado.

-No creo que lo tenga fácil...- Expresé con tono serio mientras veía como toda roja la chica de frágil aspecto entraba al campo de entrenamiento.

-Eiji deberías de dejar de subestimar a la gente por su aspecto.- Expresó Nakita. –Aun que seamos pequeños podemos hacer grandes cosas si nos esforzamos. Tu mismo has demostrado que puedes derrotar a un grandullón como Kyoyama. No la menos precies.-

Las palabras de Nakita me dejaron sin habla, no me esperaba que mi comentario pudiese ofender a nadie y menos aún que mi amigo pudiese hablar sin decir tonterías. Mis ojos se posaron sobre Sayama quien al igual que el chaval bromista que me estaba sermoneando poseían atributos físicos muy similares a los de la tímida Beira.

-Perdona colega, a veces lo olvido.-

-¡Tranqui tío! ¡Si se que lo dices a buenas y que solo estas preocupada por ella!- Me contestó con un gesto bromista mientras estiraba la espalda apoyándose en su asiento. -¡Vamos Beira! ¡Bájale los humos a la pechugona esta!- Gritó por todo el estadio.

La jovencita se puso aún más roja al escuchar los fuertes animos de Nakita, pero inhaló una gran cantidad de aire y luego lo exhaló poco a poco. Al finalizar el proceso de respiración, Beira, se giró y con una cara que aparentaba seguridad y esfuerzo le agradeció los ánimos al pelirosa mostrándole el pulgar hacia arriba.

El momento emotivo fue rápidamente suspendido por el amargo sonido de la voz del profesor Kuroshi dando las presentaciones de las dos contendientes a todo pulmón, distorsionando los altavoces del estadio una vez más. -¡A mi derecha! ¡Con un cristal de rango D que le otorga la habilidad de manipular los metales y una extraña arma del alma que se manifiesta como un colgante de acero templado! ¡Niku Kensho! ¡''La Dama de Hierro''! ¡Y a mi izquierda! ¡Con un cristal de rango C que le permite generar y manipular el cristal a su voluntad sumado a un elegante arco de cristal azulino! Beira Chisai! ¡''La muñeca de cristal''!-

-¿Esos nombres los asigna el mismo verdad?- Interrumpí la presentación con tono sarcástico. Automáticamente todos mis compañeros me respondieron con un gesto de afirmación con unas muescas de decepción en su rostro.

Nikita parecía preocupado, parece que aun habiendo soltado ese discurso el pequeñajo desconocía el poder de Niku al igual que yo por lo que ambos llegamos a la misma conclusión en el mismo instante. ''Beira está en desventaja.'' Hierro contra vidrio.

La mujerzuela de tez morena no titubeo ni un segundo y rápidamente llamó a su arma del alma: -¡Vamos Lingot!- Una hermosa cadena de acero blanco rodeaba el marrón cuello de la joven. En el centro de esta, colgaba una brillante pieza de acero cuya forma recordaba a la de una cruz adornada por una cabeza de ave en la parte superior y su eje horizontal la formaban dos alas abiertas de par en par.

Beira titubeó unos instantes pero cogió distancia raudamente pegando brincos marcha atrás, sus pasos parecían dudar, sin embargo, ella no se detenía. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, extendió la mano izquierda y susurró tímidamente: -Gezi-

En su delicada mano apareció una centelleante luz azul marina y tras apagarse la chica sujetaba un elegante arco de vidrio azulado con una cuerda negra. Rápidamente apuntó hacía su adversaría y empezaron a llover flechas de cristal hacia donde Niku se encontraba. Quien, sin intentar esquivarlas se arrancó del cuello mediante un golpe seco su colgante y lo transformó en un gran escudo de acero templado con forma oval que la cubrió completamente de ese primer aluvión.

TAMA NO HODonde viven las historias. Descúbrelo ahora