POV Narrador
Shōta se encontraba en el río otra vez recogiendo piedras para trabajarlas más tarde y en eso sintió una fuerte ventisca. Se paró guardando las piedras en su bolsillo y se acercó a la entrada de la aldea.
Shōta. - una de las vecinas lo llamó. - Parece que va a haber una tormenta, para que no estés solo ven. - detrás de ella habían dos niñas. - De paso nos visitas, las pequeñas te extrañan.
Está bien, gracias. - sonrió amablemente y entró a la casa.
¡Shō mira, mira! - miró a la niña de cabello largo. - Pude hacer una pulsera como me enseñaste la otra vez. - le mostró su creación.
Has mejorado mucho Momo. - revoloteó sus cabellos. - Puedes llegar a ser una gran bisutera. - ante este comentario la niña se puso más feliz. A su lado había otra niña de cabello corto con un harpa. - ¿Hay algo que quieras mostrarme Kyoka?
Es que... yo también aprendí cosas... - susurró tímida con sus orejas agachadas. El chico asintió avisando que podía mostrarle y empezó a tocar pequeñas melodías que todos en la casa disfrutaron. - E-Es todo lo que tengo. - enroscó su cola por la timidez.
Vas por un buen camino Kyoka, me ha gustado mucho. De seguro serás muy buena en la música. - sonrió haciendo que la otra también lo hiciera.
A pesar de tener una expresión seria la mayoría del tiempo, en el fondo es un chico muy amable, que se lleva bien con toda la comunidad. Todos le tenían mucho aprecio.
Se quedó un rato distrayendo a las niñas para que no se asustaran por los truenos de la tormenta. Al final las dos se fueron a jugar al segundo piso dejando así a la madre y al joven solos en la sala.
Y cuéntame Shō. - empezó la conversación mientras tomaban de las tazas de té que les había hecho para calentarse por dentro. - Vi que conseguiste amigos nuevos, ¿Cómo así? - preguntó y él le contó todo lo que habían pasado esa semana. - Hm, se ven buenos chicos, me alegra que tengas compañía de tu edad. - dio un sorbo al té. - Hablando de edad... - dejó la taza en la mesa. - Ya llegaste a los 21 el mes pasado ¿No? - este asintió. - No quisiera presionarte mucho, pero las vecinas estuvimos hablando de que no te hemos visto con ningún compañero. - el azabache se paró en seco.
B-Bueno no he tenido la oportunidad de conocer a alguien eso es todo. - jugó con su cabello como siempre hacía. - ¿A qué viene todo esto? - la miró.
Sería un milagro encontrarme
pareja, ¿Por cómo me veo?
no creo que sea muy pronto.
No te juzgamos, tú puedes tener tu compañero cuando quieras, lo decimos por las costumbres de nuestros antepasados, sabes que los gatos nos casamos jóvenes. - asintió y vio su rostro desanimado. - Yo sé que ahí afuera algún chico te estará esperando, créeme. - puso su mano encima de la de él, reconfortándolo.
Ojalá.
Se dice que los gatos se casan jóvenes porque es una costumbre que se fomentó hace varios años para proteger a esta raza. Son los más dóciles y necesitan protección, por eso formaban familias a tan temprana edad, para así tener a alguien que los cuide.
Las otras razas no se quejan al respecto, con tal de casarse con su persona deseada están felices y tienen en cuenta que los felinos no son tan dóciles como dicen, saben como defenderse en ciertas ocasiones.
