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𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 𝟏: 𝐓é 𝐧𝐞𝐠𝐫𝐨

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Litoresilva era un pueblo ubicado en la costa de Merkez, en el Reino de Paralia. En los últimos años, esta pequeña aldea había ido creciendo en cuanto a popularidad. Sus hermosas playas y sus bosques, que contaban con una gran población de ciervos y conejos habían atraído a muchos jóvenes. Es por esto que en la época de caza del conejo la cual el pueblo se llenaba de señoritos. Por suerte para muchas debutantes, la época de caza coincidía con la temporada de bailes.

La población del pueblo también había aumentado en los últimos cinco años, pues muchos se habían enamorado de Litoresilva pasando su residencia a allí. Otros habían comprado casas que ocupaban únicamente durante el verano.

—Buenas tardes, señoras —saludó la señora Prats al resto de mujeres—. Disculpen la demora, la señorita Delilah Prats no encontraba su bonnet.

La señora Valentí había organizado una fiesta de té en su templete para todas las madres con hijas debutantes de clase alta. El objetivo era conversar sobre los bailes que quedaban esta temporada y, como no, hablar sobre algún que otro escándalo.

La primera temporada de Delilah estaba a punto de terminar y aún no tenía una propuesta de matrimonio, de hecho, ningún joven la había cortejado.

—No se preocupe señora Prats, apenas comenzamos —contestó la señora Valentí, con un falso tono dulce—. Tomen asiento.

Allí estaban reunidas las familias de las debutantes con dotes más altas de Litoresilva: las señoritas Rosella Valentí, Renata Basalch, Leire Pinya, Victoria Tarongí y Delilah Sofía Prats. Todas allí competían por la mejor propuesta matrimonial, aunque esta rivalidad era más notoria entre sus madres.

Delilah tenía la acertada teoría de que todas allí se odiaban y cuando una no estaba presente se la criticaba. Ella misma había escuchado a su madre criticar a la señorita Basalch por sus sobrecargados sombreros y su escandalosa risa; a la señorita Pinya por tener cara de cuervo y vestir con colores oscuros y a la señorita Valentí por su esbeltez, sus pómulos prominentes, las manchas en su piel y su extraño color rojizo de pelo.

La única joven allí presente de la que Delilah no escuchaba continuas críticas era de la señorita Tarongí. Victoria era la única persona a la que Delilah podía considerar su amiga y su madre decidía respetar eso y guardarse para sí misma sus comentarios.

Los Tarongí provenían de una estirpe de agricultores. Vivian en un cortijo hasta que el señor Tarongí recibió la herencia de un primo lejano. Fue entonces cuando el matrimonio se mudó a Litoresilva, posicionándose como la tercera familia más rica del pueblo, siendo la segunda los Prats y la primera los Valentí.

Una de las doncellas de los Valentí le sirvió el té a Delilah. La joven frunció el ceño cuando pudo percibir un intenso aroma ahumado y cítrico. Era té negro. Delilah detestaba el té negro, le daba náuseas y nunca era capaz de terminarse una taza completa. Esto era bien sabido por todas las presentes y aun así la señora Valentí lo seguía sirviendo en todas sus reuniones.

—¿Leísteis lo que escribieron en Veudona? —comentó la señora Basalch.

—¿El qué exactamente?

—Una columna sobre aquel caballero, el señor Adarre, lo sorprendieron intimando con una joven soltera en el baile de la semana pasada.

—¿El señor Adarre no estaba casado? —preguntó la señora Valentí.

-𝐋𝐚𝐬 𝐁𝐫𝐮𝐣𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐏𝐢𝐜 𝐋'𝐈𝐧𝐟𝐞𝐫𝐧-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora