Para Jimin no fue difícil volver a dar clases, aunque él dijera lo contrario.
Era un placer matinal observarlo juntar sus materiales ordenarlos en el mismo maletín que llevaba cuando era mi profesor. Verlo preparar con tanta dedicación sus clases, buscando nuevas lecturas, nuevos modos de análisis, y que me hiciera parte de ello eran momentos de felicidad.
Los sábados practicábamos italiano juntos, yo le enseñaba la gramática y teníamos breves charlas que, después de meses, se habían convertido en profundos coloquios. Me encantaba oirlo hablar en aquella lengua, su voz se volvía incluso más seductora y profunda de lo que era normalmente. Pero, después de todo, me encantaba absolutamente cada pequeña parte, gesto y palabra de Jimin.
Por supuesto, se había mudado a mi departamento. Con la excusa de que mi hogar estaba más cerca de la Academia de Idiomas, que le ahorraría mucho tiempo de viaje y demás incomodidades logré convencerlo de que viviera conmigo —además de recordarle los beneficios de dormir y despertar juntos todos los días—. No le costó mucho aceptar la propuesta.
Mis padres ya conocían a Jimin. Cuando le comenté que mi madre estaba presionándome para conocer a mi pareja —insistentemente me enviaba indirectas para que se los presentara—, al principio dudó un poco. Creía que lo juzgarían, o que no estarían de acuerdo con la relación debido a las circunstancias en la que se gestó la misma. Intenté por todos los medios posibles calmarlo de sus infundados miedos: yo sabía perfectamente que mis padres amarían a Jimin como un hijo más, pero también sabía que Jimin debía experimentar ese amor en primera mano. Así lo llevé, una fría noche de otoño, hasta el portal de la casa de mis padres. Él la recordaba por aquél paseo que una vez dimos en su Harley, que concluyó en mi hogar. Lo recordamos con nostalgia y una sonrisa. Qué lejano parecía todo aquello, cuánto habíamos crecido.
Mi madre también recordaba la noche en la que llegué del paseo en motocicleta, y la figura que me dejó a unos cuantos metros de mi hogar. Estaba seguro de que se lo había comentado a mi padre, pues ninguno de los dos se sorprendió demasiado cuando vieron entrar a un Jimin tímido, como no lo había visto nunca, correctísimo en sus modales y respetuoso como un Lord. Por supuesto, mis padres correspondieron las muestras de respeto y rápidamente comprendieron, a medida que la cena se desarrollaba entre bromas malas de mi padre y comentarios de mi madre sobre mi infancia, lo profundo que nos amábamos.
—Jimin —Dijo mi madre mientras lavaba los platos, y Jimin a pesar de las quejas de ella, la ayudaba a secarlos. —Déjame decirte que nunca he visto a Jungkook así, tan...— Hizo una pausa de unos segundos, eligiendo palabras— sinceramente feliz. No voy a negar que, en su momento, odié a la persona que hizo que mi hijo se sintiera tan desamparado y perdido. —Jimin cesó con su actividad, avergonzado, pero prestando atención a las palabras de su suegra. —Pero viéndolo ahora... Desde que regresó de Italia noté un cambio enorme en él. En su carácter, en su mirada. En algún punto de ese viaje, Jungkook dejó de mirar como un niño, para observar como un hombre. Sé que tú tuviste que ver en ambas etapas: en su desconsuelo y tristeza, y en la plena felicidad que siente ahora. Obviamente no te conozco lo suficiente, pero estoy segura de que tú también has cambiado desde que estás con él. ¿No es así?
—No está equivocada, señora Jeon. —Jimin reanudó el secado de platos. —Lamento profundamente el pesar que le hice sentir a Jungkook. Todos los días me arrepiento de ello. Ambos sufrimos mucho hasta darnos cuenta de que no podemos vivir sin el otro. Antes... — Suspiró. —Antes de que se marchara, le repetía a Jungkook que era un niño, pero la realidad es que sin él, solamente sería un niño perdido, vagabundo y huérfano por ser un cobarde que no quería enfrentar sus sentimientos.
—Pero lo hicieron. —Lo interrumpió mi madre. —Ninguno de ustedes es un cobarde. Ambos lucharon por estar juntos. —Apoyó una mano en el hombro de Jimin, y se miraron cara a cara. —Es muy valiente amar de la forma en que ustedes lo hacen. Con tanta entrega, tanto despojo, en un mundo que suele ser hostil para todos ustedes... Jimin, —Dijo decidida mi madre. —Quiero que sepas que estamos agradecidos por la felicidad que le brindas a nuestro hijo. Mi esposo nunca podría decirlo, es demasiado orgulloso —Rio brevemente, antes de ponerse seria nuevamente. —Pero ambos estamos felices de recibirte en nuestra familia. Este hogar, que aunque Jungkook no viva aquí y haya formado el propio contigo, es también tu hogar. Esta pequeña familia, es también tu familia.
ESTÁS LEYENDO
Wandering Child - Kookmin
FanfictionNunca me crucé con una persona que me haga decir: es él. Es con quien mi vida cambiará. Es el que hará que me entregue felizmente a la montaña rusa de lo que significa el amor. Hasta que él llegó. La primera vez que lo ví, estaba atravesando el ha...
