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—Okay...—

Intentaba calmarse, estaba a instantes de contarle a Malcom sobre los vistos.

Cayendo casi la noche, en ese momento todos se encontraban en un cyber café.

Eran los únicos que estaban en el local.

Lili le suplico a Alejandro que le pagará una máquina para que pudiera jugar.

El castaño sin tener interés de ver a Erika con el rubio, accede.

Alejandro y Lili se fueron hacia donde estaba el dueño del local.

—B-bueno es que...lo que su-sucede es...no...¿Por dónde empiezo?—

—¿Que tal por el principio?— irónico Malcom sugirió. Erika lo mira, era gracioso lo que él dijo, pero no estaba para reírse.

—... Malcom no lo hago porque quiero, ¡Es que hay una razón...pero en este momento es díficil de explicar!—

—Erika, ¿Dijiste que me extrañabas no?—

—¡Y lo hago! ¡No es mentira! Extraño nuestras salidas, nuestros momentos, tus ojos azules también los extraño, todo, pero es que...— las palabras se le estaban agotando. ¿Que quería exactamente decir?

Ni ella misma tenía idea.

—¿Entonces que te cuesta?- Pregunta sin intentar sonar brusco. Envía una mirada hacia Alejandro —¿Es por el, no?—

—...—

El silencio fue suficiente para que el rubio supiera la respuesta.

—No te juzgo Erika, de todas formas no teníamos nada ajeno a la amistad— Dice mirándola a los ojos, podía notar que el rubio hablaba con seriedad. Amistad, es una palabra que se quedó resonando en  la joven. —Pero pensé que había algo diferente en nosotros—

—¿Diferente?— no evitó preguntar, ¿Que quería decir el con "diferente"? ¿Podría ser...?

El rubio suspira mientras se pasa una mano por la cara.

—El día en que nos mandaste al carajo, llegaste a mencionar algo que no pude dejar pasar desapercibido— Comenta apoyando ambos codos en la mesa, mientras entrecruza sus manos.

Erika lo miro con extrañeza. Sin importar cuanto intentará no recordaba, su mente era inútil. Trato de rebobinar hasta el día que menciono el rubio.

Sabiendo que está tardaría en pensar, decidió soltarlo.

Ademas que no puedo creer que yo haya gus...

Repitió las palabras de la chica. En eso se acordó.

Su rostro se sonrojo levemente.

Yo haya gus... gustado.

Gustado de gustar, de sentir atracción afectiva por alguien del sexo contrario.

—Ma-malcom...—

—No quiero que me pongas excusas, se franca ¿Era real?—

—N-no se...puede s-ser— sus ojos café trataban de evitar los azules del rubio.

—¿Puede ser?— Malcom soltó una carcajada, sonaba forzada, pero en realidad le causo gracia. Erika le regaló una tímida mirada. —¿Esa es tu respuesta? Ni siquiera un sí o un no— La cabeza de rubio se voltea para ambos lados, negando. —Gracias Erika, con permiso— En el momento que se levantaba del asiento es detenido por Erika quién puso su mano encima de la de el.

—... E-espera, no te vayes— Su voz sonaba tan baja que apenas Malcom logro oír. —...s-si...—

—¿Que dices?—

—...T-tu me gustas— confiesa cerrando de golpe los ojos.

Sentía como sus mejillas se tornaron rojas. Sus ojos estaban cerrados, temía ver el rostro de Malcom. Temía a esperar la respuesta negativa.

¿Sentía eso? ¿Era el con quién ella sentía atracción?

¿En que estaba pensando el rubio en este momento?

La puerta del local es abierta. Erika recordó que todavía tenía la mano de Malcom debajo de la ella.

Aliviada suspiro, seguía aquí, no la abandonó.

Pero después entró en razón, los únicos que seguían allí eran: Ella, Lili, Malcom y Alejandro.

Alejandro.

Abrió sus ojos y pudo corroborar su hipótesis.

El castaño ya no estaba presente.

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