Me acerqué al cristal hasta que mi aliento empañó la superficie. Allí, en el centro de aquel rostro de porcelana, mis ojos me devolvieron una mirada que no reconocía. Ya no eran del azul profundo que dictaba la historia; ahora brillaban con un tono...
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La mañana del martes amaneció teñida de un gris plomizo. El ambiente en la mansión era eléctrico; el "desmayo" de Helena había dejado al Duque paranoico. Antes de que Lise pudiera siquiera abandonar su torre para la clase de vals, un sonido de metal chocando contra el suelo de piedra anunció una nueva presencia.
El Caballero Asignado: Sir Alaric
En el umbral de su puerta se encontraba un hombre que parecía forjado en sombras. Vestía una armadura ligera de cuero negro y acero pavonado. Su rostro era una máscara de indiferencia, marcada por una cicatriz que cruzaba su ceja izquierda.
—Princesa Lise —su voz era seca, como el crujir de hojas secas—. Por orden del Duque, a partir de hoy, seré su sombra. Sir Alaric, del cuerpo de guardias personales. Mi tarea es su seguridad... y su supervisión.
Pensamiento de Lise: Un perro guardián. Mi padre no es tonto; sabe que algo cambió en mí y ha enviado a su mejor rastreador para vigilar mis manos. Si quiero usar la llave de la abuela o mover mis hilos, primero tendré que romper a este hombre o hacerlo mirar hacia otro lado.
Alaric no hablaba, pero su mirada seguía cada movimiento de las manos de Lise. El ambiente se sentía denso, como si el oxígeno en el pasillo se hubiera agotado.
La Clase de Vals: El Escenario del Conflicto
Caminaron hacia el Gran Salón de Baile. El espacio era vasto, con un suelo de mármol pulido que reflejaba las enormes lámparas de cristal como si fuera un lago congelado. Helena ya estaba allí, de pie junto al piano. Estaba pálida, con ojeras sutiles que el maquillaje no lograba ocultar del todo, y un tic nervioso en su mano derecha.
—Llegas tarde —siseó Helena. Al ver a Sir Alaric detrás de Lise, su sonrisa se volvió cruel—. Veo que tu padre finalmente ha decidido que necesitas una correa.
Lise no respondió. Se limitó a hacer una reverencia perfecta, sintiendo la mirada de Alaric clavada en su nuca como un puñal.
—Empecemos —ordenó Helena—. El vals no es solo baile, es poder. Si fallas un paso en tu debut, serás la comidilla del Imperio. Sir Alaric, por favor, sostenga el ritmo con la mano mientras yo guío a la Princesa.
El Vals con un Giro
Helena tomó la mano de Lise con una fuerza innecesaria, clavando sus uñas en la palma de la chica. Empezaron a girar. El sonido de los zapatos sobre el mármol resonaba en el salón vacío.
Pensamiento de Helena: Me drogaste. No sé cómo, pero sé que fuiste tú, pequeña rata lila. Hoy te haré tropezar hasta que tus rodillas sangren. Veremos si tu "caballero" te ayuda cuando quedes en ridículo.
Helena aumentó la velocidad de forma errática. En un giro violento, intentó pisar el dobladillo del vestido de Lise para hacerla caer de cara al mármol. Pero Lise, anticipando el movimiento gracias a su agudizado sentido del "control de espacio", ejecutó un paso hacia atrás no convencional, un movimiento que aprendió de los fragmentos de memoria de la Lise aristócrata mezclados con su agilidad moderna.
En lugar de caer, Lise usó el impulso de Helena en su contra. Con un movimiento fluido, tiró del brazo de la Baronesa justo cuando esta perdía el equilibrio por su propio sabotaje.
—¡Cuidado, Baronesa! —exclamó Lise en voz alta, para que Alaric escuchara.
Helena se tambaleó, sus pies se enredaron en sus propias faldas y cayó de rodillas con un golpe seco que resonó en todo el salón. El silencio que siguió fue absoluto.
Sir Alaric dio un paso al frente, su mano instintivamente en la empuñadura de su espada, evaluando la situación.
Pensamiento de Alaric: La Princesa no la empujó. Fue la Baronesa quien perdió el control. Pero el movimiento de Lise... no fue el de una principiante. Fue un movimiento de defensa personal disfrazado de baile. Esta chica es mucho más peligrosa de lo que el Duque cree.
—¡Maldita seas! —chilló Helena, perdiendo toda la etiqueta. Su rostro, antes perfecto, estaba desfigurado por la furia y la humillación—. ¡Lo hiciste a propósito!
—¿Hacer qué, Baronesa? —Lise la miró con una calma aterradora, ofreciéndole una mano para levantarse—. Solo intentaba seguir su ritmo. Quizás aún no se ha recuperado de su... indisposición de ayer.
Helena rechazó la mano de Lise con un manotazo. La máscara de la "perfecta educadora" se había roto frente a un testigo oficial del Duque: Sir Alaric.
Lise sintió el peso de la llave de la abuela en su bolsillo secreto. Helena estaba fuera de sí, gritándole a los sirvientes que trajeran agua, perdiendo la autoridad minuto a minuto. El Duque no tardaría en enterarse de que su invitada estrella estaba perdiendo los estribos frente a su guardia de élite.
—La clase ha terminado por hoy —dijo Alaric con voz monótona, aunque sus ojos brillaban con una nueva curiosidad dirigida a Lise—. Princesa, es hora de volver a su torre.
Mientras caminaban de regreso, Lise notó que Alaric mantenía una distancia un poco más respetuosa. Había ganado una batalla pequeña, pero ahora tenía a un guerrero analizando cada uno de sus suspiros.