R.19: 𝑪𝒖𝒎𝒑𝒍𝒆𝒂𝒏̃𝒐𝒔 𝒇𝒆𝒍𝒊𝒛

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—¡Lois no! ¡Ven acá! —exclamó Gerard. Estaba frustrado y el nuevo miembro de su familia no cooperaba en lo absoluto—. Eres una chica mala, quédate quieta —regañó.

Después de varios intentos la pequeña perrita color negro con patas cremas al fin se dejó atar la correa al collar en su cuello. Gerard ya estaba desesperado por lidiar con ella y que no le hiciera caso pues tenía unos pocos minutos antes que llegaran los invitados y aún debía colocarle las velas al pastel.

Con un suspiro cansado la dejó en una esquina cálida en la cocina junto a su pequeña cama y sus dispensadores de agua y comida. Seguido de ello se dirigió a lavar sus manos, había tenido un día muy cansado pero todo valía la pena.

Habían transcurrido cuatro días desde que se había reconciliado con Frank y para finalizar con ese asunto simplemente le dijo que le debía una. En esos días Gerard había tenido mucho trabajo en su oficina traduciendo unas escrituras para una clienta muy importante, por ello su tiempo para los preparativos del cumpleaños de Frank se había reducido. Tuvo que pedir ayuda de Steph para empacar los caramelos que dejarían en la entrada de casa para los niños que iban a salir a pedir dulces.

Con un puchero en sus labios le había dicho a Frank que ese año no podría planearle una fiesta de cumpleaños como siempre pero lo cierto era que le había planeado una pequeña fiesta sorpresa. Invitó solamente a sus familiares y amigos más cercanos, no quería una fiesta que durara hasta al amanecer y le robase toda la atención de su esposo, aún debía darle su regalo especial.

Esa mañana Gerard despertó temprano y se levantó en silencio, al volver a la habitación sorprendió a Frank con el desayuno en la cama y para terminar de desearle un bonito día le había entregado una enorme caja con un par de agujeritos. Cuando Frank la tomó había escuchado unos pequeños ladridos y su corazón sintió que no podía con tanto. Rompió el empaque rápidamente y una bolita peluda se lanzó a su regazo, olfateando y acomodándose entre sus brazos.

Le había obsequiado a esa cachorrita, Gerard sabía lo mucho que Frank añoraba tener un perro. Era el momento justo para tener uno, a falta de hijos, Lois sería la princesa consentida. Pero con muchas cosas por hacer y Lois corriendo entre sus pies, hizo que Gerard se replanteara esa idea. No obstante al ver esos ojitos dulces su corazón se derritió de amor al igual que el de Frank.

El timbre sonó al tiempo en que colocó la última vela sobre el pastel de chocolate con mousse de fresa. Lo dejó con cuidado sobre la encimera y se dirigió a la sala donde habían muchos moños de globos adornando.

—¡Gerard cariño! —saludó Linda alegremente.

—Hola Linda, ¿cómo estás?

—Feliz de poder verlos otra vez, ¿Dónde está mi Frankie?

—Viene en camino. Hola Cheech —saludó al hombre alto con cabello cano que caminaba detrás de su suegra.

—¿Qué tal Gee?

Linda y Cheech entraron a la casa y se acomodaron. Unos minutos después llegaron Donna y Donald, Mikey y Kristin, Ray y Krista, Stephanie y otro par de amigos más. Kristin le ayudó a Gerard a servir ponche y repartirlo mientras los demás se saludaban y platicaban.

Al escuchar el auto de Frank estacionarse afuera de casa Gerard les pidió a todos ponerse de pie y juntarse cerca de la puerta. Corrió a la cocina en busca del pastel y a encender las velas. Al regresar a la sala apagó las luces, simplemente las pequeñas llamas de las velas iluminaban.

Feliz cumpleaños a ti, Feliz cumpleaños querido Frankie, Feliz cumpleaños a ti —cantaron todos a coro cuando la puerta fue abierta.

𝐒𝐦𝐮𝐭 𝐂𝐡𝐚𝐥𝐥𝐞𝐧𝐠𝐞 ➛FrerardDonde viven las historias. Descúbrelo ahora