CERCA/TROVA

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CERCA/TROVA

—¿Todo listo, Kookoo? — Escuché la cantarina voz de Hobi detrás de mí.
—Es-toy en e-llo— dije entrecortadamente por el esfuerzo que hacía para cerrar la enorme valija en cuclillas, repleta de ropas, calzado y libros. Era la segunda que llenaba a explotar.

—Debemos estar en el Aeropuerto cerca de las diez de la noche. El vuelo sale a la una de la mañana. Con suerte podremos dormir unas cuantas horas hasta llegar a Seúl el jueves.

Hoseok estaba emocionado. En lugar de caminar, parecía que salticaba. Tras cuatro años y seis meses fuera de nuestra tierra natal, volvíamos.
Finalmente.

Mis padres estaban extasiados con la noticia. No dejaban de mandarme mensajes y de preguntar y repreguntar el número del vuelo y su horario. Me habían extrañado mucho. Querían volver a ver a su hijo.

No podía identificarme con la alegría de Hobi y de mis padres. Estaba nervioso por varios motivos, pero el principal era un temor quizás un tanto estúpido, a que no me reconocieran. No físicamente, ya que por supuesto había cambiado. No hablo de mi metro ochenta, mis amplios hombros y mi cabello ligeramente largo. Mi alma había cambiado.

El Jungkook que se fue huyendo con el corazón roto y un amor no correspondido ya no existía, y tenía miedo de que el nuevo Jungkook no fuera reconocido y aceptado por sus padres y amigos.

De hecho, ni siquiera sabía si tenía amigos. ¿Ellos también estarían esperando mi regreso?

Finalmente cerré la valija, me levanté y tomé un gran suspiro. Recorrí la mirada por la habitación que había sido mi hogar durante cuatro largos años. Ahora vacía, con las camas hechas y las paredes considerablemente más amarillentas que cuando llegamos por primera vez. Ese pequeño espacio había sido testigo de mi transformación: de mi llanto, mi risa, borracheras, mi primera vez, jornadas repletas de estudios y estrés... La extrañaría.

Extrañaría tanto Italia... Mi amada Firenze. Sus callecitas repletas de cafés, de negocios de curiosidades. El Río Arno y sus puentes. El Duomo... Los jardines. La gente que vive senza fretta* y con una alegría característica e intrínseca. En parte me sentía como Dante, quien obligado al exilio, tuvo que dejar Firenze y nunca más pudo regresar. Podía imaginarme al poeta derramando amargas lágrimas por tener que separarse de su segundo gran amor, aquel por el que tanto luchó. Pero Firenze recordaba siempre a Dante... ¿Me recordaría a mí también?
Dejaría el Paraíso y volvería a mi país.
Hombre nuevo. Vida nueva.

.

.

Gabriel, nuestro profesor y quien se había convertido en un gran amigo nos llevó en su auto hasta la estación de trenes de Firenze, donde debíamos tomar un autobús hasta la ciudad de Roma. Desde allí partiríamos a Seúl.
Había descubierto en estos años, como tantas otras cosas, que me encantaba viajar en tren. No podía pensar en mejor despedida de estas tierras que mirar el paisaje desde la ventana de un vagón, perdido en mis pensamientos.

No tenía más que agradecimiento a quienes me recibieron allí. En algún punto del corto viaje, despegué la vista de la ventanilla y miré a Hoseok, quien estaba sentado frente a mí. ¿Qué hubiera sido de mí sin él?

En los momentos en que quería tirar la toalla y volver arrastrándome a mi hogar, él estaba allí, impidiéndolo con cariño y cuidado. Hoseok también sufría, extrañaba y anhelaba. Pero su alma era tan noble que podía dejar de lado sus propios sentimientos para atender los míos. Por eso, a pesar de que no sabía si tendría amigos que me esperaran en Seúl, sabía que Hobi sin importar qué, permanecería a mi lado, alentándome a enfrentar cualquier situación.

Wandering Child - KookminHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora