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𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 𝟏𝟎: 𝐒𝐞𝐜𝐮𝐞𝐥𝐚𝐬

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Delilah no tenía intención de establecer una relación de amistad con los chicos que había conocido. En ningún punto se había acordado permanecer juntos y ella no quería parecer desesperada.

Su única amiga siempre había sido Victoria. Ni siquiera recordaba como era que ambas habían llegado a ser tan unidas, tan solo había pasado.

De todas formas, ya tendría tiempo de establecer amistades. Tampoco es que fuese una urgencia. Delilah no era una persona que necesitase atención constante. Sabía disfrutar sus momentos de soledad, de hecho a veces los necesitaba, pero era consciente de que, si fuera la única sobreviviente al fin del mundo, se acabaría volviendo loca al no poder hablar ni escuchar a nadie.

Pero no era el fin del mundo.

Justo después de que sonase aquella campana, los tres chicos habían vuelto a donde Delilah estaba sentada. En un principio, la joven pensó que se dirigían hacia la puerta principal, pero Diana, Astro y Víctor se quedaron frente a ella, esperando a que se levantase.

Delilah se levantó sorprendida, intentando pensar que decirles. Podría haber hecho uno de sus típicos comentarios, algo así como "Pensaba que vosotros también me habíais abandonado, como mi acompañante". Se abstuvo, ya que los tres chicos aún no la conocían y, aparentemente, tenían un mínimo interés en hacerlo, por lo que no quería arruinarlo.

Odiaba ese periodo de tiempo. Cuando recién conoces a alguien y sientes que aún no puedes ser tu mismo al completo. Ese proceso largo de conocer a gente nueva y acostumbrarte a ellos y viceversa. Delilah quería saltárselo, avanzar rápidamente en el tiempo, llegar cuanto antes a tener la misma confianza que tenía con Victoria.

Sin decir ni una sola palabra, los cuatro le dieron sus matrículas al vicedirector Gydion, para después pasar al interior de la escuela.

Una vez dentro, el sonido de suaves murmullos y un intenso olor a vainilla, junto con el de comida recién hecha, inundaron los sentidos de Delilah. El recibidor se trataba de una enorme estancia que constaba de tres puertas, una a la derecha, otra a la izquierda y la última en la pared del fondo. Una daba al salón de baile, la segunda a dirección y la que estaba más alejada de la entrada no tenía letrero. Aquel muro, al contrario que el resto, era curvo.

Al lado de la puerta principal, había una zona de descanso con unos amplios sillones rojos, en los que ya estaban sentados algunos alumnos. Esta esquina de la habitación, tenía una gran cantidad de estanterías adosadas a la pared, los libros en estas eran mera decoración, al ser todos iguales y no tener título. Al fondo a la izquierda, se encontraba un mostrador rojo, donde estaba sentado un hombre mayor y casi calvo.

Quien hubiese decorado el recibidor, había tomado al pie de la letra la expresión cálida bienvenida, pues predominaban los colores rojos y naranjas, tanto en los muebles como en las paredes, incluso la cera de las velas eran color carmín.

Diana y Astro se acercaron a una de las paredes que no estaban cubiertas por estanterías y Delilah y Víctor los siguieron expectantes. La pelirroja soltó su bolsa sin cuidado, para después sentarse. El chico hizo lo mismo, pero dejando con delicadeza su maleta en el suelo.

—Todos los sofás ya están ocupados —habló Diana, mientras palmeaba el suelo a su lado—. No es lo más cómodo del mundo, pero podremos descansar los pies antes del baile.

-𝐋𝐚𝐬 𝐁𝐫𝐮𝐣𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐏𝐢𝐜 𝐋'𝐈𝐧𝐟𝐞𝐫𝐧-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora